Desde hace más de una década, Rosa Borrás es una de las artistas más reconocidas en Puebla por su compromiso con las luchas sociales y la defensa de las mujeres, pues en sus manos el bordado no solamente ha servido para dar visibilidad a familias buscadoras o víctimas de desaparición, sino también para denunciar distintos actos de violencia. Asentada en el estado de Puebla desde el año 2005, egresada de la carrera de Diseño Gráfico por el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) y con estudios en el Massachussets College Board, sus obras son sinónimo de acompañamiento, memoria, solidaridad y unión. En entrevista para esta casa editorial, Rosa relató que su primer acercamiento con el textil lo tuvo en la infancia gracias a su abuela materna, la cual era modista, y también por su progenitora, que apoyaba en el patronaje, que es la técnica y el proceso de diseñar y crear plantillas conocidas como patrones o moldes en telas u otros soportes. Posteriormente, cuando nacieron sus hijos, su actividad en el bordado fue más constante debido a que les hacía sus trajes, disfraces y juguetes, específicamente, muñecos de trapo.
Pero es a partir del 2011 cuando el textil en su vida comienza a tener una connotación más formal, mientras que su práctica artística adquiere una notable crítica política. Rosa mencionó a este reportero que, entre 2012 y 2014, conoció al colectivo Fuentes Rojas, el cual adquirió gran relevancia nacional por promover una iniciativa llamada "Bordando por la paz y la Memoria", cuyo objetivo era denunciar la violencia generada en el sexenio de Felipe Calderón. Más adelante, entre 2014 y 2019, la artista y activista tuvo sus primeros acercamientos con María Luisa Núñez Barojas, fundadora del colectivo Voz de los Desaparecidos, con quien ha creado una sinergia para realizar actividades tanto en plazas públicas como en foros culturales independientes, entre ellos, el Karuzo. Recordó que, en 2021, la agrupación en cuestión llevó a cabo un plantón en las inmediaciones de la antigua sede del Congreso del Estado a fin de presionar a las y los diputados en lo referente a la aprobación de la Ley de Búsqueda de Personas Desaparecidas. Rosa sostuvo que el bordado es su manera de dar acompañamiento y solidarizarse con causas sociales y dijo que, en su consideración, ese tipo de acciones generan empatía en la ciudadanía. Historia del textil político: de las arpilleras chilenas a los bordados del Ejército Zapatista en MéxicoAcerca de los antecedentes históricos del textil como herramienta de protesta, señaló que tiene alrededor de un siglo con ese tipo de utilidad en distintas partes del mundo. De manera más contemporánea, detalló que, en Latinoamérica, Violeta Parra lo hizo famoso vía las arpilleras chilenas, que eran unos coloridos cuadros confeccionados con retazos de tela, en los que se hacían visibles las atrocidades cometidas en los años setenta por la dictadura de Augusto Pinochet. Asimismo, ese tipo de actividad servía para que las mujeres viudas o que vivían solas pudieran tener un ingreso o sustento económico.
Otros antecedentes históricos del bordado como espacio de protesta social mencionados por Rosa son las tiras largas de cobijas diseñadas en los años ochenta en Guatemala para visibilizar los nombres de las personas asesinadas en esa época. Por lo que se refiere al contexto mexicano, en la década de los noventa, las y los Zapatistas comenzaron a hacer textiles para difundir su labor. Rosa agregó que, en Puebla, fue la iniciativa "Bordando por la paz" la que impulsó el uso del textil con fines de denuncia social o política. A partir de ahí, indicó que empezaron a surgir más grupos de bordados en distintas ciudades del país, con temáticas más concretas, por ejemplo, los colectivos del Estado de México que solo se enfocaban en la problemática de los feminicidios en el Estado de México. Trabajos políticos más significativosRosa consideró que el textil ha ido en expansión y mencionó que realizó una cobija con los nombres de los 49 menores de edad fallecidos en la guardería ABC en Sonora, así como una pieza que recuerda las 147 personas asesinadas en Kenya, son algunos de los bordados de denuncia social más significativos para ella. El primero lo hizo para conmemorar el tercer aniversario del incendio suscitado por negligencia en esa institución educativa y midió 90 centímetros x 1.20 metros. Te puede interesar: Voz de los Desaparecidos tapiza Bulevar 5 de Mayo con fichas de búsqueda El segundo lo diseñó de manera colectiva y con el propósito de comunicar a la sociedad que las víctimas de violencia no son solo un número. Rosa agregó que en su trayectoria transnacional también ha bordado pañuelos de apoyo para Julian Assange, preso político de Estados Unidos, así como para las menores de edad desaparecidas en Nigeria o personajes como George Floyd, hombre negro fallecido a causa del racismo y brutalidad de un policía blanco en el vecino país del norte. Es oportuno agregar que, recientemente, la artista fue invitada al Primer Encuentro de Bordado "A través del ojo de aguja", con sede en la Ciudad de México, en el Faro Indios Verdes. Ello con la finalidad de dar una plática contando su experiencia y relación tanto individual como colectiva con el textil
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