Martes 01 de Enero de 2019 |
El político debe ser capaz de predecir lo que va a pasar mañana, el mes próximo y el año que viene; y de explicar después porqué fue que no ocurrió lo que él predijo. Winston Churchill
Llegó 2019 y con éste, nuevos tiempos y una serie de retos para el país en los ámbitos político, económico y social; se acabó un año que nos dejó grandes aprendizajes en la vida pública e importantes desafíos para el sistema democrático en México. Sin duda, es tiempo de pensar, reflexionar y crear un horizonte con perspectivas claras sobre cómo atender los asuntos urgentes para y con la ciudadanía, logrando la cohesión social que no hemos tenido en el 2018 y en todo el sexenio anterior. La crisis política reciente que derivó en resultados electorales del 1 de julio fue consecuencia de la falta de credibilidad y confianza que existe en las instituciones públicas, principalmente en la presidencia de la República. De ahí el principal reto que tendrá Andrés Manuel López Obrador: reconstruir la baja capacidad del primer mandatario de la nación para hacerse escuchar y obedecer por su pueblo. Enorme tendrá que ser su liderazgo, sensibilidad política y respuesta frente a lo que hoy es sin lugar a dudas la mayor incertidumbre que los mexicanos comparten en la conversación pública. El presidente tendrá que dejar atrás el discurso triunfalista del máximo ganador en una elección presidencial para demostrar que es un estadista que está consciente del pulso social que hay en el país y la importancia de no polarizar más a la sociedad. Para lo cual, no debe olvidar, que, si bien obtuvo 30 millones de votos a su favor en la elección, también fueron millones los mexicanos que no lo apoyaron en las urnas, pero sin los cuales no podrá gobernar el país. Se requiere entonces, un Ejecutivo a la altura de la sociedad que demanda un buen gobierno, así como una ciudadanía que sepa exigirle al presidente que gobierne, incluyendo todas las voces posibles. No perdamos de vista estimada y estimado lector, que la disolución del vínculo social representa una pérdida de control sobre el presente, así como incapacidad para prever lo que depara el futuro y diseñar los medios que se requieren para sortearlo. Eso debemos evitarlo, anteponiendo el respeto y la tolerancia, como valores fundamentales de nuestra convivencia democrática. Sin embargo, el gobierno federal electo, así como todos los que este año se renovaron en los comicios más emblemáticos de nuestra democracia, tendrán que ser capaces de hacer a un lado intereses de grupos o partidos para poner de frente el interés nacional. México tendrá que enfrentar un entorno complejo tanto en el ámbito nacional como internacional y por eso se necesita unir todas las fuerzas políticas y sociales internas que se tengan para generar consensos y poder fortalecer la gobernabilidad y la gobernanza en el país. El año que se va, termina con un saldo democrático favorable en términos globales, sin considerar el caso de Puebla, que fue un parteaguas en términos político-electorales y que quizás marcará el sexenio que apenas hoy concluye su primer mes en el ejercicio del poder. Este será por mucho, un hito en la historia política del poder, ya que nos mostró la parte más trágica de la política, de la polarización social y de la fragilidad de las instituciones en el proceso electoral concurrente que tuvimos en el 2018. Esperemos que entre todos los actores sociales se tenga la inteligencia colectiva para construir un mejor país, en la que se eleve la calidad democrática de México en todos sus aspectos. Que así sea. *Profesora de Tiempo Completo del Tecnológico de Monterrey @floresm_mx |