Martes 29 de Diciembre de 2015
CARMEN BOULLOSA* Al cierre de este 2015, estamos entre dos de cuna. El Año Viejo no dio muestras de la sabidu­ría que se le atribuye al camino a la vejez, y no merece el nombre. Que­dó sin dar el paso maduro que ganaría nuestro aplauso. Dejo las conocidísimas tribulaciones colectivas que lo hicieron un año triste y difícil, de París a México (poco hace falta repetirlo) y sólo apun­to una del 2015. Los científicos del Smithsonian des­cubrieron que la Luna se está encogien­do debido a que las fuerzas de las mareas de nuestro planeta provocan que se com­prima. Los cambios no se producen por­que el centro ardiente de la Luna se esté enfriando –como se creyó al principio–, sino que los lunamotos (los terremotos lunares) con los que se va moldeando su superficie, resultan de reajustes genera­dos en el volumen del cuerpo del astro por los tirones de los mares de la Tierra. El brillo de la Luna queda marcado con un no sé qué de fragilidad, ilusorio por­que las transformaciones se han ido dan­do a lo largo de millones de años. Adiós Año Niño 2015, infante que traes a cuento a la venerada Nellie Organ, la irlandesa niña, la favorita de unas monji­tas en Cork, muerta a los 4 años en 1908 en la enfermería de la institución presi­dida por las religiosas, donde, además de huerfanitos, acogían a mujeres que se embarazaban afuera del matrimonio, o que la familia descartaba y requería mantuvieran confinadas. De las condiciones de esclavitud en que forzaban a estas mujeres, los mal­tratos y abusos, se ha dicho mucho. Su infierno salió a la luz pública cuando, por la compraventa de terreno de un conven­to por un descalabro en la Bolsa de unas religiosas (sí, señores, ya se sabe que cui­dar huerfanitos y mujeres en desgracia ha sido negocio de todo tipo de inescru­pulosos), se pactó un cambio de lugar de los cadáveres de su camposanto priva­do, y aparecieron más restos de los pre­vistos. Cadáveres sin nombre ni apelli­do, sin memoria. El Primer Ministro de Irlanda emi­tió en 2013 una disculpa por su compli­cidad en el maltrato a las víctimas: “En nombre del Estado, el gobierno y nues­tros ciudadanos, lamento profundamen­te y pido una disculpa sin reservas a las mujeres que sufrieron... por el daño cau­sado”. No pidió disculpas alguna orden religiosa (pero sí, por el mismo motivo, lo hizo una en Australia). Hasta el momento, se investiga cuál había sido el destino de los que nacieron en confinamiento, en especial se buscan 796 cuerpos de infantes en Galway, cuya existencia está documentada. La venerada niña Nellie Organ pasa­ba sus días en la enfermería de las mon­jitas. Por un mal congénito, no podía tenerse en pie o sentada por sí sola, ade­más llevaba tiempo con (posiblemente) tuberculosis, era de lo que había muer­to su mamá. La pobrecilla Nellie sufría todo el tiempo, y encima de ese conti­nuo dolor, tenía la mandíbula podrida por caries infectadas, la boca le hedía, las monjitas le echaban desinfectante para disminuir el mal olor, causándole vivos ardores, pero Nellie Organ no se queja­ba, sostenía un crucifijo en sus manitas y repetía “Pobre Santo Dios”. La santa Nellie sonreía siempre. Comulgó el día de su muerte. Murió, decían, dichosa. Las religiosas la creían ejemplar. La enterraron en un cementerio de la ciudad. Las monjitas pidieron su exhumación para llevar su cuerpo al cam­posanto del convento. La exhumaron al año de muerta. El cuerpo de Nellie Organ estaba intacto, era la prueba de su san­tidad. Se convirtió en una santa no ofi­cial. El Papa Pio X cambió la edad permi­tida para la Primera Comunión por ella. Autoridades eclesiales solicitan se exhume el cuerpo de la venerada Nellie Organ, y se trasporte al cementerio de las religiosas, pues ha quedado, entre los dimes y diretes, en el terreno de una institución bancaria. Anne Enright escri­be sobre esto para meditar sobre el uso político del cuerpo después de la muerte. Por último, mi deseo para el 2016: que les sea muy feliz, que las mayorías ten­gan acceso a buenas condiciones de vida, que los muertos en México descansen en paz. Desear siempre nos hace bien, y es muy necesario. * Escritora