Miércoles 29 Abril 2026

Durante la Cátedra Matilde Montoya organizada por la BUAP, la diputada Ana Lilia Tepole Armenta planteó una pregunta sobre si la llamada “generación de cristal” podría influir en la evolución humana, en referencia a las ideas de Charles Darwin. El cuestionamiento generó un contraste entre el plano científico y el social, al mezclar conceptos de evolución biológica con fenómenos culturales contemporáneos.

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En respuesta, la científica Rosaura Ruiz Gutiérrez aclaró que es necesario distinguir entre evolución biológica y evolución cultural. Explicó que la evolución, desde la perspectiva darwiniana, es un proceso gradual ligado a la reproducción y a cambios genéticos acumulados a lo largo de generaciones, ejemplificando con transformaciones como la postura erecta y la adaptación de la columna vertebral y las rodillas.

Rosaura Ruiz Gutiérrez subrayó que fenómenos como la llamada “generación de cristal” no inciden en la evolución humana, ya que se trata de construcciones sociales y culturales, no de factores que modifiquen la herencia biológica. Incluso cuestionó la existencia misma del concepto, al señalar que responde más a etiquetas sociales que a categorías científicas.

El intercambio evidenció una tensión frecuente en el debate público: la tendencia a trasladar conceptos científicos a discusiones sociales sin el rigor necesario. En un espacio académico centrado en la trayectoria de mujeres en la ciencia, la pregunta resultó descontextualizada frente al nivel del diálogo y los objetivos del encuentro.

En la misma Cátedra Matilde Montoya también participó la científica Annie Pardo, en un evento que buscó reconocer el legado de Matilde Montoya y reflexionar sobre el papel de las mujeres en la educación superior y la investigación científica.