Las palabras y actitudes que los niños absorban de los adultos que los cuidan son las que determinarán, a largo plazo, su autoestima, la cual les ayudará a relacionarse con otras personas. Demuéstrale amor incondicional y atención. Esto no quiere decir que tengas que estar al tanto de lo que exigen cada hora, sino hacerlo entender, cuando lo percibas un poco solitario o triste, que estás ahí para cuidarle. Déjale cometer errores y aprender de ellos. Apurarlo a aprender algo que le cuesta trabajo sólo le causará ansiedad. En lugar de ello, procura que entienda poco a poco. Esto servirá para que se haga metas alcanzables. Ofrécele palabras de aliento. A ningún niño le gusta perder o que le recuerden que una prueba le salió mal. En lugar de eso, anímale a continuar y a reponerse. Corrige sus errores desde el cariño, con paciencia y sin gritos. Esto no significa que no debas poner límites o una voz firme cuando lo quieran, pero debes ser más considerado y antes de cualquier cosa, preguntar qué o quién lo empujó a hacer tal cosa. Ponle límites claros y consistentes. Cuando lo amenaces que se quedará sin cenar por no hacer la tarea a tiempo, y al final lo obligas a cenar, es una inconsistencia fatal que, a la larga, desacreditará todo lo que digas. Lee: Cuidado de los autos híbridos, alarga la vida de tu vehículoNo exageres tus halagos y sé concreto. Incluso los niños ven cuando un adulto sólo es amable por conveniencia, por lo que no es necesario que le repitas todo el día lo inteligente o buen deportista que es, sino que cuando te enseñe un nuevo truco con la pelota o un dibujo que él hizo, valora el esfuerzo, no el resultado. Respétalo y trátalo con delicadeza. Si quieres que ellos te respeten, simplemente debes poner el ejemplo. No esperes que el niño diga “por favor” y “gracias” si tú jamás le pides ni agradeces cuando lo llamas para hacer algo. Celebra sus cualidades y nunca lo compares o lo etiquetes. Cada niño es único y sólo por eso vale mucho como persona. Haz que se sienta importante en el grupo, ya sea en la familia o la clase. De vez en cuando decir: “si no estuvieras aquí, no sé quién me ayudaría con esto” o “sus compañeros harían demasiado trabajo si no estuvieran unidos”. Dedícale parte de tu tiempo en exclusiva. Evita que tu teléfono suene a cada rato y los interrumpa cuando estés jugando con él o ayudándolo en sus deberes.
Fomenta su autonomía. Dale responsabilidades y deja que tome sus decisiones. |