El Popular
Murales del Centro Histórico de Puebla

Murales del Centro Histórico: el museo al aire libre de Puebla

El Centro Histórico de Puebla es un territorio donde convergen personas, cultura, gastronomía y expresiones artísticas de gran riqueza. Sin embargo, en una época en la que la mayoría de los transeúntes camina con la mirada fija en las pantallas de sus dispositivos móviles, se vuelve urgente detenerse. En un espacio tan emblemático como este, ignorar su patrimonio artístico es ignorar una parte esencial de la identidad poblana, observar y conectar con lo que nos rodea.

El Centro Histórico no solo es un conjunto arquitectónico de valor patrimonial, es también un museo abierto. Sus murales operan como ventanas a distintos momentos de la historia, como mecanismos educativos, culturales y emocionales que narran, a través del color y la composición, los procesos que han dado forma al desarrollo de la ciudad. Las paredes son testigos, y a la vez narradoras, de episodios profundos que han marcado a Puebla desde sus inicios. Cada mural en sus edificios demuestra que la ciudad no solo se habita: también se interpreta. Y en esa interpretación, el arte urbano se vuelve un lenguaje indispensable.

Esta relevancia del arte público es destacada por especialistas. Para Ricardo Cartas Figueroa, Doctor en Literatura Hispanoamericana y miembro del Sistema Nacional de Investigadores, la validez del arte no depende de la estética tradicional o de un concepto limitado de belleza. Sus palabras son contundentes:

“Todas las expresiones del arte son válidas, y no todo el arte debe ser bonito mientras transmita correctamente el mensaje que pretende dar”.

Ricardo Cartas
En el contexto del muralismo poblano, esta idea cobra especial sentido. Cada obra, ya sea histórica, contemporánea, crítica o simbólica, tiene una función comunicativa que busca provocar cuestionamientos y resonar con las experiencias de quien las mira. No se trata solo de embellecer muros, sino de decir algo que vale la pena escuchar.

Siglo XX: El Tiempo en que Puebla Habló con Murales. La Voz de Xochitiotzin en la Ciudad

Entre los ejemplos más representativos del muralismo en el Centro Histórico destaca el Edificio Arlanza, situado en la esquina de la 3 Poniente y 16 de Septiembre. Este edificio resguarda cuatro murales del artista tlaxcalteca Desiderio Hernández Xochitiotzin, reconocido como el último gran muralista de México y exalumno de Diego Rivera, lo que Xochitiotzin agregó para añadir aún más valor a su obra como fue “utilizar el material artesanal que identifica a Puebla, la talavera, creada por artesanos de una antigua fábrica ubicada en el Centro Histórico”, así lo explicó el maestro Carlos Maceda, maestro en historia del arte, cada uno de estos murales sintetiza un periodo fundamental en la construcción histórica de la ciudad.

El primero, Cuetlaxcoapan (1953), alude al origen prehispánico de la zona donde se fundó Puebla. En la composición se observan serpientes mudando de piel entre volcanes y cuerpos de agua, una metáfora visual del nacimiento, la transformación y el renacimiento permanente de la ciudad.

El segundo mural, también realizado en 1953, representa la época colonial mediante dos ángeles robustos que sostienen el salmo noventa en latín, un texto que también aparece en el escudo de la ciudad. El tercero, de 1955, centra su mirada en la industria textil, sostén económico de Puebla durante décadas. En él se representa a un trabajador sosteniendo hilos que se convierten en telas, acompañado de campesinos a los costados, simbolizando la fuerza laboral y la manufactura poblana.

Finalmente, el cuarto mural, pintado en 1956, aborda el banco capitalizador: una escena que combina el trabajo agrícola, el crecimiento familiar, la producción industrial y símbolos visuales del ahorro como una caja fuerte y relojes de arena.

La presencia de Xochitiotzin en Puebla también se observa en la Antigua Casa del que Mató al Animal, actual sede del Sol de Puebla, en la 3 Oriente. Ahí, en 1963, el muralista representó el ciclo completo de vida del periódico: desde la investigación de notas y su revisión, pasando por la impresión y la distribución, hasta la llegada del diario a los lectores. Estas escenas no solo transmiten el proceso editorial, sino que enmarcan el valor del periodismo como una herramienta de construcción social y memoria colectiva.

