Jueves 04 Junio 2026

Mientras el acceso al agua potable es reconocido como un derecho humano y la ONU señala un promedio diario de 50 a 100 litros diarios por persona, decenas de familias de la comunidad de Canoas Altas enfrentan una realidad distinta: sobreviven con apenas entre 100 y 200 litros de agua por semana para hogares donde habitan hasta diez personas.

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Durante un recorrido realizado por Periodismo con Causa, habitantes de la localidad relataron las dificultades que enfrentan desde hace más de una década debido a la escasez del vital líquido, una problemática que, aseguran, se ha agravado con el paso de los años sin que las autoridades hayan ofrecido una solución definitiva.

La comunidad de San Isidro Canoas Altas en Chalchicomula de Sesma

Los testimonios coinciden en que, pese a las múltiples necesidades de la comunidad, como pavimentación, alumbrado público e infraestructura básica, el acceso al agua es la demanda prioritaria.

“Se ocupan bastantes cosas aquí en el pueblo, pero dejamos todo eso afuera; nosotros lo que necesitamos es agua”, expresó José, uno de los vecinos afectados.

La comunidad se abastece principalmente de un manantial conocido por los pobladores como “El Ojito”, un nacimiento de agua que, según los habitantes, ha reducido considerablemente su caudal debido a las condiciones climáticas y a la disminución de las lluvias.

Aunque existe un comité encargado de distribuir el recurso, la falta de infraestructura adecuada provoca que el agua llegue con mayor facilidad a las viviendas cercanas al sistema de almacenamiento, mientras que las ubicadas en zonas más alejadas reciben cantidades mínimas.

José explicó que en su hogar viven diez personas y que semanalmente reciben entre 100 y 200 litros de agua, cantidad que considera insuficiente para cubrir las necesidades básicas de consumo, higiene y alimentación.

Para complementar el suministro, debe trasladarse en su camioneta a otros puntos del municipio para comprar agua potable. Entre combustible y adquisición del recurso, estima gastar entre mil 600 y mil 800 pesos semanales.

Hogares donde viven diez personas semanalmente reciben entre 100 y 200 litros de agua

A pesar de la escasez, los usuarios continúan pagando una cuota mensual de 20 pesos por el servicio.

“Vienen, nos prometen todo eso y hasta ahorita no han hecho nada”, señaló el habitante al referirse a las visitas de políticos durante periodos electorales.

Los vecinos aseguran que, durante años, distintos actores políticos han prometido perforaciones de pozos, instalación de infraestructura hidráulica y entrega de tinacos. Sin embargo, afirman que dichos compromisos no se han materializado.

Entre los señalamientos destaca el realizado contra el diputado local Andrés Villegas, quien, según los habitantes, visitó la comunidad hace aproximadamente cuatro meses y prometió el envío de ingenieros para evaluar la perforación de un pozo en un plazo menor a dos meses. Los entrevistados aseguran que hasta la fecha esa acción no se ha concretado.

La crisis también impacta directamente las actividades domésticas. Isabel, otra de las habitantes entrevistadas, explicó que su familia ha implementado diversas estrategias para aprovechar cada gota de agua disponible.

Con materiales reciclados construyeron sistemas de captación de lluvia que utilizan para el baño, la limpieza y el riego de plantas. Sin embargo, reconoció que estos mecanismos resultan insuficientes durante la temporada de estiaje.

En ocasiones, la familia debe trasladarse hasta una comunidad ubicada a unos 30 minutos para lavar ropa o incluso para bañarse, lo que representa gastos adicionales y pérdida de tiempo.

La situación es especialmente complicada para familias con niños pequeños y adultos mayores.

Isabel calcula que su hogar destina alrededor de mil pesos semanales para garantizar el acceso al agua.

Otro de los problemas señalados por los habitantes es la desigualdad en la distribución del recurso.

Adán Valdez explicó que existen dos instituciones educativas dentro de la comunidad que sí cuentan con suministro constante gracias a las aportaciones económicas realizadas por madres y padres de familia para contratar abastecimiento externo.

Mientras tanto, otras familias dependen exclusivamente de las pocas cantidades que llegan por la red comunitaria.

El caso de Mariana Rojas refleja las condiciones más críticas. Su familia comparte una misma toma de agua con otro hogar, lo que reduce aún más la disponibilidad del recurso.

En su vivienda habitan personas adultas mayores e infancias, y al no contar con vehículo propio ni con un sistema de almacenamiento como un tinaco, dependen de reutilizar agua y solicitar cubetas prestadas a vecinos.

Varias familias podrían verse obligadas a abandonar sus hogares y migrar hacia lugares donde el acceso al agua esté garantizado.

“Es una situación desesperante”, expresó la habitante, quien hizo un llamado al gobernador Alejandro Armenta Mier para que conozca de primera mano la problemática que enfrentan.

Los habitantes consultados coincidieron en que la escasez de agua ya no representa únicamente una incomodidad cotidiana, sino una amenaza para el futuro de la comunidad.

Algunos consideran que, de mantenerse las actuales condiciones, varias familias podrían verse obligadas a abandonar sus hogares y migrar hacia lugares donde el acceso al agua esté garantizado.

Para los pobladores de Canoas Altas, la exigencia es clara: más allá de promesas y visitas esporádicas, demandan acciones concretas que les permitan acceder de manera digna y permanente a un recurso indispensable para la vida.