Lunes 02 de Mayo de 2016
Carlos Gómez La guerra sucia está a todo lo queda. De la polarización ya se pasó a la agresión, las demandas penales, los enfrentamientos físicos, las detenciones de brigadistas, las denuncias penales ante la PGR, entre otras situaciones que enturbian el proceso electoral. Y a todo esto surge la pregunta: ¿y el árbitro electoral? El Instituto Electoral del Estado (IEE) carece de calidad moral para poder intervenir en la campaña, una vez que Ana Teresa Aranda demostró que su única tarea era intentar frenar su participación. Es evidente que a los consejeros electorales les falta capacidad, experiencia y toma de decisiones adecuadas para llevar un proceso electoral en apego a la ley. La guerra sucia ya es imparable y el Instituto Electoral no es capaz de poner orden en los equipos de campaña. Lamentablemente todo indica que después de la elección del próximo 5 de junio habrá impugnaciones al resultado porque ya no existen las condiciones de equidad y transparencia. Pese al respaldo que recibió del Instituto Nacional Electoral (INE), la realidad es que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación los exhibió una y otra vez porque sus acuerdos están mal hechos. Esa incapacidad de los consejeros electorales se refleja ahora en el enfrentamiento directo y sin tregua entre el candidato del PAN, Antonio Gali, y la candidata del PRI, Blanca Alcalá. Y no se diga el enfrentamiento entre los dos equipos de campaña de ambos candidatos que han tomado la campaña como un enfrentamiento personal de unos vs otros. Si el IEE no actúa pronto, el día del debate se vivirá una auténtica guerra de lodo y ojalá el tema no llegue a más. Las condiciones están dadas para que en cualquier momento se presenten actos de violencia electoral. El llamado pacto de civilidad alcanzado por los dos equipos de campaña quedó muy atrás y ahora la tónica de todos los días es la confrontación verbal, la amenaza, el ataque a través de redes sociales y no falta mucho para empezar a ver la violencia física. Ya no hay más tiempo que perder por parte de los consejeros electorales para que intentar recuperar el control de la campaña. La violencia ya se asoma peligrosamente en el ambiente electoral de Puebla y eso a nadie le conviene. Entre los dos principales equipos de campaña también se está perdiendo la tolerancia y las reacciones cada vez son más viscerales y violentas. Así que nadie se diga sorprendido de los próximos actos violentos que probablemente empañen la campaña.