Lunes 10 Junio 2019

El español Rafael Nadal conquistó este domingo su duodécimo título de Roland Garros, al derrotar al austriaco Dominic Thiem, por 6-3, 5-7, 6-1 y 6-1, y se convirtió así en el jugador que más veces ha repetido triunfo en un mismo Grand Slam.

Quince años después de su primera victoria sobre la tierra batida de París, Nadal necesitó de tres horas y 1 minuto para escribir una nueva página de su legendaria historia.

Con este triunfo, el español supera a la australiana Margaret Court, que había ganado once veces el Abierto de Australia entre 1960 y 1973.

Recién cumplidos los 33 años, Nadal suma ya 18 títulos de Grand Slam, dos menos que el suizo Roger Federer, el hombre récord en este apartado, tres más que el serbio Novak Djokovic, tercero en la carrera de los grandes.

El español conquistó su duodécima Copa de los Mosqueteros ante Thiem, el mismo rival del año pasado, el tenista que todos describen como su heredero, por lo bien que se mueve sobre la tierra batida.

Si el año pasado no logró arrancarle un set, en esta ocasión el austriaco demostró que ha dado un paso más para acercarse al rey de la tierra y se apuntó una manga. Su tenis ha cobrado peso y solidez, como demostró en semifinales al vencer a un Djokovic que luce el número 1 del mundo.

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Pero Thiem aún está lejos de un Nadal que sobre la pista central de París cobra una dimensión casi mística. Su tenis es sublime, controla todos los elementos del juego y, como demostró en semifinales contra Federer, es capaz de domesticar hasta a un vendaval.

Nadal ha dejado su huella en tres lustros de este torneo, donde solo ha perdido 2 veces y ha ganado 93 encuentros. Sobre el ocre parisiense, el español amargó a Federer, detuvo las embestidas de Djokovic y ahora parece frenar la ambición de Thiem. Su reino no conoce rival.

Como el año pasado, Thiem entró con brío, deseoso de tratar de tú a tú al dueño del lugar. De su raqueta salía dinamita, respondida por la pólvora del español, lo que se plasmó en una primera manga intensa y lúcida. Nivel de diez, dos titanes con armas diferentes, cada uno poniendo sobre la arena sus mejores argumentos.

Fiel aprendiz de su maestro, el austriaco pareció Nadal por momentos. Devolvía esas bolas que normalmente sirven para ganar un punto. ¿Qué hay que hacer para ganar a este monstruo?, debía preguntarse el pupilo de Nicolás Massú, que acababa de desplegar un gran tenis y se veía ya con el agua al cuello.

Ante una grada dividida entre quienes querían ver crecer todavía más el mito y los que pedían a gritos el traspaso de poderes, Thiem varió la estrategia. Puntos más cortos que sostuvieron el empuje del español en un segundo set más calmado.

Nadal bajó el pistón y se vio sorprendido en el duodécimo, en el que cedió el servicio y el set. El primero que le arrebataba Thiem en cuatro duelos en París. El primero que perdía el español en una final en Roland Garros desde 2014.

Así no es fácil reengancharse, sobre todo cuando al otro lado no se nota ni una grieta. Nadal veía ya, junto a Rod Laver la copa que ha ganado más que nadie y sus ganas de levantarla fueron en aumento. Solo faltaba ir a recogerla y el español puso la directa.