Sábado 05 de Mayo de 2018

Con Marx , se da el discurso teórico más frontalmente crítico de la civilización del capital y el más capaz, hoy, de contener la barbarie en la que nos involucra el neoliberalismo.

"El poder estatal moderno no es otra cosa que un comité que administra los negocios comunes de la clase burguesa, globalmente considerada." Carlos Marx

"¿Cómo supera la burguesía las crisis? Por una parte, mediante la destrucción forzada de una masa de fuerzas productivas; por otra, mediante la conquista de nuevos mercados y la explotación más intensa de mercados viejos. ¿Cómo, pues? Preparando crisis más extensas y más violentas y reduciendo los medios para prevenir las crisis." Carlos Marx

El neoliberalismo es un extenso programa de privatización, de ir mermando la capacidad de control de gobierno sobre sus políticas públicas, para desprenderlo de los bienes nacionales, también motivar el fracaso productivo, económico y financiero de una nación, para obligarlo a endeudarse y someter para hacerse de todo para bien del capital extranjero. Claro que no actúa el gran capital extranjero de manera solitaria, porque, como ya lo hemos descrito, quienes son formados en sus escuelas y universidades, aunado a otros que repiten el esquema mental en universidades privadas con mentalidad tecnócrata, incrustados en el gobierno, harán la labor hormiga para sus amos.

Es así, que la economía y sistemas productivos como financieros, sumando a las clases trabajadoras, como simple actos de mercancía. La tesis fundamental, inconmovible, del neoliberalismo es que ése es siempre el modo más eficiente para producir y distribuir cualquier cosa. De modo que incluso si uno se preocupa por la educación, la salud, el transporte, y pretende que lleguen a todos, la mejor solución será siempre el mercado. Por eso la hostilidad del neoliberalismo hacia los bienes públicos y los servicios públicos, es cuestión de principios, porque significa producir de manera ineficiente, según criterios políticos, para distribuir de manera autoritaria, sin tomar en cuenta la voluntad de los ciudadanos, presuntos beneficiarios.

El neoliberal se impuso a partir de los años setenta en el mundo, ocupando a Miguel de la Madrid, como un paso transitorio, porque el salinismo, de manera cómplice, es quien abre la puerta y entrega las llaves a los grandes capitales. Ya no se piensa en ciudadanos que tienen derechos, sino en clientes que tienen necesidades.

Muchas empresas públicas se han privatizado: empresas de telecomunicaciones, energía, transporte. Muchos servicios públicos se han privatizado también. Pero hay otros que no pueden privatizarse, o no del todo, porque no son rentables, porque nadie querría ofrecerlos, porque no tienen realmente un mercado o los precios de mercado los harían incosteables: buena parte de los servicios de salud, por ejemplo, la educación, la educación superior. En esos casos, lo que se hace es simular mecanismos de mercado, identificar algo susceptible de ser contado o medido y tratarlo como si fuese una mercancía, y asignarle un precio -o algo parecido. El número de pacientes atendidos, el número de artículos publicados, lo que sea.

Esa simulación de mercado requiere que se trate a las instituciones como si fuesen empresas. Y para eso hace falta contar con un saber administrativo que sea "transportable", es decir, puramente formal, abstracto, ajeno a cualquier contenido concreto. Un saber administrativo guiado por el imperativo de los beneficios: ahorrar, reducir gastos, hacer más con menos, que significa aumentar la productividad. Y un aparato administrativo encargado de evaluar eso, medir y recompensar, o castigar (como lo haría el mercado).

Como vemos, el neoliberalismo no considera a lo humano como un factor social, al contrario, un producto de mercado y mercancía, quien debe dejarle plusvalía, porque para ello le paga. Si bien y aparentemente educación, cultura, salud, no es la pretensión visible de privatizar, en los hechos, con reformas educativas, laborales y otras, se merma la capacidad de atención social, cuestión que más adelante detallaremos. Sin embargo, el salinismo marca la pauta de trastocar y realizar contrarreformas a la Constitución, como el fin de empatarla a sus intereses, muestra de ello, es EL Tratado de Libre Comercio, quien es el inicio de la devastación nacional. Por lo que es imperioso, hacer sentir que el gobierno es pésimo administrador, como saturado de gastos sin rendición de cuentas para un correcto desarrollo en general.

En este terreno, el éxito es indudable. Ha habido una transformación cultural en los últimos treinta o cuarenta años, cuya consecuencia es que el Estado, y toda la familia léxica asociada al Estado: gobierno, público, representación, así como también política y partidos, tengan connotaciones negativas. Y es cada vez más frecuente, llama menos la atención, que cuando se trata de los servicios públicos se procure evitar el lenguaje de los derechos y se hable en cambio de clientes, satisfacción, calidad, y se piense al Estado como una empresa.

Continuaremos.

rodrigo.ivan@yahoo.com.mx

*Analista político y de prospectiva social