Martes 24 de Mayo de 2016

Carlos Gómez

En el inicio de la campaña a la gubernatura de Puebla se tenían enormes expectativas con respecto al papel que podría desempeñar la candidata del PRI, Blanca Alcalá Ruiz.

Si hacemos un poco de memoria antes de elegir a Blanca Alcalá como candidata del PRI se publicaron diversos sondeos en donde aparecía detrás de Tony Gali y peleando la segunda posición con el actual delegado del IMSS, Enrique Doger.

Ese pequeño ejercicio nos responderá la pregunta del título de esta columna.

La tarea de Blanca Alcalá era capitalizar todo el enojo social creado por el gobernador, Rafael Moreno Valle, y meter en la mente de los poblanos todo lo malo hecho por el mandatario poblano.

Parecía una tarea viable de lograr.

Una campaña de contrastes, de decirle a la gente una y otra vez por qué no debían votar por el candidato del gobernador.

Su tarea era marcar la agenda mediática, respaldarla en redes sociales y hacer un trabajo efectivo de tierra.

Semana a semana debería sumar puntos positivos para cerrar la brecha con Tony Gali y a estas alturas ya adueñarse de la primera posición en las encuestas.

Nada de eso ocurrió.

Blanca Alcalá jamás se decidió a tomar la iniciativa de la campaña y marcar una agenda mediática, un orden en sus mensajes y cuando se dio cuenta ella era la que estaba acorralada permanentemente.

Primero permitió el regreso público de Mario Marín, luego el helicóptero, luego sus propiedades y a todo lo anterior se debe sumar el despliego policiaco y de espionaje en su contra.

Entonces la campaña de Blanca Alcalá se convirtió permanente en dar respuesta a los cuestionamientos de sus bienes y de su relación con Mario Marín Torres.

Pese a esta cruda realidad para la candidata aún guarda una esperanza real de triunfo: La estructura del PRI y el voto oculto.

El terreno mediático, de percepción, de las encuestas y de las redes sociales (parcialmente) está perdido para la candidata.

Sin embargo, aún le queda el voto duro y el voto de castigo al gobernador, Rafael Moreno Valle.

Así llegará Blanca Alcalá al cierre de su campaña.

Con nulas expectativas reales de triunfo.

Pero aún vivas.

Aún latentes hasta el día de la elección.

Así que si Blanca Alcalá quiere dar la gran sorpresa de las elecciones a nivel nacional, entonces deberá hacer una operación política brillante, sin errores, sin piedad contra su rival.

No le queda espacio para un error más.

Si el día de la elección comete un error de cálculo, si no hay dinero para la operación política y si se confía, entonces perderá irremediablemente y confirmará la tendencia de los 11 puntos marcados en las últimas encuestas.

Y para cerrar la pregunta del título se puede responder que sí.

Aún puede ganar.

Pero si comete un solo error más, entonces dirá adiós a la gubernatura de una forma destroza.