Martes 14 de Junio de 2016 |
| Por: Tere Mora Guillén Totalmente dispares Clinton y Trump. Rumbo al proceso electoral del 8 de noviembre en los Estados Unidos, los dos grandes partidos no habrían podido elegir dos candidatos más distintos. Por un lado Hillary Clinton, la ex primera dama, senadora y secretaria de Estado, además de candidata a la presidencia en dos ocasiones, Clinton, de 68 años, ha experimentado cambios profundos y ha redefinido el papel de la mujer en la política estadounidense. Además ha sorprendido a la nación una y otra vez, tanto con escándalos punzantes como con sus triunfos. Hillary Clinton, nació en Chicago el 26 de octubre de 1947, se desempeñó como la sexagésima séptima secretaria de Estado de los Estados Unidos de 2009 a 2013, senadora junior de los Estados Unidos representando a Nueva York de 2001 a 2009, primera dama de los Estados Unidos de 1993 a 2001, y primera dama de Arkansas de 1983 a 1992. Asistió al Wellesley College, donde se graduó en 1969, y obtuvo su título de la Facultad de Derecho de Yale en 1973. Luego de ejercer como asesora parlamentaria en temas legales, se mudó a Arkansas, casándose con Bill Clinton en 1975. En 1977, cofundó Defensores para Niños y Familias de Arkansas, una organización sin fines de lucro. Un reportaje publicado en The New York Times, señala que Hillary alcanzó la mayoría de edad en el movimiento feminista de la década de 1960 en Wellesley College, donde promovió entre sus pares el rechazo a los cambios graduales para trabajar “por hacer posible lo imposible”. Pero entonces se fue al sur para acompañar a su esposo a perseguir sus ambiciones. Dicen que a lado de un gran hombre hay una gran mujer y así ha sido Hillary, fue una de las principales estrategas de campaña de Bill. Además fue el reflejo de una sociedad en la cual las expectativas de las mujeres, y las expectativas que las mismas mujeres tenían de sí mismas, cambiaron con rapidez. Su historia de lucha política también ha dejado cicatrices que, en parte, definen qué tipo de candidata es: conoce bien las realidades de Washington, pero es precavida y cautelosa. La candidata del Partido Demócrata Estadounidense, Hillary Clinton, vislumbró un tiempo, después de noviembre, en que las candidatas a la presidencia no requieran tantos años de permanencia, para tener una oportunidad de llegar a la Casa Blanca: -“En su mayoría son mujeres y niñas, pero no se trata de una audiencia exclusiva; hay varones que traen a sus hijas a conocerme y me dicen que me apoyan por sus hijas”, enfatizó. “Estoy convencida de que el hecho de que un padre o una madre vean a su hija a los ojos, de la misma forma que ven a un hijo varón y le digan: ‘Puedes ser lo que quieras ser en este país, hasta presidente de Estados Unidos’, marcará una enorme diferencia”. Por otro lado Donald Trump, es un empresario nacido en Queens, Nueva York, el 14 de junio de 1946, precandidato del Partido Republicano para las elecciones presidenciales de 2016. Es presidente de la Trump Organization y fundador de la empresa de hotel y juegos de azar Trump Entertainment Resorts, que es ahora propiedad de Carl Icahn. Trump es una celebridad televisiva; fue el presentador del reality show The Apprentice, de la NBC, entre 2004 y 2015. Es hijo de un empresario inmobiliario de Nueva York, en cuya compañía, Elizabeth Trump & Son, trabajó mientras estudiaba en la Escuela de Negocios Wharton, de la Universidad de Pensilvania. Donald Trump nunca ha ejercido un cargo ejecutivo ni legislativo, no tiene una ideología política definida, ni conocimientos, más que superficiales de los asuntos que le ocuparían de llegar a la Casa Blanca, El diario El País, publica un correo electrónico del psicólogo Joseph Burgo, quien opina que Trump es un narcisista extremo, definiendo a quien posee esta característica, como que “experimenta la crítica, aunque sea válida, como un ataque personal y al instante pasa a la ofensiva, usando tres armas características para asaltar a su crítico: culparle, despreciarle e indignarse con autocomplacencia”. Lo cierto es que los perfiles de ambos contendientes son opuestos, en lo que en materia de inmigración, Hillary Clinton pretende ampliar la regularización de los inmigrantes sin papeles. Donald Trump promete construir un muro en la frontera entre Estados Unidos y México, sufragado por este último, deportar a once millones de sin papeles y prohibir la entrada de musulmanes. Al momento Hillary Clinton ha llegado más lejos que ninguna otra mujer en la política de los Estados Unidos, lo cual es un gran avance. Hemos visto en más de una ocasión a mujeres jefes de Estado, que cumplen con creces su responsabilidad y liderazgo, que tienen la capacidad de trabajar en equipo, hombro con hombro junto con hombres, y en unidad ambos géneros, sacar a flote acciones importantes en bienestar de los ciudadanos. El mundo una vez más he de decirlo requiere de ciudadanos responsables, de electores maduros que razonan su voto y no depositan su confianza en orates que tanto daño han causado a diversos países con puntadas ocurrentes, sin conocimiento del quehacer político, y del desarrollo económico y social de una nación. tere_mora_guillen@yahoo.com.mx |