Lunes 13 Julio 2026

En el salón de exámenes profesionales de la Escuela Libre de Derecho de Puebla como testigo, su presidente ejecutivo, Gerardo Tejeda Foncerrada, lanza un diagnóstico severo sobre las juventudes actuales: padecen una profunda intolerancia a la frustración.

“Un tema que está afectando seriamente a la juventud es el temor a la frustración. Los jóvenes ya no se saben frustrar. Lo que antes se alcanzaba a base de esfuerzo y respeto a las reglas hoy choca contra una juventud que busca la inmediatez y donde tropezarse ya no es parte del proceso para fortalecer el carácter, sino que se convierte en un agravio intolerable”,

Asegura Gerardo Tejeda en entrevista para El Popular, periodismo con causa.

Este fenómeno, según el entrevistado, lejos de ser una simple característica de la evolución del mundo, es consecuencia de un ecosistema digital saturado y de la falta de límites en el entorno familiar. La raíz del problema, explica, se localiza en la forma en que el exceso de tecnología ha alterado la crianza.

 

¿Cómo afecta a las juventudes el uso desmedido de aparatos tecnológicos?

Gerardo Tejeda, quien acaba de ser reelecto hasta el año 2030, es crítico al señalar cómo el uso exagerado de dispositivos y redes sociales ha fomentado un aislamiento que dificulta la interrelación cara a cara y diluye la brújula emocional de las y los jóvenes.

“Hay frase popular que dice que los jóvenes están en la edad del ‘chocolate’: todo les choca y nada les late. Entonces, es muy difícil que lleguen a nivelar su inteligencia emocional. El control de las emociones en los jóvenes está sumamente complicado”

Cuando el control de las emociones se complica y no se toleran las caídas, la frustración al fracaso se convierte en la principal “piedrita en el zapato” del proceso educativo, arrastrando a los estudiantes hacia estados de depresión o rendición ante la primera dificultad.

“Todas las emociones son pasajeras: usted no está triste todo el tiempo y no está contenta todo el tiempo. Pero cuando esas esas emociones dejan de ser pasajeras, entonces vienen los temas drásticos de depresión y eso le está pasando a muchos jóvenes que como no toleran la frustración, quieren todo rápido, entonces sufren mucho y pierden completamente la brújula”

Asegura el abogado de profesión.

 

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¿Las madres y los padres son responsables de la crisis que atraviesan las juventudes?

En su análisis, el presidente ejecutivo no exime a los padres y madres de familia; por el contrario, los sitúa como responsables del retroceso en el respeto a las normas.

Al normalizar el acto de entregar un teléfono o una tableta para calmar la impaciencia del infante, el núcleo familiar ha relajado los límites firmes y ha transferido el poder al menor de edad.

“La tecnología es la que ha relajado las reglas: ¿Qué hace el papá cuando el niño está desesperado? Le da el celular para que no esté dando lata. Los padres nos olvidamos de qué es educar y creemos que darle gusto a alguien es regalarle un dispositivo”

Esta dinámica destruye la antigua asimetría donde el adulto era la fuente de sabiduría y admiración; hoy, al resolver sus dudas mediante pantallas o herramientas de inteligencia artificial, la juventud se siente en un plano de superioridad.

“Las generaciones milenials tienen otras herramientas de educación derivadas de la falta de límites o el exceso de permisividad y, con la llegada de la tecnología, nosotros como sus educadores nos hemos vuelto menos importantes porque tienen acceso a todo… y eso hace que sea más difícil el proceso de enseñanza-aprendizaje a través de un profesor”.

¿Cómo han evolucionado las aulas con la llegada de la tecnología?

 

 

Gerardo Tejeda no oculta su diagnóstico sobre el presente: las aulas ya no son lo que eran, porque el mundo, sencillamente, ha alterado sus coordenadas de autoridad. La falta de contención en el hogar, señala, se traslada de inmediato a la academia.

Cuando los educadores intentan imponer orden o aplicar una sanción, es común encontrar la resistencia de padres y madres que sobreprotegen a sus vástagos y cuestionan al docente, validando la idea de que cualquier límite atenta contra los derechos del estudiante.

“El exceso protectivo de los padres y la falta de apoyo hacia el docente, que no se comprende que los educadores somos un complemento de la familia en en el proceso educativo de un joven. Entonces, los límites y el romper las zonas de confort incomodan a todos, pero al final del día traen beneficios de orden y de disciplina”

Explica el también egresado de la Libre de Derecho.

 

Ante esta realidad, la institución insiste en mantener sus reglas históricas de asistencia, puntualidad y exámenes orales sin ayuda tecnológica, defendiendo que romper las zonas de confort e imponer consecuencias es la única vía para dotar a los futuros abogados de la resiliencia que exige el campo laboral.

“Los límites nosotros los seguimos poniendo y estableciendo en función de nuestro marco normativo. Lo que necesitamos todos es más apoyo del origen, de la casa. O sea, exactamente del núcleo familiar”, recalca.

Para Gerardo Tejeda, romper el estatus quo del alumnado no es un acto de autoritarismo, sino una urgencia pedagógica. Si el examen es a las siete de la mañana, no hay espacio para la laxitud del retraso, pues la impuntualidad en el aula se traduce en el fracaso futuro ante una audiencia judicial.

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¿En qué ha fallado la Escuela Libre de Derecho?

Sin embargo, la crítica del presidente ejecutivo también es interna. Reconoce que la universidad ha tenido que aprender a hablar un nuevo lenguaje didáctico.

 

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El viejo profesor de abolengo, cuya sola presencia de traje y canas inspiraba un respeto automático, hoy choca contra una muralla de desinterés que no es capaz de “atrapar” a una audiencia joven.

“Las personas mayores en la educación batallan mucho porque ya no están conectados en el mismo lenguaje que los jóvenes. Podrán ser unas enciclopedias, pero la forma de poder compartir y hacer llegar el conocimiento a los jóvenes ya no es la requerida actualmente”, lamenta el directivo.

El reto académico, reconoce Gerardo Tejeda, radica en equilibrar la libertad de cátedra y la invaluable experiencia de docentes con décadas de trayectoria con la realidad de un alumnado que tiñe su pelo de colores u opta por llegar a clases sin calcetines.

“Es una integración de voluntades entre lo pasado y el presente: que tanto alumnos entiendan que ciertos profesores de abolengo tienen mucho conocimiento y que hagan un esfuerzo por aprender y también los profesores por cómo tratar a los jóvenes”

El entrevistado reconoce que la rigidez del pasado ya no es viable y podría terminar incluso en denuncias ante organismos de derechos humanos.

“Si se aplicara la dinámica de clases como era hace 40 años, híjole, ya estarían medio mundo denunciado, al menos en derechos humanos”, asevera.

Pese al rigor de su lectura sobre las flaquezas de la juventud actual, Gerardo Tejeda no se da por vencido.

Al final, la apuesta de la Libre de Derecho descansa en el prestigio de su “semillero” de egresados y en una convicción firme: el talento de las juventudes persiste. Pero para brillar, las nuevas generaciones deberán entender que el éxito no es una gratificación instantánea, sino el resultado de un cronograma trazado con constancia y perseverancia, donde el verdadero límite no se encuentra en una pantalla, sino en ellos mismos.