El sociólogo poblano Luis Martínez Andrade sostiene que el balón sirve para comprender fenómenos como la identidad, la desigualdad, el racismo, la migración, el capitalismo y la pérdida de los espacios públicos. Bajo esa mirada escribió Fútbol y Teoría crítica. Ilusiones del balón y del sujeto abstracto. También puedes leer: Puebla tendrá una nueva escuela de cine con Licenciatura en Cinematografía En entrevista para El Popular, periodismo con causa, el académico cuenta que antes de estudiar el fútbol desde la sociología y la teoría crítica, conoció este deporte de la mano de su padre, que lo llevaba al Estadio Cuauhtémoc durante los años en que el Puebla alcanzó uno de los momentos más importantes de su historia.
Se refería al equipo que conquistó el campeonato de liga de la temporada 1989-1990, con figuras como Pablo Larios, Carlos Poblete y Jorge Aravena.
El Atlético Bolchevique, futbol y políticaDurante su infancia acudió con frecuencia al también llamado Coloso de Maravillas. El estadio se convirtió en un espacio de convivencia familiar, construcción de identidad y admiración por jugadores que marcaron a una generación.
Su relación con el balón no quedó en las tribunas. Jugó durante la niñez y la adolescencia e incluso formó parte de las fuerzas básicas de las Águilas de la UPAEP. En 1997, junto con amigos, creó un equipo llamado Atlético Bolchevique, nombre con el que buscaban combinar el juego con sus inquietudes políticas y sociales.
Esa cercanía le permitió desconfiar de las explicaciones que presentan el fútbol únicamente como una forma de entretenimiento o como un mecanismo para distraer a las masas. También cuestionó el desprecio de una parte de la intelectualidad hacia este deporte.
Para Martínez Andrade, esa interpretación es insuficiente. El fútbol puede ser utilizado por gobiernos, empresas y dirigentes, pero también puede generar comunidad, memoria, organización y resistencia. Por ello propone estudiarlo desde sus contradicciones y no mediante una oposición simple entre quienes lo celebran y quienes lo condenan. ¿Quién es Luis Martínez Andrade?Nacido en Puebla en 1981, Martínez Andrade es doctor en Sociología por la École des Hautes Études en Sciences Sociales de París. Sus líneas de investigación incluyen la sociología de la religión y la cultura, la teoría crítica, la ecología política, el marxismo latinoamericano y el pensamiento descolonial. También ha publicado libros sobre teología de la liberación, ecología y feminismos del sur. Su estancia en Francia y Bélgica, donde actualmente reside, amplió su mirada sobre América Latina. El desplazamiento, explicó, no fue solamente geográfico, sino también intelectual: en Europa se descubrió como latinoamericano y encontró puntos de unión con personas originarias de Brasil, Perú, Colombia y otros países.
Un libro nacido durante el confinamientoEl detonante de Fútbol y Teoría crítica ocurrió durante la pandemia. Mientras permanecía confinado en Bruselas, Martínez Andrade comenzó a publicar en Facebook pequeñas historias que relacionaban el fútbol con la política, la filosofía y distintos acontecimientos históricos.
Las publicaciones comenzaron a ser compartidas por amigos, aficionados e investigadores. Uno de ellos le sugirió reunirlas en un volumen. A partir de ese momento, el autor comenzó a conectar los relatos y a construir una obra con un hilo basado principalmente en la Escuela de Frankfurt, el marxismo y el pensamiento crítico latinoamericano.
Cuando presentó el manuscrito a su editor, Paco Gómez, la respuesta confirmó que el libro podía interesar incluso a quienes no siguen partidos ni conocen estadísticas.
La obra utiliza historias breves para mostrar al fútbol como un terreno atravesado por relaciones mercantiles, disputas políticas y momentos de emancipación. Una de las reseñas del libro destaca precisamente que Martínez Andrade reconoce tanto la identidad popular del juego como sus contradicciones, sin romantizarlo ni reducirlo a un producto comercial. El fútbol callejero: jugar también es resistirPara el sociólogo, la expresión más auténtica del fútbol popular se encuentra en la cascarita, la reta, el llano y las ligas de barrio. Son partidos donde las reglas pueden adaptarse al espacio disponible, los equipos no siempre tienen el mismo número de jugadores y el resultado puede definirse con un sencillo “gol gana”.
