Viernes 06 de Julio de 2018

"Para mí el único oficio es el de vivir".

Juan Rulfo

¿A mí qué me importa quién escribió El Llano en llamas (1953) o Pedro Páramo (1955)? Las obras hablan por sí solas. Me interesa quién fue Juan Rulfo. Un hombre que después de la muerte de sus padres, encontró en Clara Aparicio, recompensa a la deuda que la vida le tenía. La literatura para Rulfo era enfrentarse con los pocos demonios que Clara no pudo destruir y, sobre todo, era un compromiso social vía el lenguaje. Lo más sorprendente de un prodigio de las letras, nunca será su obra, sino su capacidad para comprender que la única cosa por encima de la literatura es el amor. Lo más fascinante de Rulfo era Clara. Lo que más le importaba era su felicidad. Lo más recompensable fue ella, como para todo quien se dice hombre, es la mujer que quiere. ¿Lo más emotivo? Rulfo pasó su vida con la mujer que amaba y merecía. Conociendo lo anterior, podemos entender por qué nunca tuvo la necesidad de escribir nada más. La muerte del "tío Celerino" a quien responsabilizaba de su jubilación de la literatura, era la voz que, según él, le contaba las historias. Pero en realidad se refería al pacto con la soledad y al nacimiento de lo más parecido a la felicidad.

El único consejo sin pretensiones y digna de la Almadraba, es nunca quitar el dedo del renglón hacia lo que se quiere y se considera valioso. Una de las razones principales de mi amor por la literatura es que se trata de una de las pocas ramas que no necesita instrucciones, ni te da órdenes, sino que te incita a la reflexión y a la crítica. Eres libre. Pero hay que tomar en cuenta que sin consciencia social, no habrá mucha inteligencia.

Durante su vida, Juan Rulfo (1917 - 1986) como la mayoría de los escritores, tomo al toro por cuernos y usó el capote para dar un movimiento a la vida. Es decir, desempeño la profesión de contador público para subsistir, además de varios oficios como vendedor de llantas Euzkadi, capataz -trabajo que le resulto insoportable- y burócrata del Instituto Nacional Indigenista. A pesar de ser originario de familias acaudaladas de Jalisco, Rulfo pronto conoció la orfandad y los problemas familiares aunado a su apego a la soledad, por lo que, al conocer a Clara, y redactar una correspondencia de gran valor literario y humano inalterable, el autor de El llano en llamas se llenó de vitalidad para encontrar la manera de obtener los suficientes ingresos para poderle ofrecer a Clara y a los hijos que pronto vendrían una vida aceptable. El amor de Rulfo por Clara, sobrepasa la literatura, su sombra, sus pensamientos, su sangre, su alma: todo es por y para ella.

Años después, Rulfo con cierta fama, fue cobrando mayor estabilidad; aunque nunca pudo gozar en vida de las regalías con las que ahora cuenta su descendencia. El amor a Rulfo le hizo enfrentarse con la soledad, la injusticia social en la vida rural y su espíritu taciturno. Rulfo sabía que amar a alguien implica creer que lo merece todo, así que, se esforzó y cumplió con su deber encontrándole dignidad a la vida. La existencia honrosa no es más que dejarse consumir con dignidad para hacer felices a los que se quiere.

¿Saben que me sorprende de Juan Rulfo? Que alguien termine con la mujer que ama.