12 Julio 2026

A pesar de una semana marcada por las lluvias, 788 personas asistieron a las siete funciones gratuitas del XXI Festival de Monólogos Teatro a Una Sola Voz 2026, realizadas del 3 al 9 de julio en la Sala Teatro Luis Cabrera de la Casa de la Cultura “Profesor Pedro Ángel Palou Pérez”, en Puebla.

La respuesta del público confirmó no solamente el interés por las artes escénicas, sino también la capacidad del teatro unipersonal para dialogar con problemas sociales, experiencias íntimas y conflictos que atraviesan al país.

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Cada función ofreció una experiencia distinta. El escenario se transformó en un salón de clases, una nave espacial, una granja marcada por las desapariciones, un territorio amenazado por el despojo y un espacio de reconciliación con la identidad propia.

Un festival construido desde el diálogo

Teatro a Una Sola Voz forma parte de una iniciativa federal que impulsa la circulación de montajes unipersonales por 21 sedes del país, organizadas en los circuitos Norte, Centro-Occidente y Centro-Sureste.

Una de las cualidades del encuentro se encuentra en su proceso de selección. Representantes de las entidades participantes analizan y defienden las propuestas dentro de la Red Nacional de Teatro, en un ejercicio de diálogo y curaduría colectiva.

En estas deliberaciones aparecen coincidencias, diferencias y tensiones. Lejos de debilitar al proyecto, las discusiones revelan su vitalidad y la capacidad de sus integrantes para argumentar sobre el valor artístico, social y escénico de cada montaje.

La realización del festival en Puebla fue posible mediante la colaboración entre el Gobierno Federal, el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura y el Gobierno del Estado, a través de la Secretaría de Arte y Cultura.

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Hablar de la menstruación sin miedo ni silencios

La programación comenzó con En nombre de la Mancha, de la compañía De la Mancha Teatro Ilustrado, protagonizada por Valeria Estrella, con autoría de Felisa A. Vargas y dirección de Nohemí Espinosa.

La obra, una de las más respaldadas durante el proceso de selección, aborda el momento en que una adolescente experimenta por primera vez su periodo menstrual.

El montaje se aproxima a la perplejidad, el temor y el descubrimiento que acompañan a esa experiencia, pero lo hace desde el humor y la alegría, sin ignorar el dolor físico ni el estigma social que todavía rodea a la menstruación.

 

Uno de sus momentos más entrañables ocurre cuando la protagonista presenta al público el material que elaboró en la escuela para explicar el ciclo menstrual. Con ayuda de un mandil bordado que representa los órganos genitales femeninos, la exposición escolar se mezcla con escenas oníricas y surrealistas.

El resultado es una obra sensible, divertida y necesaria en un país donde el machismo, los prejuicios y los silencios alrededor del cuerpo de las mujeres todavía ocupan un lugar relevante.

El fin del mundo y el temor a decir quién se es

La segunda jornada presentó 2012: El mundo se va a acabar, del Grupo de Teatro Dionisio, escrita y protagonizada por Juan Pablo Hernández Salcedo, bajo la dirección de Juan Carlos Ramírez Ruíz.

El protagonista es un astronauta que recuerda el miedo que experimentó durante su infancia cuando escuchó que una supuesta profecía maya anunciaba el fin del mundo en 2012.

Aquella advertencia de los adultos se convirtió en una angustia que lo acompañó durante años. Sin embargo, el verdadero conflicto del personaje no está en la posibilidad de una catástrofe planetaria, sino en la culpa por no haber tenido el valor de decirle a su abuelo, la persona que más quería, que era gay.

La obra es entrañable y profundamente divertida. El relato está atravesado por referencias a la década de los noventa que buena parte del público reconoció con alegría: objetos, programas, costumbres y preocupaciones que, vistas desde el presente, pueden resultar nostálgicas, absurdas o inquietantes.

Entre ellas aparece el uso indiscriminado de aerosoles y otros hábitos globales que contribuyeron al deterioro de la capa de ozono.

Aunque el protagonista cuestiona constantemente su valentía, el público termina por comprender que un hombre a punto de viajar al espacio es indudablemente valiente. También lo es quien se atreve a revisar su pasado, reconocer sus temores y nombrar aquello que durante años permaneció oculto.

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Una granja atravesada por las desapariciones

Desde Baja California llegó La tragedia de la gallina, de la compañía Voces en Órbita, protagonizada por Gonzalo García González. La obra fue escrita por Herbey Rayas y dirigida por el propio autor junto con Alexis Escobell.

El montaje sorprendió por su ritmo vertiginoso y por una trama cercana a la novela negra. La historia remite por momentos a Rebelión en la granja, pero su universo podría describirse también como una granja de desapariciones.

La ficción alude a uno de los problemas más dolorosos y urgentes de México: la desaparición de personas.

Gonzalo García González construye numerosos personajes mediante cambios de voz, postura, ritmo y corporalidad. Su interpretación mantiene al público al borde de la butaca y demuestra que una sola presencia puede convertirse en una multitud.