En esas partidas no siempre era necesario contar con un balón profesional. Bastaban una pelota gastada, un bote o cualquier objeto que pudiera patearse para comenzar el juego. Sin embargo, esa experiencia es cada vez menos frecuente. La inseguridad, el crecimiento de los automóviles, la instalación de rejas y la privatización de calles y canchas han reducido los lugares donde las niñas y los niños pueden jugar libremente.
El despojo del espacio público no es solamente físico. También implica transformar una actividad espontánea en un servicio que debe pagarse. Donde antes bastaba cerrar una calle o utilizar un terreno, ahora proliferan las canchas privadas que se rentan por hora. El fútbol llanero sobrevive como un punto de encuentro semanal. Reúne a trabajadores, familias, jóvenes y personas mayores; activa pequeños comercios, fortalece amistades y conserva historias compartidas. En ese sentido, puede funcionar como la escuela, el mercado o la plaza: una institución social construida desde la vida cotidiana.
Esas contradicciones aparecen cuando el político entrega uniformes a cambio de apoyo, cuando grupos particulares controlan las canchas públicas, cuando el pago de arbitrajes se convierte en negocio o cuando un equipo contrata jugadores profesionales y “cachirules” únicamente para ganar un campeonato. El fútbol popular, por tanto, no está libre de las relaciones de poder que existen fuera de la cancha. Puede fortalecer la comunidad, pero también reproducir el clientelismo, la desigualdad y la obsesión competitiva del fútbol profesional. Martínez Andrade recordó que algunos clubes sudamericanos surgieron como espacios creados por trabajadores y migrantes. Además de practicar deportes, sus integrantes organizaban círculos de lectura, hablaban de derechos laborales y promovían formas de autogestión. Experiencias como la Democracia Corinthiana, encabezada por el futbolista brasileño Sócrates, muestran que un equipo puede convertirse en un espacio de participación política y resistencia frente al autoritarismo. Este episodio forma parte de los ejemplos recuperados en el libro.
El fútbol arrebatado: del estadio a los algoritmosEl sociólogo sostiene que la mercantilización ha alejado a las clases populares de los estadios mediante el aumento de precios, la venta de derechos exclusivos y la transformación de los partidos en productos globales. En una entrevista reciente señaló que, durante las últimas décadas, el neoliberalismo convirtió el fútbol en un deporte cada vez más inaccesible para quienes originalmente le dieron vida. La contradicción se vuelve más evidente durante la Copa Mundial de 2026, organizada por México, Estados Unidos y Canadá. Mientras la FIFA presenta el torneo como una celebración capaz de unir al mundo, persisten las desigualdades económicas entre las sedes, las restricciones migratorias y las dificultades para que el público común compre una entrada.
El despojo también alcanza a las transmisiones. Los encuentros que antes podían observarse en televisión abierta ahora se distribuyen entre canales de paga y plataformas digitales.
“La mayoría de lo que nos presentan las redes sociales es una banalización. Es el guiño de Messi o cualquier mensaje simplemente para hacer esto del TikTok”, sostuvo. Cuando todo se convierte en contenido, la experiencia colectiva corre el riesgo de quedar subordinada a las imágenes que generan más reacciones. La discusión ya no está determinada solamente por lo ocurrido en la cancha, sino por los fragmentos que seleccionan las plataformas y sus algoritmos.
A pesar de ello, el fútbol conserva una fuerza difícil de eliminar. Incluso entre sospechas sobre arbitrajes, sorteos y decisiones de la FIFA, las audiencias continúan observándolo porque esperan la jugada inesperada, la derrota del favorito o el instante en que un equipo pequeño pueda vencer al poderoso. En esa esperanza se encuentra la principal contradicción del balón: puede ser mercancía y comunidad, alienación y resistencia, negocio y memoria popular. El fútbol, concluye la mirada de Martínez Andrade, no pertenece exclusivamente a quienes administran los torneos, sino también a quienes todavía colocan dos piedras como porterías y salen a disputar la calle.
Publicado en 2022 por la editorial española La Vorágine, el libro tiene 216 páginas, reúne 24 ensayos breves. En sus capítulos aparecen momentos del fútbol soviético, la Democracia Corinthiana de Brasil, la guerra de Yugoslavia, Diego Maradona y experiencias de países como Marruecos, Francia, Italia, Colombia y El Salvador. La presentación de Fútbol y Teoría crítica. Ilusiones del balón y del sujeto abstracto se realizará este viernes 17 de julio de 2026, a las 18:00 horas, en El Realengo, avenida 15 Poniente 106. |