Para estas estudiantes de danza —ballet, danza folclórica y danza contemporánea—, aunque cada estilo se vive de forma distinta, todas las disciplinas comparten la exigencia, la constancia y la necesidad de transmitir emociones sobre el escenario. Las jóvenes señalaron que el ballet destaca por su rigor técnico y disciplina; el folclor por su vínculo con la cultura y las tradiciones; y el contemporáneo por la libertad corporal y la expresión emocional. Sin embargo, afirmaron que en todos los casos bailar dejó de ser una actividad recreativa para convertirse en una forma de vida. Una estudiante de ballet explicó que su relación con la danza comenzó desde la infancia, cuando una maestra la impulsó a audicionar formalmente. Recordó que ser aceptada significó cumplir uno de sus mayores sueños y con el tiempo entendió que bailar ya no era una obligación, sino una necesidad personal.
Describió al ballet como una disciplina “difícil”, debido a las largas horas de entrenamiento, la exigencia física y la precisión técnica. Señaló que la postura, la constancia y el dominio de las bases hacen que sea una formación rígida, aunque consideró que existe el prejuicio erróneo de que es una danza aburrida o anticuada.
Por otro lado, una estudiante de danza folclórica relató que fue después de su primera presentación cuando comprendió que esta disciplina marcaría su vida. Comentó que comenzó como una actividad escolar, pero pronto encontró en ella una conexión con distintas culturas y pueblos.
A diferencia del ballet, destacó que el folclor tiene una carga cultural fuerte, ya que representa tradiciones, pueblos indígenas y costumbres de distintas regiones. También señaló que uno de los principales prejuicios es pensar que la danza es solo para mujeres.
Te puede interesar: FNERRR prepara celebración masiva por su 27 aniversario en Puebla En contraste, una estudiante de danza contemporánea y jazz señaló que su experiencia está más ligada a la expresión emocional y la libertad corporal. Explicó que comenzó inspirada por una prima y que encontró en el baile una forma de bienestar personal.
Describió su estilo como fuerte, variado e híbrido, ya que mezcla técnica con movimientos más fluidos. Indicó que el contemporáneo permite explorar el cuerpo y las emociones, aunque también enfrenta prejuicios, especialmente relacionados con la imagen física.
Las tres estudiantes coincidieron en que, aunque el ballet se distingue por su técnica, el folclor por su identidad cultural y el contemporáneo por su libertad expresiva, todas las disciplinas tienen el mismo propósito: comunicar emociones y conectar con el público.
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