El eco de las consignas comenzó a escucharse desde la Antimonumenta de Tlaxcala, donde decenas de mujeres empezaron a reunirse la tarde del 8 de marzo, con pancartas, fotografías y nombres que recordaban a quienes ya no están. Ahí, frente al símbolo de resistencia y memoria, inició una jornada marcada por la digna rabia. Desde niñas y adolescentes, que por primera vez participaron en la movilización acompañadas por madres y abuelas, hasta un contingente antiespecista que levantó la voz por los derechos de los seres sintientes, las asistentes comenzaron a ocupar el espacio público.
Entre rituales, consignas y la elaboración de carteles, las contingentas se organizaron para iniciar su recorrido por las principales calles de la capital con rumbo al Zócalo de Tlaxcala, donde se realizaría un pronunciamiento público y el pase de lista de mujeres desaparecidas y víctimas de feminicidio. Las vallas metálicas colocadas por las autoridades, pensadas para contener intervenciones e iconoclasia, terminaron convertidas en muros de denuncia. Sobre ellas aparecieron fotografías y fichas con señalamientos contra deudores alimentarios, agresores y violentadores de mujeres. Te puede interesar: Fiscalía de Puebla lanza polvo químico contra manifestantes del 8M En varios de los señalamientos se mencionó a funcionarios públicos, profesores universitarios y de nivel básico, e incluso a la gobernadora Lorena Cuéllar, a quien activistas acusaron de encubrir agresores y de mantenerse omisa ante las exigencias de justicia.
“Lorena no es aliada, es privilegiada”, corearon colectivas y asistentes mientras avanzaban por las calles, denunciando la falta de respuestas institucionales frente a la violencia de género. Ya en el Zócalo, el micrófono abierto permitió que varias mujeres compartieran testimonios de violencia, exigieran justicia y nombraran a quienes permanecen ausentes. Entre los nombres pronunciados estuvieron los de Karla Tezmol y Daniela Martínez, así como los de otras mujeres que han sido víctimas de desaparición y feminicidio en Tlaxcala. Al concluir los posicionamientos, integrantes del bloque negro realizaron intervenciones en edificios gubernamentales, entre ellos el Congreso del Estado, la Secretaría de Gobierno, el Palacio de Justicia y la iglesia de San José.
Desde el interior de algunos inmuebles, elementos policiacos respondieron lanzando polvo de extintor y chorros de agua para sofocar incendios provocados durante las protestas. Con el paso de las horas, la movilización comenzó a dispersarse. Las últimas asistentes abandonaron el Zócalo de Tlaxcala, que quedó en penumbra y silencio, marcado por las consignas, los nombres y la digna rabia de cientos de mujeres que, año con año, reclaman memoria, justicia y una vida libre de violencia. |