La puesta en escena también destaca por su complejidad técnica y narrativa. El espacio cambia constantemente y permite construir distintos escenarios dentro del mismo escenario, sin interrumpir la velocidad de la historia.

La obra dejó al público sorprendido tanto por la calidad de la ejecución como por su capacidad de abordar un tema angustiante sin recurrir a una representación convencional.

 

Reírse del racismo para reconciliarse con la identidad

El público también recibió Misky, propuesta de Tochtli–Estudio Nómadx y Gestus Humor y Artes Escénicas, interpretada por Hilda Ivette Tovar Ventura, quien comparte la autoría con César Augusto García Padilla, responsable también de la dirección.

Cuando parecía que el festival ya había mostrado buena parte de las posibilidades del teatro unipersonal, Misky irrumpió en el escenario mediante el lenguaje del clown.

La obra mantuvo al público entre carcajadas de principio a fin, aunque su comicidad nunca fue superficial. Detrás de cada gesto y situación absurda surgieron reflexiones sobre el racismo, los prejuicios, la discriminación y la vergüenza que puede producir vivir en una sociedad que rechaza aquello que considera distinto.

Misky es una payasa que intenta comprender por qué el mundo la excluye y por qué ella misma ha aprendido a avergonzarse de quien es. Desde la frescura, la irreverencia y la ternura, el personaje emprende un proceso de reconciliación con su identidad y con su historia.

La puesta en escena también propone reconocernos como producto de la modernidad y, al mismo tiempo, como herederos de los pueblos originarios.

Su principal virtud consiste en llevar al público hacia una reflexión profunda sin abandonar el juego, la espontaneidad ni la risa.

 

La inesperada posibilidad de la paternidad

La compañía Cero y Uno presentó Emilio en las nubes, protagonizada por Carlos Cortés, con texto de Hasam Díaz Hierro y dirección de Fernando Yralda Alonso.

El montaje ofrece una mirada íntima a los temores, transformaciones y alegrías relacionadas con la paternidad.

El personaje revisa distintos momentos y decisiones de su vida desde una postura que parece mantenerse alejada de cualquier deseo de convertirse en padre. Sin embargo, la obra conduce al público hacia un instante inesperado, cuando pronuncia en voz baja el nombre del hijo que podría tener.

Ese gesto modifica la percepción del relato. La paternidad deja de ser una posibilidad abstracta y se convierte en una experiencia íntima que desconcierta al personaje y lo obliga a observarse desde otro lugar.

El despojo territorial contado desde la poesía

La cartelera continuó con Tierra sagrada, de Ch’i'ibalil Colectivo Escénico, interpretada por Jesús Padrón, con autoría de Janil Uc Tun, textos del propio Padrón y dirección de Alejandra Argoytia.

La obra construye una reflexión íntima y poética sobre un joven que atestigua la transformación de su entorno y de su territorio.

Poco a poco, el avance de una idea particular de modernidad despoja a las comunidades de sus tierras, sus árboles y su agua.

En lugar de presentar un discurso abstracto sobre el deterioro ambiental, el montaje muestra cómo el despojo modifica la vida cotidiana, la memoria y la relación de las personas con el lugar al que pertenecen.

 

La tierra deja de ser únicamente un espacio físico y aparece como herencia, identidad y memoria colectiva.

Tierra sagrada tocó el corazón del público porque convirtió un problema político y social en una experiencia profundamente humana. La obra recordó que los conflictos relacionados con la privatización del agua y la pérdida de los territorios no son asuntos lejanos, sino procesos actuales que transforman comunidades enteras.

Los abuelos fuera de la idealización

El festival concluyó con Los viajes del abuelo, de Proyecto Teatro Solar, protagonizada por Iván Tonaltzi Mondragón y escrita y dirigida por Mónica Álvarez.

En la obra, un joven reconstruye la figura del patriarca familiar a través de las historias que le contaba su abuela.

En un primer momento, el montaje parece construirse como un homenaje nostálgico. Sin embargo, conforme avanza el relato, el público descubre que el abuelo estaba lejos de ser una figura ejemplar.

La puesta en escena evita la idealización y cuestiona la forma en que las familias construyen, modifican y transmiten sus recuerdos.

En el fondo, el relato termina por convertirse en un reconocimiento a las abuelas y a las mujeres que, en numerosos casos, permanecieron solas al frente de familias extensas.

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El verdadero legado no se encuentra necesariamente en el patriarca recordado, sino en la mujer que preservó las historias, sostuvo a la familia y enseñó a las nuevas generaciones a mirar el pasado con cariño, pero también con sentido crítico.

Además de recibir las siete funciones, Puebla tuvo presencia en el circuito nacional con Riñón, una comedia enferma, escrita, dirigida e interpretada por Vanessa Nieto Terrazas.

La producción de FLOP Producciones y Las Gramelots fue seleccionada para presentarse en Michoacán, Guanajuato, Zacatecas, Aguascalientes, Jalisco y Colima.

Su inclusión permitió que Puebla no solamente participara como sede, sino también como estado productor de una propuesta escénica que circuló por otras regiones del país.