Rosario La Huerta es la comunidad más alejada de Puebla capital. En el papel pertenece a San Andrés Azumiatla, pero en realidad se pertenece a sí misma. A una hora y media del Zócalo de Puebla, Rosario La Huerta le pertenece a su gente, gente trabajadora que ha tenido que migrar a los Estados Unidos, conformarse con vivir de la albañilería o resistir para hacer del mezcal su modo de vida. Más información: Después de 16 años, Rosario La Huerta, Puebla, entra a la Denominación de Origen del Mezcal Por décadas, los gobiernos han borrado del mapa a esta comunidad de 300 personas, a quienes le han prometido desde carreteras, hasta senderos de ecoturismo con puentes colgantes incluidos.
Primero fue Rafael Moreno Valle. Como gobernador de Puebla, en 2010, les prometió a las dos familias palenqueras, los García Ramírez y los García Vera, la Denominación de Origen del Mezcal para impulsar el destilado de agave que producen hace más de 30 años. Después vino Eduardo Rivera Pérez. En 2011 les prometió un sendero de ecoturismo para beneficio de la comunidad rodeada de magueyes, agua cristalina, pinturas rupestres y fauna como cacomixtles, zorras y venados cola blanca. En 2014, Antonio Gali Fayad prometió un puente colgante que nunca llegó porque se fue a la minigobernatura y porque, a decir de los pobladores, se robaron el dinero.
La población ya no recuerda quién fue el político que les prometió una carretera digna para agilizar los tiempos de traslado, pero cuentan que fue por lo menos hace 15 años. De carreteras, ecoturismo y levantar a la población económicamente hablando, nada. Apenas esta semana recibieron la noticia, 16 años después, que gracias a la gestión del gobernador Alejandro Armenta, Puebla capital entró a la Denominación de Origen del Mezcal. ¿Cómo se llega a Rosario La Huerta?Para llegar a Rosario La Huerta se tiene que tocar base en San Andrés Azumiatla. A partir de ahí, en un camino de terracería, las montañas, el polvo y piedras serán la mejor compañía durante por lo menos una hora. En tiempo de calor, las montañas de Rosario La Huerta no respiran: se ahogan en polvo. Y entre la sequía, las motocross revientan el silencio. No hacen deporte extremo, hacen daño sin saberlo. La vista es espléndida y su forma de vida es envidiable: cosechan su propia comida con maíz colorado, frijol, pitahayas, calabaza y huevos que ponen sus propias gallinas.
No hay contaminación y un río cristalino atraviesa la población, esa población que ha sobrevivido al aislamiento. Para llegar a la escuela, la hija de Enrique García, uno de los dos maestros palenqueros, tiene que caminar tan solo de ida 40 minutos a localidad de San Francisco Jalapexco, perteneciente al municipio de Teopantlán. El transporte público es un término que no existe en el vocabulario de “los capitalinos” de Rosario La Huerta, porque no hay carretera ni ruta que valga la pena, políticamente hablando, para una población de apenas 300 familias. Los que necesiten trasladarse caminan hacia las comunidades aledañas o se apoyan con las y los vecinos que tienen coche.
Primera parada: palenque Los GarcíaLa primera parada es en palenque de Los García Ramírez. La familia conformada por al menos 10 integrantes recibe de Carlos Gómez, secretario de Bienestar del Ayuntamiento de Puebla, la noticia de que gracias al gobierno del estado acaban de entrar a la Denominación de Origen. También puedes leer: Crónica: El mezcal torteado de Rosario La Huerta, proceso artesanal y de resistencia Infórmate aquí Los García Ramírez podrían ser más efusivos, pero aprovechan la visita oficial para pedir apoyo económico, pues la última producción de mezcal los ha dejado, literalmente, secos. “Es mucho trabajo esto del mezcal… lo que pedimos es que nos apoyen, de amigos; la verdad estamos bien gastados, se invierte mucho dinero para comprar las piñas, para la gente que nos ayude, pues ya de dinero ya estamos agotados”, le dice Enrique García al representante del gobierno Carlos Gómez.
