Viernes 03 Abril 2026

En el corazón de Atlixco, cada Viernes Santo, decenas de personas participan en una de las tradiciones más impactantes del país: la de los engrillados, una manifestación de fe que combina sacrificio físico, devoción y memoria histórica.

Desde tempranas horas, los participantes se preparan para recorrer las calles del municipio portando cadenas, grilletes, coronas de espinas y púas en la piel. Algunos caminan descalzos o semidesnudos, en señal de penitencia.

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El sonido metálico de las cadenas arrastrándose sobre el pavimento marca el ritmo de una procesión que se desarrolla en silencio, acompañada apenas por oraciones.

Esta práctica tiene sus raíces en la época colonial, cuando llegaron a México tradiciones europeas de autoflagelación como forma de expiar pecados. Con el paso del tiempo, en Atlixco se transformó en un ritual comunitario que ha sobrevivido por generaciones, adaptándose sin perder su esencia.

Para quienes participan, ser engrillado no es un acto público ni turístico, sino una promesa personal. Muchos lo hacen para agradecer favores, pedir por la salud de un ser querido o cumplir mandas.

El peso de las cadenas —que puede superar los 20 kilogramos— representa simbólicamente las cargas emocionales o espirituales que cada persona decide enfrentar.

Familias enteras han transmitido esta práctica de padres a hijos, a fin de consolidarla como parte del patrimonio cultural intangible de la región.

Durante estas fechas, Atlixco también recibe visitantes que buscan comprender el significado de esta manifestación, para apreciar este acto de sacrificio y la devoción.

Algunos participantes llevan años —incluso décadas— realizando el recorrido como engrillados y aumentan progresivamente el peso de sus cadenas como parte de su compromiso espiritual. Recientemente, ya se permite que mujeres realicen el recorrido.

Además, en ciertos casos, las cadenas utilizadas son heredadas, lo que refuerza el carácter generacional de la tradición.

Cabe destacar que esta práctica no está exenta de polémica. Especialistas han señalado los riesgos físicos que implica, desde lesiones musculares hasta heridas en la piel. Aun así, los engrillados siguen siendo una expresión vigente de fe y cultura que puede disfrutarse en Semana Santa.