EDITORIAL

Los jóvenes

y la iglesia

Todo un acontecimiento religioso resultó el Encuentro Nacional de Jóvenes en el Espíritu Santo (ENJES) 2012 que se realizó en el Centro Expositor y de Convenciones en la zona de los Fuertes de Loreto y Guadalupe

Dicho encuentro fue auspiciado por la Arquidiócesis de Puebla, a cargo de don Víctor Sánchez Espinosa y sus obispos auxiliares, Eugenio Lira Rugarcía y Dagoberto Sosa Arriaga. En el último día de actividades estuvo presente el  Nuncio Apostólico, Christophe Pierre, quien es el representante del Papa Benedicto XVI en México.

Monseñor Pierre, ante  24 mil jóvenes de todo el país, procedentes de 75 diócesis, a quienes miles de hogares poblanos católicos, les dieron alojamiento durante tres días gratuitamente, les demandó construir un mundo más solidario y comprometido con quienes menos tienen y luchar contra el hambre material y espiritual.

También hizo un llamado a la juventud católica reunida en Puebla para que luchen porque no se pierda el sentido humano en los proyectos que se desarrollen. Resaltó la presencia de los jóvenes y el lema bajo el cual se realizó la reunión “Volvamos al Espíritu de Dios para que Él vuelva a nosotros”.

Básicamente comentó que el mundo y los jóvenes sean solidarios  con quienes menos tienen y que luchen en contra del hambre material y espiritual.

Qué bueno, para aquellos numerosos padres de familia creyentes, que ahora la iglesia se preocupe más por la juventud. Tiene actualmente una actitud de escucharlos, más que de condenarlos. Los jóvenes de hoy tienen sus propios valores y en ocasiones son quienes cambian la historia.

Las ansias de sinceridad que muestra la juventud, hay que encauzarla para que profundicen y sean auténticos, además de ser autocríticos, pues tienen que reconocer su inexperiencia y sus deficiencias. El reto de la iglesia es convencerlos de los  valores permanentes

Afortunadamente la Iglesia Católica tiene voluntad para acercarse a los jóvenes, establecer un diálogo con ellos, como lo demuestra en la ENJES. Los jóvenes son numerosos y tienen en sus manos la fuerza y los procedimientos para transformar una nación.

En las épocas de crisis y cambios, como estamos en México actualmente, la misión de la Iglesia debe ser, primero,  mediar y evitar conflictos entre las  generaciones, atenderlos con comprensión y diálogo, y que también  colaboren  los adultos.

Grandes sectores de jóvenes aceptan el statu quo, pero otros muchos rechazan el mundo que sus mayores están construyendo.

 

La sensibilidad de los jóvenes ante los problemas sociales, el reclamo de cambios estructurales y lograr de este modo una sociedad más justa, así como que no se expresen de manera violenta, es la labor que la iglesia debe hacer para que los jóvenes puedan colaborar en la construcción de un país mejor.

Ese, es el reto de los obispos y sacerdotes católicos.



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