Miércoles 09 de Diciembre de 2015 |
| CARLOS GÓMEZ A diferencia de lo logrado en el morenovallismo en cuestión de días después de la derrota electoral de junio pasado, al cerrar filas en torno a Antonio Gali Fayad, el gran reto para el PRI será conseguir la unidad. Desde el principio no hubo un control adecuado por parte de Ana Isabel Allende, dirigente estatal, del proceso interno y dejó crecer las aspiraciones de muchos priistas. De manera natural, y no por el trabajo de la dirigente estatal, a la fase final del proceso informal llegaron tres: Blanca Alcalá, Enrique Doger y Alberto Jiménez Merino. Sin embargo, ese descuido –o mejor dicho falta de capacidad- de Ana Isabel Allende provocó que sea más difícil lograr la unidad. Por una parte, están personajes como Juan Carlos Lastiri que prácticamente se salió del proceso interno para el 2016 pero está más que listo para competir para el proceso del 2018. Por otro lado, Alejandro Armenta Mier está más que listo para contender para el proceso del 2018 y debido a su triunfo electoral ya se perfila como una pieza electoral clave para intentar derrotar nuevamente a la estructura de Rafael Moreno Valle. Todo indica que si Enrique Doger no es nominado como candidato, entonces Alejandro Armenta entrará como el hombre clave para armar la estructura electoral de Blanca Alcalá para el 2016. El perfil de Alberto Jiménez Merino lo ubicará como el hombre conciliador en una posición clave de la estructura, pero el que tomará el lugar de comandante de la aguerrida estructura electoral priista. Alejandro Armenta Mier demostró que puede enfrentar a los mejores cuadros del morenovallismo. Ya lo hizo ante Mario Rincón. Sin embargo, lo que sigue inquietando al PRI será la postura de Enrique Doger en caso de que la decisión no le favorezca. Aunque, si las cosas se acomodan para el exdiputado federal y es el designado por el PRI para ser el candidato a la gubernatura, también necesitará del perfil de Alejandro Armenta para enfrentar a los morenovallistas. Por eso los siguientes días serán clave para tratar de conciliar intereses y armar una estructura coordinada con todos los aspirantes a la gubernatura para que cierren intereses en torno a su candidata o candidato. El PRI no puede arriesgarse a más fracturas, simulaciones o traiciones en pleno proceso electoral. Ese es la tarea de Ana Isabel Allende. Pero como no lo hará, entonces será desde el CEN como se tome las riendas del partido para evitar fracturas después de la nominación. El gran reto del PRI será lograr la unidad. De eso dependerán en gran medida las oportunidades del triunfo electoral. gomezcarlos79@ gmail.com |