Jueves 04 Junio 2026

Juan Villoro presentó Los héroes numerados en el Teatro del Complejo Cultural Universitario de Puebla, donde defendió al futbol no solo como un deporte que ocurre en la cancha, sino también como una experiencia que se construye desde la palabra, la crónica, la memoria y la imaginación.

El escritor, cronista y periodista mexicano compartió con lectores, estudiantes y aficionados una charla en la que el balón fue apenas el punto de partida. A partir de su nuevo libro, Villoro habló de la afición, los números en las camisetas, la Selección Mexicana, el Mundial 2026, el futbol femenino y su propia historia familiar.

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Pero uno de los momentos más significativos de la conversación llegó cuando recordó a los cronistas deportivos que marcaron su infancia y que, desde la radio, eran capaces de convertir un partido en una escena literaria.

Asocié desde muy niño el fútbol con la palabra gracias a los grandes locutores

Dijo Villoro, al explicar que antes de imaginarse como escritor ya había aprendido a emocionarse con las narraciones deportivas.

Juan Villoro presentó Los héroes numerados en el Teatro del Complejo Cultural Universitario
Juan Villoro presentó Los héroes numerados en el Teatro del Complejo Cultural Universitario

Para el autor, el futbol no se agota en los goles, las faltas, los estadios o los marcadores. También vive en la forma en que alguien lo cuenta. En la voz de los cronistas, dijo, el partido adquiere otra dimensión: se vuelve épica, memoria, suspenso, humor y relato compartido.

Villoro recordó especialmente a los narradores de radio, quienes estaban obligados a recrear el partido con recursos verbales, imágenes, exageraciones y ritmo. En esa tradición encontró una forma de entender el futbol como literatura oral.

Uno de los ejemplos que compartió fue el de Cristino Lorenzo, cronista que narraba partidos desde el Café Tupinamba, en el Centro de la Ciudad de México, porque estaba perdiendo la vista. A pesar de no poder ver el juego directamente, su capacidad verbal le permitía reconstruirlo para los oyentes.

Villoro comparó esa condición con la de Homero, quien, aun desde la ceguera, fue capaz de contar la Ilíada. Con esa referencia, el escritor subrayó que el valor de la narración no depende solamente de los hechos, sino de la potencia de quien los convierte en historia.

En otro momento, Villoro explicó que la palabra puede incluso completar una emoción que el propio acontecimiento no logró provocar. Para ello recordó una anécdota de Jorge Valdano, campeón del mundo con Argentina en México 1986, quien no pudo llorar después de la final, pese a la magnitud del momento.

Años después, Valdano escuchó la narración de Víctor Hugo Morales sobre aquel gol y fue entonces cuando la emoción apareció. “Las palabras lograron lo que no pudieron los hechos mismos”, expresó Villoro.

Esa frase sintetizó una de las ideas centrales de la charla: el futbol también necesita ser contado. La narración no es un simple acompañamiento del partido; puede transformar la experiencia, amplificarla y darle permanencia en la memoria.

Villoro habló de la afición mexicana, a la que consideró una de las más potentes del mundo.

Villoro también habló de Ángel Fernández, una de las voces más recordadas de la crónica deportiva mexicana. Recordó cómo, incluso cuando no pasaba nada en la cancha, el narrador podía construir una escena capaz de emocionar al público.

No ha pasado nada y tú ya estás emocionado por las palabras”.

Dijo Villoro después de recrear una narración llena de imágenes, tensión y expectativa.

Los héroes numerados, a decir del autor, no solo habla de futbolistas, camisetas o hazañas deportivas, sino de los símbolos que rodean al juego. Villoro explicó que los números en la cancha representan posiciones, pero también temperamentos y formas de estar en el mundo.

El 10, por ejemplo, se asocia con el talento y la conducción; el 9 con el rematador, el hombre del instante; el 1 con la soledad singular del portero. Así, el futbol se convierte también en un lenguaje de signos, personajes y destinos.

Villoro destaca la importancia del fútbol y la memoria.

Durante la charla, Villoro regresó varias veces a la relación entre futbol y memoria. Contó que su afición nació en la infancia, después del divorcio de sus padres, cuando los domingos se convirtieron en el día que pasaba con su padre. Tras varios intentos de convivencia, el estadio terminó siendo el lugar donde ambos encontraron una rutina común.

El lugar donde yo vi a mi padre más veces en la vida fue un estadio de fútbol”, recordó.

Esa experiencia personal le permitió explicar por qué el futbol tiene una fuerza emocional tan profunda para muchas personas. No se trata solamente del equipo al que se apoya, sino de las relaciones, ausencias, recuerdos y afectos que quedan ligados al juego.

Villoro también habló de la afición mexicana, a la que consideró una de las más potentes del mundo. Aseguró que, aunque la Selección Nacional no siempre ha respondido a las expectativas, el público mexicano ha construido una identidad propia alrededor de los mundiales.

“Si hubiera un mundial de públicos, México podría llegar a la final”, afirmó.

Sin embargo, también advirtió que esa relación entre la afición y la selección parece atravesar una etapa de desgaste. Dijo que existe un desencanto creciente, visible en abucheos, críticas y en la sensación de que la esperanza futbolística mexicana se ha sostenido más por la pasión de los aficionados que por los resultados deportivos.

La conversación también abordó el Mundial 2026. Villoro criticó que México tenga una participación reducida en la organización del torneo, pese a su tradición futbolística y a haber sido sede de dos mundiales históricos. Desde su perspectiva, el evento refleja una tendencia preocupante: convertir el futbol en un producto de élite.

“El deporte más popular del mundo es tratado como un producto de élite”

Señaló al referirse al costo de los boletos, la distribución de partidos y el peso de los intereses económicos.

Aun así, consideró que en México puede ocurrir algo valioso fuera de los estadios. Habló de exposiciones, debates, programas y actividades culturales que están llevando al futbol hacia temas como justicia, discriminación, comunidad indígena, diversidad sexual, ciencia, arte y memoria.

Para Villoro, esa discusión puede ser una de las aportaciones más relevantes del país en el contexto mundialista: pensar el futbol más allá del marcador.

Futbol femenino: la otra gran revolución del juego

Otro de los temas que marcaron la presentación fue el futbol femenino. Villoro lo describió como una de las transformaciones más importantes en la historia del deporte, porque durante demasiado tiempo se excluyó a la mitad de la población de una práctica que también le pertenecía.

Señaló que el futbol femenino ha recuperado aspectos que el futbol varonil ha ido perdiendo, como el juego limpio, la técnica, el sentido colectivo y la menor simulación. Incluso lanzó una recomendación provocadora para los futbolistas profesionales:

“Por favor, jueguen como mujeres, porque podrían jugar de manera mucho más limpia”.

La presentación cerró con preguntas del público sobre futbol, política, atletas de alto rendimiento y la posibilidad de nuevos campeones del mundo. Villoro respondió con humor, crítica y referencias culturales, fiel al tono que atravesó toda la charla.

Al final, Los héroes numerados fue presentado no solo como un libro sobre futbol, sino como una invitación a mirar el juego desde sus relatos: los que nacen en la cancha, los que se escuchan por la radio, los que se escriben en la crónica y los que cada aficionado guarda en su memoria.

En el Teatro del CCU, Juan Villoro recordó que el futbol se juega con los pies, pero también con la voz. Porque un partido puede terminar en 90 minutos, pero cuando alguien lo cuenta bien, sigue ocurriendo mucho tiempo después.