En una serie de testimonios recabados por El Popular, periodismo con causa, niñas y adolescentes compartieron cómo perciben el feminismo, además de señalar las injusticias que se viven desde la infancia. Estas vivencias revelan que, desde edades tempranas, muchas ya han escuchado frases que buscan limitar sus capacidades o definir lo que pueden o “deben hacer” por el simple hecho de ser niñas, además de reconocer injusticias, la lucha por los derechos y la importancia de acompañarse de otras mujeres que las guían. También puedes leer: Siete de cada diez mujeres trabajan en la informalidad en Puebla: INEGI Estereotipos en las infanciasPaula, de siete años de edad, compartió que para ella nada es imposible, pero que ciertamente ha escuchado frases limitantes dentro de su entorno, pues al ser cuestionada si las niñas podían hacer las mismas cosas que los niños, indicó que no es posible. Para ella, las tareas de esfuerzo son cosas de varones. De la misma forma, Samantha, de once años, relató que el futbol no es cosa de niñas, frase que ella misma no cree posible; indicó que las niñas pueden hacer lo que se propongan.
El comentario, aunque parece aislado, refleja una desigualdad histórica dentro del deporte, pues en México el futbol profesional masculino logró oficializarse en el año de 1922, mientras que la liga profesional femenil se creó hasta 2016, 94 años más tarde.
¿Qué opinan las infancias del feminismo?Por su parte, al ser cuestionadas sobre feminismo y su conocimiento sobre el tema, las menores se mostraron felices de conocer manifestaciones que alcen la voz por sus derechos. Paula compartió que se siente feliz porque “están pidiendo justicia por las mujeres”. En contraparte, adolescentes mayores, de entre once a quince años, indicaron que las manifestaciones son bienvenidas mientras sean pacíficas.
Victoria, de quince años, definió el feminismo como “una forma en la que las mujeres se hacen notar en un ambiente que las ha silenciado”. Aunque manifestó estar de acuerdo en que las mujeres deben pedir justicia, expresó una postura “intermedia” respecto a las marchas, al considerar que en ocasiones “la manera en la que lo demuestran no es la correcta y terminan perjudicando a personas de su mismo género”.
Asimismo, señaló que ser mujer es motivo de orgullo y criticó la idea de que, por su género, se cuestione su capacidad intelectual:
A su vez, Fátima, de 15 años, compartió que se siente orgullosa al observar manifestaciones cuando estas se desarrollan de manera “sana”; sin embargo, dijo no estar de acuerdo cuando durante las protestas se generan actos de destrucción. Una postura similar expresaron Ariadna de catorce y Dominic de trece años. En tanto, Arumi de trece años, explicó que, aunque las protestas son necesarias, también evidencian una realidad preocupante sobre la falta de respeto hacia los derechos de las mujeres. “Creo que está bien que salgan a marchar, pero al mismo tiempo es injusto que tengan que hacerlo porque la gente no respeta”, comentó.
Mujeres apoyando mujeresEn los testimonios también aparece un elemento en común: para muchas de las niñas y adolescentes, las mujeres más fuertes que conocen están dentro de su propio hogar. Al crecer en entornos donde las principales cuidadoras son mujeres, construyen referentes de fortaleza y resiliencia a partir de sus madres, tías o abuelas, quienes además de sostener económicamente a sus familias, asumen tareas de cuidado y acompañamiento cotidiano. Alisson, de siete años, identifica a su madre como su mayor ejemplo de fortaleza. Al preguntarle quién es la mujer que más admira, respondió sin dudar: “mi mamá”. Para la niña, esa capacidad de cuidar, trabajar y sostener a su familia al mismo tiempo es una muestra clara de fortaleza.
Arumi describió a su mamá como “muy fuerte mentalmente”, pues, dijo, ha pasado por situaciones difíciles, pero aun así “siempre encuentra la forma de salir adelante junto con nosotros”. Además, explicó que en su casa su madre ha tenido que asumir múltiples responsabilidades:
Un sentimiento similar expresó Fátima, quien señaló que la mujer que más admira es su tía, con quien convive diariamente en un entorno familiar compuesto principalmente por mujeres.
Los testimonios recabados dan muestra de cómo, desde la infancia, muchas niñas construyen su idea de fortaleza femenina a partir de las mujeres que las rodean. Madres y tías aparecen no solo como figuras de cuidado, sino como pilares emocionales y económicos dentro del hogar, convirtiéndose en los primeros referentes de resistencia y apoyo para las nuevas generaciones. |