Constitución a modo

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Ángel SORIANO


06 Feb 2017

En el centenario de la Constitución de 1917, la Ciudad de México estrena la suya; impugnada por la Iglesia por introducir el aborto y la eutanasia, la Carta Magna capitalina también es objetada por confusa y repetitiva, y coincide también la celebración con la propuesta del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas de hacer la propia, de acuerdo a sus convicciones y a su particular punto de vista, que coincide con las de media docena de sus seguidores.

Al texto original de la Carta Magna, promulgada en Querétaro, se le atribuyen 700 enmiendas de sucesivos presidentes que le han hecho modificaciones de acuerdo a las necesidades del momento en que vivía el país, pero por la sucesión de hechos y de la evolución de los acontecimientos siempre cambiantes ha habido necesidad de actualizar el texto constitucional, sin que esto sea del agrado de los partidarios del documento original.

De todos modos, la clase política celebra el centenario del constituyente, aunque la realidad demuestra –y en distintas etapas de la historia del país- que las autoridades no son partidarias de la legalidad ni del orden; la ley se aplica siempre al más débil y se protege al poderoso, al influyente, y lo que prevalece es la impunidad; la impunidad que da píe a que la sociedad en general vea en la ley no sólo la burla, sino el incumplimiento de los deberes fundamentales.

Los recientes saqueos a establecimientos comerciales con el pretexto del aumento al precio de la gasolina no es más que un ejemplo de lo que la sociedad observa: el saqueo de la nación. La "huida" de Javier Duarte no es más que un ejemplo de impunidad y de falta de aplicación de la ley, el impune saqueo a las arcas en Oaxaca y la impunidad de Gabino Cué es otro caso. ¿Alguien puede decir que en México se respeta nuestra Carta Magna?

TURBULENCIAS

Trump enfrenta al poder judicial

En Estados Unidos, en tanto, se da la batalla entre el presidente Donald Trump y la capacidad de decisión y de cumplimiento de la legalidad de los jueces que han dado marcha atrás a las absurdas disposiciones presidenciales de impedir el acceso a ciudadanos musulmanes de siete países, así como las revisiones atentatorias contra la dignidad humana a todos los viajeros que arriban a las distintas ciudades de la Unión Americana. El respeto a la legalidad, en criterio de los impartidores de la justicia, debe prevalecer por encima de cualquier poder, incluido el del presidente. Si se da marcha atrás en las decisiones ejecutivas del magnate republicano, Estados Unidos tendrá la autoridad moral suficiente como para seguir siendo una gran nación. Seguirle el juego al neoyorquino arrasa con la tradición milenaria estadounidense de ser un país que acoge con calidez a ciudadanos de todo el mundo, que han contribuido al engrandecimiento del vecino país, hasta la llegada, en mala hora, del belicoso republicano. Seguramente serán más las batallas que están por darse y que seguramente ganará la sociedad estadounidense, y el mundo, en beneficio de la humanidad y de la libertad

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