Martes 17 Marzo 2026

Durante la presentación del Informe sobre Desigualdad de Género 2026, el Observatorio de Salarios de la Universidad Iberoamericana Puebla advirtió que la incorporación creciente de las mujeres al mercado laboral no se ha traducido necesariamente en mejores condiciones de vida, sino que en muchos casos ocurre en contextos de precariedad, informalidad y bajos ingresos.

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De acuerdo con la exposición, las mujeres tienen una mayor presencia en los rangos de ingreso más bajos, especialmente entre quienes perciben hasta un salario mínimo o incluso no reciben ingresos. A nivel nacional, casi 70 por ciento de la población ocupada se concentra en ingresos de hasta uno o dos salarios mínimos, mientras que en Puebla esa proporción asciende a 74.4 por ciento, lo que refleja una condición más severa en la entidad.

El informe también destacó que solo 3.1 por ciento de las y los trabajadores en el país gana más de tres salarios mínimos mensuales, es decir, más de 28 mil 354 pesos, mientras que en Puebla apenas 1.4 por ciento alcanza ese nivel. En el caso de las mujeres, la proporción es todavía menor, pues únicamente 2.3 por ciento a nivel nacional y 1.4 por ciento en Puebla logran ubicarse en ese rango de ingresos.

Datos de ingreso por salarios. Observatorio de Salarios

Además, el Observatorio de Salarios señaló que las mujeres tienden a concentrarse en ocupaciones vinculadas con los servicios, los cuidados, las actividades de oficina y el comercio, sectores que suelen estar peor remunerados y ofrecer menores posibilidades de movilidad laboral. A ello se suma que una parte importante de su inserción ocurre en la informalidad, un ámbito caracterizado por menor estabilidad, ausencia de prestaciones y escasa protección social.

En este contexto, el organismo académico sostuvo que la desigualdad salarial no puede entenderse solo como una diferencia de pago entre hombres y mujeres por el mismo trabajo, sino como una desigualdad estructural que coloca a las mujeres en puestos de menor ingreso, con menos estabilidad y menores posibilidades de acceder a empleos de mejor calidad.

Tiempo, cuidados y trabajo no remunerado: la otra jornada que amplía la desigualdad

Otro de los ejes centrales del informe fue el análisis del uso del tiempo. Ahí, el Observatorio expuso que las mujeres trabajan más horas en total que los hombres si se suma el trabajo remunerado con el no remunerado, especialmente el vinculado al hogar y a los cuidados.

En trabajo remunerado, los hombres registran alrededor de 46 horas semanales, mientras que las mujeres reportan poco menos de 40 horas. Sin embargo, la diferencia se revierte al observar el trabajo doméstico y de cuidados. En labores del hogar, los hombres destinan alrededor de 11 horas semanales, mientras que las mujeres dedican cerca de 30 horas. En cuidados, ellos participan con entre 12.5 y 13 horas, y ellas con cerca de 25 horas. En trabajo para otros hogares o voluntario, los hombres rondan 5 horas y las mujeres 8 horas.

El Observatorio expuso que las mujeres trabajan más horas en total que los hombres si se suma el trabajo remunerado con el no remunerado

Con esa suma, el informe estimó que las mujeres acumulan 97.4 horas semanales de trabajo a nivel nacional y 96.6 horas en Puebla, frente a 76 horas nacionales en hombres y 75.3 horas en el caso de Puebla. Esto representa una brecha de 21 horas semanales a nivel nacional y de 21.3 horas en Puebla.

El Observatorio enfatizó que esta desigualdad no solo implica más trabajo, sino también menos tiempo disponible para el descanso, la recreación, el estudio o el autocuidado. Según lo expuesto, los hombres cuentan con 13 horas diarias para otras actividades, mientras que las mujeres disponen de 10 horas, una diferencia de 3 horas diarias.

La presentación subrayó que el trabajo no remunerado, sobre todo el de cuidados, sigue recayendo principalmente en las mujeres. Del total de trabajo de cuidado no remunerado a integrantes del hogar, 70 por ciento es realizado por mujeres y 30 por ciento por hombres. En Puebla, además, la carga de cuidados se concentra más que a nivel nacional, particularmente en el caso de niñas, niños y personas que requieren atención especial.

Los datos mostraron también que el mayor desequilibrio se encuentra en el cuidado de menores de edad y en los cuidados especiales, lo que confirma que la desigualdad no solo se expresa en el ingreso, sino en la organización cotidiana del tiempo y en la distribución del trabajo que no recibe salario.

Precariedad, informalidad y falta de condiciones estructurales explican la menor remuneración femenina

El tercer hallazgo central del informe fue que las mujeres están menos remuneradas no únicamente por una diferencia salarial directa frente a los hombres, sino por las condiciones estructurales en las que participan en el mercado laboral.

El Observatorio explicó que muchas mujeres requieren empleos con mayor flexibilidad de horario debido a que sobre ellas recae la mayor parte del trabajo doméstico y de cuidados. Esa necesidad de compatibilizar empleo y responsabilidades familiares las empuja con mayor frecuencia hacia trabajos de tiempo parcial, ocupaciones informales o puestos de menor calificación y menor salario.

Presentación del Observatorio de Salarios de la Ibero Püebla

A ello se suma la persistencia de barreras que dificultan que accedan a empleos mejor pagados, formales o con mayor responsabilidad. Durante la presentación se habló de un “umbral invisible”, es decir, de obstáculos que no siempre son explícitos, pero que limitan su avance dentro del mercado laboral.

El diagnóstico también vinculó esta situación con el deterioro general de los ingresos de los hogares. La exposición sostuvo que el ingreso familiar es insuficiente y que esa es una de las razones por las cuales más mujeres se incorporan al trabajo remunerado. Sin embargo, esa entrada al mercado laboral no necesariamente significa autonomía o mejores condiciones, porque muchas veces ocurre en empleos precarios, sin prestaciones y con salarios de supervivencia.

El informe añadió que la informalidad es un factor clave. En Puebla, más del 80 por ciento de la población ocupada se encuentra sin prestaciones, de acuerdo con lo expuesto durante la presentación. En ese contexto, los avances laborales tienen un impacto limitado, ya que beneficios como vacaciones, seguridad social o reducción de jornada se concentran en el empleo formal, mientras una gran parte de la población permanece fuera de ese marco.

Frente a ese panorama, el Observatorio de Salarios planteó que para reducir la desigualdad de género no basta con promover cambios culturales, sino que se requieren transformaciones estructurales. Entre ellas, mencionó la mejora de los salarios generales, el fortalecimiento de la formalidad, el acceso efectivo a prestaciones, la ampliación de sistemas de cuidado, mejores condiciones de movilidad y políticas que permitan una distribución más equitativa del trabajo doméstico y de cuidados entre hombres y mujeres.

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