Resaltando la importancia del archivo histórico que este tipo de arte ofrece a la ciudad, como lo expone el Doctor Victorino Morales Dávila, quien tiene es maestro en Museología y Gestión de Museos y Doctor en Ciencias Sociales

“El muralismo funcionó en todo el siglo XX, y aun en la actualidad, como este elemento de educación a las masas de una forma práctica, fácil y a través del arte”

Victorino Morales Dávila

Cuando la Ciudad Habla: El Muralismo Contemporáneo que Recupera Memorias y Denuncia Realidades

La historia no se detiene en lo antiguo. Si algo define al muralismo es su capacidad para evolucionar con el tiempo y responder a las necesidades contemporáneas. En Puebla, las obras recientes también documentan episodios que cambiaron para siempre la vida de la población.

Un ejemplo claro es el mural “De la Esperanza al Porvenir”, ubicado en el bulevar 5 de Mayo y la 3 Oriente. Realizado por más de cien artistas, este mural monumental captura la lucha contra la pandemia de COVID-19, destacando la figura del personal de salud, las emociones del encierro, la incertidumbre social y la esperanza colectiva. No es solo una imagen: es un homenaje.

Infografía Murales

Muralismo para no olvidar: el arte urbano feminista que convierte los rostros de las sobrevivientes en denuncia pública, memoria colectiva y llamado urgente a la justicia

Otro mural de profundo impacto social es el creado por la artista Lizette Charlotte, situado en el cruce del bulevar 5 de Mayo y 2 Oriente. La obra retrata los rostros de Carmen Sánchez, Leslie Moreno y Esmeralda Millán, tres mujeres sobrevivientes de ataques con ácido. Sus historias reflejan resistencia, valentía y una lucha constante por la justicia social. Este mural no solo visibiliza una problemática alarmante, sino que incluye datos de contacto para orientación y ayuda en casos de violencia de género. Aquí, el arte deja de ser contemplativo para convertirse en una herramienta de apoyo directo a la ciudadanía.

La dimensión reflexiva del muralismo, desde su origen como movimiento artístico, también es resaltada por especialistas en arte. El maestro Carlos Maceda subraya que desde sus inicios, el muralismo se planteó como una forma de invitar a la reflexión, comunicar mensajes cargados de sentido social y representar problemáticas colectivas. Para Maceda, esta tradición se mantiene viva en Puebla, donde las obras no solo decoran, sino que narran historias que cruzan desde lo religioso hasta lo urbano, desde lo mítico hasta lo político. Según explica, la función del muralismo ha sido siempre provocar una mirada crítica y generar diálogos con quienes habitan o transitan la ciudad.

Preservar estos murales no es únicamente una cuestión estética: es un acto de responsabilidad cultural. El doctor Ricardo Cartas Figueroa bien lo expresó: “da un sentido de pertenencia, les da orgullo a la sociedad, a lo mejor una pared que se veía espantosa, o era un lugar lleno de basura o con mucha delincuencia, ahora se convierte en una galería a cielo abierto”. El doctor Victorino Morales Dávila señala que para garantizar la permanencia de estas obras es indispensable fortalecer su difusión. Morales Dávila destaca que campañas de comunicación dirigidas a la ciudadanía pueden incrementar la visibilización de los murales, su relevancia histórica y su impacto social. Además, subraya que la conservación de estas obras no debe recaer únicamente en las instituciones, sino también en la participación activa de quienes habitan la ciudad: “promover, cuidar y preservar” debe ser un esfuerzo compartido.

En un Centro Histórico que respira historia en cada esquina, los murales no son únicamente adornos visuales: son documentos vivos que mantienen vigente la memoria de Puebla. Su presencia invita a la ciudadanía a levantar la mirada, reconocer la identidad local y comprender que el arte público es, en esencia, un espejo que refleja quienes somos y los tiempos que atravesamos.