Lunes 23 Febrero 2026

Los bloqueosvehículos incendiados y cierres carreteros que se vivieron en Puebla tras la confirmación de la muerte de Rubén Nemesio Oseguera Cervantes, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), no fueron hechos aislados ni reacciones “al calor del momento”, aseguran especialistas. Detrás de estas acciones suele haber objetivos muy claros.

Primero, buscan ganar tiempo. Cuando se incendian vehículos o se bloquean autopistas, la intención inmediata es frenar o retrasar la llegada de fuerzas de seguridad a puntos estratégicos: casas de seguridad, refugios, bodegas de armas o rutas de escape.

En este tipo de operaciones, cada minuto cuenta. El caos sirve para reorganizarse y mover piezas.

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También hay un mensaje político. Este tipo de acciones funcionan como presión directa al gobierno. El antecedente más conocido fue el “Culiacanazo”, cuando la violencia se utilizó como herramienta para forzar decisiones oficiales.

Así, los bloqueos pueden interpretarse como intentos de mostrar capacidad de desestabilización.

Analistas consideran que el anuncio temprano de la muerte del capo ayudó a disminuir la intensidad, porque cerró la puerta a cualquier negociación.

Pero la violencia no solo se dirige hacia el exterior. También tiene un efecto interno. Sirve para cohesionar al grupo, medir lealtades y obligar a sus integrantes a definirse. Quien participa demuestra compromiso; quien no, queda expuesto. En momentos de incertidumbre, estas organizaciones necesitan reafirmar quién manda y quién acata órdenes.

Finalmente, cuando hay una reconfiguración de liderazgos, los actos violentos funcionan como carta de presentación. Son una forma de exhibir fuerza y enviar un mensaje dentro de la propia estructura criminal: hay continuidad y existe alguien dispuesto a tomar el control. En ese contexto, la violencia se convierte en una especie de credencial.

En Puebla, los hechos confirmados se mezclaron con rumores y desinformación en redes sociales, lo que elevó la percepción de riesgo.