03 Mayo 2026

En Puebla, más de 801 mil personas se desempeñan como albañiles, de acuerdo con cifras de la Secretaría de Economía al corte de 2025. Se trata de uno de los grupos laborales más amplios dentro del sector productivo, vinculado directamente con la expansión urbana, la vivienda y la obra pública.

El ingreso promedio mensual se ubica en 11,100 pesos, aunque el monto puede variar dependiendo del tipo de actividad, el nivel de especialización y el esquema de contratación. El documento señala que en la industria de la construcción coexisten distintos niveles dentro de la organización del trabajo —como ayudantes, oficiales, maestros, ingenieros o arquitectos— que determinan tanto responsabilidades como ingresos.

En cuanto a la composición por género, el sector presenta una concentración prácticamente total de hombres. Sólo 0.3% de quienes se dedican a esta actividad son mujeres, reiterando la persistencia de las limitaciones culturales y laborales qur pvrevalecen para la incorporación femenina en la construcción.

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El cuerpo como el eje central del oficio

El trabajo en la construcción se define por su carácter físico, continuo y dependiente del rendimiento.La tesis titulada Estoy fuerte; me siento más enfermo cuando estoy en mi casa que trabajando. Cosificación, subjetividad y salud en albañiles”, elaborada por Juan Carlos Maqueda Hernández  de la UAM Xochimilco, describe que el albañil desarrolla su actividad bajo una lógica donde el cuerpo se convierte en el principal medio de producción.

Las tareas implican cargar materiales como cemento, madera, piedra o herramientas pesadas, trabajar en alturas, manipular estructuras y cumplir jornadas prolongadas. Este proceso productivo se organiza de manera colectiva, donde diferentes oficios se articulan para concretar una obra, lo que el documento denomina como “obrero colectivo”.

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Existe una ética del "vicio al trabajo" vista como la mayor virtud; el albañil se define por no ser "huevón" (perezoso) y por estar activo en todo momento para ganar la confianza del patrón

En términos de autopercepción, la investigación documenta que los trabajadores construyen una relación particular con su cuerpo y su salud. A partir de entrevistas, se identifican expresiones como “estar más enfermo en casa que trabajando”, lo que refleja una forma de entender la salud vinculada a la capacidad de seguir laborando, incluso en presencia de enfermedad o lesión.

Me siento fuerte, me siento más, más, más enfermo cuando estoy en mi casa que no trabajo que trabajando, cuando estoy aquí en mi casa que no hago nada, me duele la cintura, me duele la cabeza, me duelen los pies”, relata Miguel, albañil.

El estudio señala que esta percepción se forma en el contexto del trabajo mismo, donde el rendimiento es un elemento central. El trabajador se evalúa a partir de su capacidad de cumplir con la actividad productiva, lo que influye en la manera en que interpreta el dolor, el cansancio o la enfermedad.

Asimismo, se documenta que muchos trabajadores provienen de zonas rurales y acceden a la construcción como una alternativa laboral flexible, temporal o complementaria, lo que influye en su relación con el oficio y en la forma en que se insertan en el mercado laboral.

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Condiciones actuales: organización del trabajo, seguridad y riesgos

Las cifras de Data México nos revelan una estructura sistémica de desprotección. Mientras que el promedio nacional de informalidad es del 54.3%, el sector de la edificación se dispara al 89.9%. No es un fenómeno regional, sino un pilar de la industria: incluso en Baja California Sur, el estado con "menor" informalidad, la cifra alcanza un alarmante 71.7%. En el extremo opuesto, Chiapas presenta una invisibilidad casi total con un 99.1%.

El trabajador promedio labora 43.8 horas semanales por un salario mensual a nivel nacional de $8.800 pesos, una cifra que apenas permite la reproducción de la fuerza de trabajo.

El trabajo en la construcción se desarrolla bajo esquemas caracterizados por la subcontratación, la temporalidad y el trabajo por destajo, lo que implica que los trabajadores no siempre cuentan con condiciones estables o acceso a seguridad social.

 

En este contexto, las responsabilidades sobre la seguridad pueden fragmentarse entre distintos actores —constructoras, contratistas o trabajadores independientes—, lo que incide en las condiciones reales en las que se desempeña la actividad.

Los datos presentados en el estudio muestran que el principal riesgo en el trabajo de albañiles, mamposteros y afines es la exposición a fuerzas mecánicas inanimadas, que concentra el 47.8% de los accidentes. Esta categoría incluye golpes, atrapamientos, cortes o impactos provocados por herramientas, maquinaria o materiales dentro de la obra. Le siguen las caídas, con un 31.2%, y el exceso de esfuerzo, viajes y privación, con 14.1%, lo que evidencia que la mayor parte de los incidentes está directamente relacionada con el entorno físico y la exigencia del trabajo.

En menor proporción aparecen otros riesgos como agresiones (2.0%), contacto con calor o sustancias calientes (0.8%) y distintos tipos de accidentes de transporte, que en conjunto no superan el 1%. También se registran factores de riesgo ocupacional, socioeconómicos y psicosociales (0.5%) y casos diversos de baja frecuencia (1.6%). En conjunto, estas cifras reflejan que los accidentes en la construcción se concentran principalmente en la interacción directa del trabajador con herramientas, materiales y condiciones físicas de la obra.

También se describen factores asociados al desgaste físico:

  • Carga constante de materiales pesados (como bultos de cemento de 50 kg)
  • Uso de herramientas como rotomartillos o vibradores
  • Jornadas prolongadas
  • Descanso limitado
  • Alimentación insuficiente para el nivel de exigencia física

El documento añade que el uso de equipo de protección puede verse condicionado por la dinámica del trabajo. En esquemas donde el ingreso depende del avance o del cumplimiento de tareas, algunas medidas de seguridad se perciben como un elemento que ralentiza el proceso productivo.

Además, se documentan prácticas y expresiones dentro del entorno laboral que refuerzan la continuidad del trabajo bajo cualquier condición, lo que influye en la toma de decisiones relacionadas con la seguridad.