Jueves 27 Agosto 2026

La noticia del fallecimiento de Yayoi Kusama se hizo oficial apenas ayer, aunque la artista japonesa murió el pasado 14 de agosto de 2026 en Tokio, a los 97 años, debido a un fallo multiorgánico. Por protocolo japonés, la confirmación se retrasó, pero su partida ya marca un cierre definitivo a una de las trayectorias más influyentes del arte contemporáneo.

Kusama fue conocida como la “reina de los lunares”, una creadora que transformó la repetición, los espejos, las calabazas y el infinito en un lenguaje visual propio que trascendió museos y galerías para convertirse en un fenómeno cultural global. Sus instalaciones inmersivas, especialmente las Infinity Mirror Rooms, anticiparon la fascinación actual por el arte pensado para ser vivido y fotografiado, y atrajeron a nuevas generaciones a los museos.

Yayoi Kusama, la “reina de los lunares”, falleció en Tokio a los 97 años.

Su historia comenzó en Japón, en una familia vinculada al comercio de semillas. Desde niña dibujaba obsesivamente, aunque su madre desaprobaba su vocación artística. Estudió pintura tradicional en Kioto, pero pronto rompió con las estructuras académicas y empezó a desarrollar los motivos que definirían su obra: lunares, redes infinitas, flores y repeticiones.

A finales de los años cincuenta emigró a Estados Unidos, primero a Seattle y después a Nueva York, donde encontró una escena experimental que le permitió expandir su lenguaje. Allí creó sus célebres Infinity Nets, grandes lienzos de pinceladas repetitivas que parecían extenderse sin fin. Su contacto con artistas como Georgia O’Keeffe, con quien mantuvo correspondencia, fue clave para consolidar su camino.

El arte de Kusama dialogó con el pop art, el minimalismo, el surrealismo y el feminismo, pero siempre mantuvo un universo profundamente personal. Sus obsesiones se convirtieron en símbolos reconocibles: los lunares que cubrían cuerpos y superficies, las calabazas convertidas en íconos pop, los espejos que multiplicaban el espacio y la idea de la desaparición del individuo dentro de un entorno infinito.

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En los años setenta regresó a Japón y decidió ingresar voluntariamente en un hospital psiquiátrico de Tokio, donde vivió durante décadas. Su estudio, cercano al centro, fue el lugar donde siguió pintando, escribiendo y creando instalaciones. Para Kusama, el arte fue también una forma de canalizar sus obsesiones y transformar su experiencia personal en un lenguaje creativo.

Su influencia alcanzó la moda y el diseño. La colaboración con Louis Vuitton llevó sus lunares y motivos psicodélicos a bolsos, prendas y accesorios, demostrando que su universo visual podía trasladarse del museo al objeto de deseo.

Pie de foto: Yayoi Kusama llevó sus lunares y motivos psicodélicos al mundo de la moda en colaboración con Louis Vuitton.

A lo largo de su carrera recibió reconocimientos como el Asahi Prize en 2001, la Orden de las Artes y las Letras de Francia en 2003, la Orden del Sol Naciente en 2006 y el Praemium Imperiale ese mismo año, convirtiéndose en la primera mujer japonesa en obtenerlo. Sus obras forman parte de colecciones en instituciones como el MoMA de Nueva York, el Tate Modern, el Centre Pompidou, el Stedelijk Museum y el Museo Nacional de Arte Moderno de Tokio.

Yayoi Kusama fue artista antes que icono, pero terminó siendo ambas cosas. Sus calabazas se transformaron en símbolos pop, sus lunares pasaron de los lienzos a la moda y sus instalaciones inmersivas marcaron un antes y un después en la cultura visual contemporánea. Con su muerte, se cierra un capítulo, pero su legado seguirá multiplicándose como sus espejos infinitos.

Las calabazas de Yayoi Kusama, convertidas en uno de sus símbolos más reconocibles, se transformaron en íconos pop que trascendieron museos y galerías.