Martes 20 Octubre 2026

Los ríos de México reciben una mezcla de más de mil sustancias químicas, entre metales pesados, plaguicidas, hidrocarburos y residuos industriales. El hallazgo fue documentado en análisis del sistema Lerma-Santiago que Greenpeace México consiguió mediante una resolución favorable de transparencia en 2012, un caso que expuso la dimensión de la contaminación química en los cuerpos de agua del país.

Los resultados entregados por el Instituto Mexicano de Tecnología del Agua (IMTA) reportaron mil 90 sustancias químicas en las muestras analizadas, entre ellas plomo, mercurio, níquel y cadmio, además de glifosato, hidrocarburos, desengrasantes, desinfectantes, colorantes, grasas y aceites industriales.

También se identificaron residuos asociados con actividades agrícolas, granjas porcícolas e ingenios azucareros, una combinación que evidencia la diversidad de fuentes contaminantes que pueden converger en un mismo sistema fluvial.

Greenpeace México obtuvo en 2012 análisis del sistema Lerma-Santiago que reportaron mil 90 sustancias químicas, entre metales pesados, plaguicidas y residuos industriales.

Metales pesados y residuos industriales en el agua

La presencia de sustancias químicas en los ríos puede deteriorar los ecosistemas, alterar la calidad del agua y generar riesgos para la salud, dependiendo de la concentración de los contaminantes, su toxicidad y el tiempo de exposición.

Los metales pesados, algunos plaguicidas y los compuestos orgánicos persistentes pueden acumularse en sedimentos y organismos. A ello se suma la descarga de aguas residuales con una elevada carga orgánica, capaz de reducir el oxígeno disponible para la vida acuática.

El sistema Lerma-Santiago ha sido señalado por la presión que ejercen sobre sus aguas las actividades industriales, agrícolas y urbanas. En Jalisco, la contaminación de los ríos Santiago y Lerma ha motivado investigaciones científicas, reclamos comunitarios y acciones ante organismos internacionales.

El sistema Lerma-Santiago presentó mil 90 sustancias químicas en análisis obtenidos por Greenpeace México en 2012.

En febrero de 2020, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos emitió medidas cautelares relacionadas con habitantes de comunidades afectadas por la contaminación en esa región, entre ellas localidades de El Salto, Juanacatlán y Poncitlán.

En marzo de 2026, investigaciones de especialistas de la Universidad de Guadalajara reportaron alteraciones en el ADN de muestras de habitantes de zonas cercanas al río Santiago mediante la técnica del cometa, utilizada para identificar daño genético. Los hallazgos aportan evidencia sobre posibles efectos de la exposición ambiental, aunque no permiten atribuir automáticamente todas las enfermedades de la población a la contaminación del río.

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El Atoyac también recibe descargas tóxicas

En Puebla y Tlaxcala, el río Atoyac es uno de los casos más preocupantes por la combinación de descargas industriales, aguas residuales municipales y contaminantes provenientes de actividades agrícolas.

Entre las fuentes de contaminación de su cuenca se encuentran industrias textiles, automotrices, químicas, metalúrgicas y de bebidas. Los procesos de lavado y teñido de mezclilla destacan por el uso de sustancias químicas que pueden terminar en el agua cuando los residuos no reciben el tratamiento adecuado.

En febrero de 2015, un operativo de autoridades federales documentó descargas con materia orgánica, sólidos suspendidos, nutrientes y metales pesados. También detectó deficiencias en el tratamiento de aguas residuales y derivó en la clausura de nueve empresas durante las inspecciones.

El Atoyac, entre Puebla y Tlaxcala, recibe descargas industriales y aguas residuales que deterioran su calidad.

Las descargas municipales y las deficiencias en la operación de plantas de tratamiento también contribuyen al deterioro del río, que atraviesa zonas urbanas, industriales y agrícolas de ambos estados.

Investigaciones sobre la cuenca del Alto Atoyac han identificado contaminantes orgánicos, inorgánicos y microbiológicos, además de estudiar la exposición de habitantes a metales, plaguicidas y otros compuestos. Algunos trabajos han encontrado asociaciones con alteraciones en indicadores de salud, lo que refuerza la necesidad de mantener la vigilancia ambiental y epidemiológica.

Tula y Tijuana, otros ríos afectados

El río Tula, en Hidalgo, recibe aguas residuales urbanas e industriales de distintos municipios, mientras que el río Tijuana, en la frontera entre México y Estados Unidos, enfrenta problemas vinculados con descargas residuales y escurrimientos urbanos.

En el caso de Tijuana, investigaciones también han examinado la dispersión de gases, partículas y microorganismos al aire a partir de aguas residuales y materia orgánica. Estos procesos pueden extender los efectos de la contaminación más allá del cauce, aunque los riesgos dependen de las concentraciones detectadas y de las condiciones de exposición.

De acuerdo a la organización, la recuperación de estos ríos exige reducir la entrada de contaminantes, garantizar el funcionamiento de las plantas de tratamiento y mantener una vigilancia ambiental y sanitaria que permita evaluar los resultados a largo plazo.