Lunes 27 de Junio de 2016 |
| Mariya Mincheva Dimova* Durante los 43 años de membresía en la UE, el RU siempre ha tenido un estatus privilegiado y excepcional en el bloque regional más integrado e importante del mundo. El mecanismo de exclusión (“opting-out”) permite garantizar que cuando el RU no desee sumarse a los demás en un ámbito particular de la política de la UE pueda quedarse al margen e impedir un bloqueo general, como es el caso de la moneda común. Sobre temas de espacio de libertad, seguridad y justicia el país puede optar por participar en algunas iniciativas si lo desea. Sin ser parte del acuerdo, el RU tiene acceso al Sistema de Información de Schengen, que dispone de una base de datos en línea que contiene información de personas y objetos que han pasado algún control fronterizo o de policía en el espacio Schengen y permite a las autoridades competentes de los países miembros intercambiar información importante sobre seguridad, una de las más altas prioridades de Europa actualmente. Esto le cede al RU una posición privilegiada que le permite una política europea “à la carte”. Sin embargo, la crisis profunda que atraviesa a la UE con dimensiones económicas, financieras, políticas y migratorias da un impulso fuerte a partidos euroescépticos como Le Front National en Francia o el UK Independence Party en RU. El éxito del euroescepticismo es la manifestación de una Unión Europea desconectada de la clase media y sus preocupaciones. Es decir, ¿quién entiende un sistema político en cual los nombres “Consejo Europeo”, “Consejo de la Unión Europea” y “Consejo de Europa” designan tres instituciones totalmente diferentes? Con este referéndum, David Cameron, confrontado a un partido Tories dividido y por miedo de ver electores conservadores votar para el partido euroescéptico UKIP (UK Independence Party) de Nigel Farage hizo una apuesta de alto riesgo con este referéndum. Maniobra política estratégica dado que su partido ganó las elecciones de 2015 pero ahora se vio obligado a respetar esa promesa. Con una participación de 72.2%, los ciudadanos británicos revelaron un país dividido por criterios generacionales, regionales, sociales y de educación. La UE con su gobernanza multinivel empoderando las entidades regionales, ganó la confianza de Escocia e Irlanda del Norte, también tomando en cuenta que la campaña “Salir” fue promovida por partidos nacionalistas ingleses, constituyéndose como un voto en contra de la globalización y las elites.El criterio de la edad fue central en estas votaciones. Los jóvenes de 18 a 24 años de edad mostraron su aspiración a un futuro en la UE con 75% de apoyo a favor de permanecer. Londres, la plataforma financiera más importante de Europa y la ciudad más grande de la UE votó a favor de quedarse, al contrario de las regiones donde viven personas con menores ingresos y nivel de estudios, que no perciben el impacto positivo de la UE. Encuestas mostraron que 80% de las personas que votaron “Brexit” indicaron como razón principal la necesidad de mayor financiamiento del Servicio Nacional de Salud (National Health Service). Recordemos que una de las promesas del UKIP era que la contribución del RU al presupuesto de la UE de £350 millones semanales podría ser dirigida al NHS; aunque después Nigel Farage admitió la imposibilidad de cumplir con esto. La preocupación evidente en la UE es el efecto dominó; dirigentes europeos, respetando la decisión del pueblo británico han invitado al gobierno a presentar oficialmente su demanda de salida lo más pronto posible. Aunque el voto no tiene un efecto automático y las respuestas a las preguntas sobre el futuro de la relación RU-UE se van a acordar mediante un mecanismo de salida contemplado en el artículo 50 del Tratado de Lisboa que nunca se ha usado, se activará un periodo de negociaciones de dos años entre el país y la UE. En ese tiempo se va a negociar un acuerdo que define las relaciones entre ambos partes en términos de migración, mercado, educación, seguridad, etc., lo que es un proceso político más que legal, que se tiene que aprobar por un voto de mayoría calificadapor parte de la UE. El Presidente del Consejo Europeo ya nombró al Belga Didier Seeuws para dirigir el “Brexit Taskforce” y prepararse para las negociaciones. Por su parte, David Cameron anunció su renuncia hasta octubre de este año, tratando de ganar más tiempo para su país, dado que el anuncio oficial debe darlo el nuevo Primer Ministro. Los primeros pasos del divorcio se han hecho ya por parte de la UE: los ministros de asuntos exteriores de los seis países fundadores se reunieron en Berlín y la primera reunión informal de los 27 Jefes de Estado restantes del Consejo Europeo va a tener lugar enpróximos días para determinar una posición común frente del Brexit. La pregunta que ahora sigue es ¿y si la separación británica reenfoca a la UE? Profesora Visitante Extranjera del Tecnológico de Monterren en la Ciudad de México mmincheva@itesm.mx |