¿De dónde viene el problema del comercio informal en la ciudad de Puebla?

Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, los vendedores ambulantes en Puebla llegaron a ser hasta 115 mil personas

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Desde que el Ayuntamiento comenzó a construir mercados municipales inició el problema de comercio informal, por la necesidad de la ciudadanía de conseguir insumos. 

A partir de los primeros gobiernos que implementaron espacios exclusivos para el mercado, se comenzó a etiquetar a vendedores informales e informales, ya que sólo un grupo reducido de comerciantes podía pagar una “plaza” o espacio para comercializar, bajo el permiso de autoridades municipales. 

El historiador David Ramírez Huitrón de Puebla Antigua nos contó que uno de los primeros mercados que se crearon en la ciudad fue precisamente para darles un lugar fijo a los vendedores ambulantes de la época, quienes se colocaban en el zócalo de la ciudad. 

Una pintura de Agustín Arrieta retrata la existencia de mercados alrededor del Zócalo, por el año 1850. A partir de cuatro años, el exconvento de Santo Domingo, gestionado por frailes domínicos, se estableció el primer mercado que hoy conocemos como Plaza Victoria. 


Fotografía: David Ramírez Huitrón

Después del conflicto de la Guerra de Reforma, el Ayuntamiento recibió el terreno expropiado para un mercado definitivo. Es decir en este punto de la historia, los comerciantes dejaron de pagar la renta de los terrenos que ocuparon a los frailes y comenzaron a pagarle al Ayuntamiento.

Sin embargo, quienes no contaban con el sustento económico para poder ser parte del sistema municipal fueron catalogados como informales o vendedores ambulantes, y este sector continuó creciendo y el Ayuntamiento tuvo que buscar nuevas soluciones. 

“Por este conflicto, el Ayuntamiento resolvió en 1858 derribar la capilla del Capítulo, que era la gemela de la Capilla del Rosario, para abrir el paso de la huerta por la 5 de Mayo, aunque en ese entonces la calle 5 de Mayo no se llamaba así, se llamaba Calle de Santo Domingo,” explicó el historiador.

Con el pasar del tiempo los ambulantes se han adaptado a los gobiernos que llegan para conservar sus pequeños espacios en las calles.

Y es que, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) los vendedores ambulantes en Puebla llegaron a ser hasta 115 mil personas al cierre del primer trimestre del 2020, lo que convirtió a Puebla como el cuarto estado con mayor número de trabajadores dedicados a esta actividad económica.

La cifra de vendedores ambulantes crece anualmente. En los tres primeros meses de 2020, la fuerza de comerciantes que generalmente se encuentran en la vía pública aumentó 0.87 por ciento en comparación a los 114 mil que se tenían registrados en el mismo periodo del 2019. 

La lista de entidades con más personas dedicadas a esta actividad la encabeza Estado de México con 345 mil; le sigue Veracruz con 174 mil ambulantes y en tercer sitio aparece la Ciudad de México con 150 mil trabajadores.

El ambulantaje no sólo es una tradición de siglos, también existen grupos organizados que se formaron por la acción violenta de gobiernos contra ellos. Como sucedió en la gestión del gobernador interino Gonzalo García O’Farril (1972-1973), que provocó las alianzas para formar la Unión Popular de Vendedores Ambulantes 28 de Octubre, cuyos cuarteles se encuentra en el Mercado Unión. 


Fotografía: David Ramírez Huitrón 

En esta época, destacan diversas acciones para que el Gobierno Estatal se apropie de tierras en el Centro Histórico, así como municipios aledaños con las reformas de modernización del país. Asimismo, se presentaron manifestaciones masivas en contra del aumento de las tarifas del transporte y otros servicios básicos.

En este sentido, el doctor Anselmo Salvador Chávez, economista de la Escuela de Negocios de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (Upaep), señaló que los vendedores ambulantes o informales generan daños en la economía local, pues los comerciantes de este sector no registran sus ingresos; es decir, a pesar de que éstos tienen sus propios gastos es complicado calcular a detalle el ingreso que le merman a una localidad. 

Los daños más palpables o visibles se notan en lugares donde los comerciantes se encuentran uno a uno con los comerciantes que trabajan de manera formal, pues al ofertar precios más económicos, el usuario no consume en los puestos o tiendas formales, generando una pérdida.


Pero ¿por qué afectan estas acciones?

Según el especialista, para entender al comercio informal hay que explicar el funcionamiento del formal, entender que los comercios formales tienen gastos fijos como la luz, renta, sueldos e impuestos. 

Por otro lado, un ambulante a pesar de que es bien sabido que paga el uso del espacio en el que está, dicho pago no está registrado, por lo que está entrada de dinero no se registra a las arcas del Ayuntamiento, sumado al hecho de que la mayoría de los productos pueden ser de una procedencia ilícita y el nulo pago de impuestos.

Juan José Ayala, presidente del Consejo de Comerciantes del Centro Histórico, comentó que la problemática con los ambulantes no se ha controlado en su totalidad; incluso, consideró que ningún alcalde a la fecha ha controlado al comercio informal.

“Los vendedores ambulantes generan mermas económicas en los comercios establecidos del centro, pues al colocarse tan cerca, ofertan sus productos más económicos lo que genera que el cliente opte por el segundo sin importar la procedencia o si es un producto original”, dijo. 

Aclaró que con la llegada de la pandemia se notó más la desigualdad y la nula autoridad que existe entre ambos tipos de vendedores, pues los locatarios formales se vieron en la obligación de bajar sus cortinas por órdenes del decreto del gobernador Miguel Barbosa para mitigar los contagios del Covid-19, mientras que los vendedores ambulantes continuaron sus ventas en distintos puntos del Centro Histórico.

“En las últimas cuatro administraciones anteriores, hubo mayor control, no te digo que se acabó con el problema”, dijo. 

En el caso de la alcaldía de Enrique Doger Guerrero (2005-2008) se adquirió un terreno para construir el Mercado de Sabores. Cuando Mario Marín fue alcalde de Puebla (1992-2002) se gestionó unos mercados, que luego se convirtieron en centrales de autobuses en el Centro Histórico, pero al comercio ambulante no se les obligó a migrar ahí. 

En la gestión de Blanca Alcalá (2008-2011), se gastó hasta 25 millones de pesos para el llamado Mercado Ferrocarriles, así como un mercado más a un costado que hoy en día es la estación del Tren Turístico a Cholula; sin embargo, no se logró que ambulantes de la zona dejaran las calles. 

En un ejercicio de verificación realizado por El Popular, los candidatos que buscan la alcaldía de la capital poblana no han presentado propuestas reales o que en realidad tengan un impacto sobre este sector comercial. 

Todos los candidatos aseguran que los apoyarán para que se vuelvan comerciantes formales; sin embargo, no explican el cómo lograr esto. Otro de los puntos que se repiten es el de reubicarlos; pero, tampoco explican en qué lugar o cómo lo negociarán con los vendedores.



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