El poco dinero que tienen lo ocupan para invertir en el negocio y las ventas que generan son lentas, pues solo venden a conocidos o a los escasos visitantes que recibe la comunidad. Aún así son amables… Mientras preparan unas memelas con el maíz colorado que cosechan y unos huevos fritos de su granja compuesta por 40 gallinas, la familia muestra con toda calma el proceso de producción, la olla que compraron con el apoyo de la ex presidenta municipal Claudia Rivera, las tres tinas de madera y el molino que les dio el gobierno de Alejandro Armenta. Este año no solo han sido beneficiados con la Denominación de Origen, también lograron entrar al programa "Granjas para el Bienestar" que busca apoyar a personas de escasos recursos con paquetes de gallinas ponedoras y alimento, fomentando el autoconsumo y la economía familiar. También su vivienda ha sido beneficiada con una acción de Sistema de Captación de Agua de lluvia, apoyo que brinda el gobierno a familias en situación de pobreza y ubicadas en zonas de difícil acceso mediante la instalación de un sistema de que recolecta y almacena el agua de los techos para uso doméstico.
Segunda parada: las pinturas rupestresTerminando la visita oficial, Enrique García, el anfitrión, quiere presumir la bondades de su tierra natal. Ahora se convierte en guía y nos lleva por un sendero a la Cueva de los Murciélagos. Caminando cuesta arriba y cuesta abajo, 15 minutos después llegamos para ver las pinturas rupestres que yacen inmóviles sobre las rocas. Raúl Cortés, Jefa de departamento de Desarrollo Rural del ayuntamiento de Puebla, quien lleva varias administraciones trabajando de mano de la comunidad, explica que las dibujos en rojo se remontan a los tiempos prehispánicos y que los dibujos en blanco son de la Revolución. “Ahí se ven unas huellas, las negras son después de Cristo y las blancas son de la Revolución”, don Enrique reafirma lo dicho por el funcionario. Incluso señala unas manchas como de ollín en el techo que, según cuenta la leyenda, pertenecen a cuando el general Venustiano Carranza acampaba y hacía fogatas. Imposible dejar de mirar hacia arriba para admirar las colonias de murciélagos que le dan nombre a la cueva. Sin un guía de la comunidad que conozca las veredas, te pierdes. No hay señalética que te reciba ni camino marcado que te oriente.
Tercera parada: río cristalinos de ajolotesEs hora de tirarse. El calor comienza a ser cada vez más insoportable con un termómetro que rebasa los 28 grados. Durante el regreso, Enrique García aprovecha para mostrar su cosecha de maguey espadín. Al menos media centena se alista para cortarles su piña y empezar con la producción del siguiendo año, donde con la suerte de Dios y el sudor de su frente producirán de 300 a 500 litros. El sonido del río cristalino que ahí nace y con el que riegan sus sembradíos da vida. A diferencia de Rosario La Huerta, la capital poblana, a la que ellos también pertenecen, huele smog, los coches mandan y el concreto lo cubre todo. Al fondo, ajolotes se agitan bajo el agua limpia. Culebras de río, delgadas como un dedo, se escurren entre las piedras y, tímidas, se esconden de las cámaras.
Enrique García camina Rosario La Huerta como quien presume a un hijo. Enseña el río, el maguey y el aire limpio como queriendo convencer de que la comunidad vale más que solo promesas. Al final, Rosario La Huerta cuenta sus propias heridas en voz de su palenquero: el venado cola blanca, amenazado por la cacería ilegal; el cerro, erosionado por motos que no piden permiso y, el pueblo, totalmente en el olvido. Pero, también Enrique García habla de su orgullo: un destilado de agave “torteado” que supera cualquier discurso. Después de décadas de abandono y 16 años de trámite, hoy ya puede nombrarse oficialmente “mezcal”. Para este pueblo, no es etiqueta. Es reivindicación.
|