Miércoles 11 de Mayo de 2016 |
Carlos Gómez El uso de los cuerpos policiacos para fines políticos es un síntoma que evidencia la crisis de nuestros sistemas de gobierno y electoral. La cacería electoral debería encender los focos rojos no porque se deba permitir la propaganda negra, el uso de inmuebles para esconderla o el trasladado con unidades con reporte de robo, si no porque la policía tiene otras funciones que cumplir en beneficio de la sociedad. Está claro que la propaganda negra está fuera de la ley electoral y deberían ser los integrantes del Instituto Electoral del Estado los encargados de hacer o presentar las denuncias correspondientes o los partidos políticos. Sin embargo, los consejeros electorales carecen de total credibilidad y el árbitro electoral no es más que el payaso de las cachetadas en el actual proceso. Es ahí cuando se usa a la policía para fines políticos. Para perseguir a los contrincantes. Para hacer marcaje personal a los grupos políticos contrarios. A ese grado se ha degrado el papel de los policías de Puebla. Hoy ya no están para cuidar a los ciudadanos. Hoy su papel es de cuidar a un candidato, a una alianza de partidos y a un proyecto que se juega todo el próximo 5 de junio. ¿Qué más falta? Ya en Cuetzalan se dio el primer brote de violencia electoral y se reportó la muerte de un perredista. Ahora la policía anda tras los tráileres, casas e inmuebles que parezcan sospechosos. La elección entró a su parte más peligrosa. La irrupción de los policías es para meter miedo, todo el que sea posible. Pero esa estrategia también despierta indignación entre la población porque las campañas deberían ser entre los partidos políticos y la policía debería atrapar a los ladrones o cuidar a los ciudadanos. En los últimos días ha ocurrido la detención de un tráiler previo al desfile, la incautación de propaganda negra y ayer el aseguramiento de un inmueble en San Felipe Hueyotiplan y por la tarde la detención de un tráiler con reporte de robo. Nada de eso es casualidad. El aparato de inteligencia de nuestras autoridades está metido de lleno en las elecciones y eso es muy peligroso para cualquier sociedad. El proceso electoral de por sí genera mucha rispidez entre los participantes y son los ciudadanos los que eligen a la mejor opción. El gobierno no debería meter las manos y mucho menos a la policía. Ojalá y no ocurra nada grave en los siguientes días pero todo indica que la participación de la policía provocará un saldo negativo. Desafortunadamente ya tenemos una peligrosa policía electoral. Los ciudadanos están atentos a toda esta estrategia. |