Viernes 20 de Mayo de 2016

Carlos Gómez

A lo largo de la actual campaña los priistas habían denostado todas y cada una de las encuestas presentadas que dan ventaja al candidato del PAN, Tony Gali, sobre su candidata Blanca Alcalá.

Vendidas, cuchareadas, manipuladas, alejadas de la realidad y otros tantos descalificativos que se dijeron sobre las encuestas.

Sin embargo, ayer el periódico Reforma reveló otra encuesta en la que da once puntos de ventaja a Tony Gali sobre Blanca Alcalá.

El peso de credibilidad de Reforma fue brutal para los priistas.

Enmudecieron.

Voltearon los ojos al piso y otros prefirieron cerrarlos.

Agacharon la cabeza.

Buscan culpables de tantos errores y aún no los encuentran, aunque para el resto de las personas sean muy claros.

Y quizá cuando termine la campaña tampoco los encuentren.

Como sea, el golpe moral de Reforma fue terrible para los priistas.

A 17 días de la elección la encuesta de Reforma fue lapidaria.

¿Cómo podrá el PRI revertir la percepción de la derrota?

Por lo pronto los priistas se quedaron callados.

La esperanza cada día es menor.

La muerte llega lenta.

La derrota empieza apoderarse del rostro ya no sólo de Jorge Estefan Chidiac, si no de otros importantes actores de la campaña priista.

El tiempo se agota para Blanca Alcalá.

Y dentro de su equipo de campaña no existe una sola persona capaz de revertir el pesimismo.

La pasada visita de Manlio Fabio Beltrones no trajo nada bueno a los priistas de Puebla.

Su versión del empate técnico se derrumbó estrepitosamente ante la revelación del periódico Reforma sobre las tendencias electorales.

Los priistas se preguntan una y otra vez si llegará un milagro el 5 de junio.

Ya no les queda más que rezar.

A estas alturas de la campaña cada vez es más difícil encontrar un rostro optimista entre los priistas.

Es una epidemia de pánico que entró al equipo de la candidata y que se refleja en su lenta reacción.

Una vez más está claro que el gran problema de la candidata es su equipo de comunicación.

Blanca Alcalá no sabe comunicar, ni defender, ni atacar, ni revertir percepciones, ni nada.

Ese ha sido el gran problema de Blanca Alcalá.

Perdió la batalla de los medios de comunicación, de las redes sociales y no sabe cómo mandar el mensaje a la sociedad.

Le queda poco tiempo a Blanca Alcalá.

Y esperar el milagro.

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