Lunes 25 de Noviembre de 2019

Los empresarios de la Plaza México deben estar felices porque el fin de semana pasado llegaron 50 mil cincuenta aficionados al coso más grande del mundo.

Cincuenta mil asistentes el sábado, quienes llenaron la plaza y como cincuenta el domingo, que ni se notaban en la plaza.

El sábado 23 de noviembre acudió la gente para ver a dos tenistas en calzones pegarle a una pelota y el domingo 24, a tres toreros principescamente vestidos.

Es evidente que el interés que despierta cada espectáculo es diferente. Podrían ser los precios de entrada.

Según el diario Marca los boletos para el juego de tenis fluctuaban entre los 518 y 10 mil 925 pesos. Para la corrida de toros, entre 65 y mil 100 pesos.

Quién sabe si a la empresa le interese saber por qué la diferencia de asistencia entre el sábado y el domingo.

Por principio de cuentas, la empresa de los señores Alberto Bailleres y Javier Sordo, los inquilinos de La México, sólo rentaron la plaza el sábado, no intervinieron en el evento; otras personas fueron las encargadas de organizar el juego de tenis entre Roger Federer y Alexander Zverev.

El domingo sí intervinieron, de hecho, ambos personajes, asesorados por toreros en el retiro son los que organizan el sería taurino en el coso de la colonia Noche Buena de la ciudad de México.

Se imaginan ustedes a los empresarios taurinos y a sus asesores con las riendas de la organización del tenis.

Creo que sin decir agua va, a las pelotas les bajarían el tamaño reglamentario, sin tener claro el motivo, sólo para que sobresalga su influencia.

Ya no serían pelotas hechas con caucho natural, las harían con hule espuma para que pesaran menos, en lugar de forrarlas con paño elástico las cubrirían con franela para que los toreros, perdón, los tenistas, no vayan a sufrir las consecuencias de un pelotazo.

La cancha también sufriría modificaciones para que los jugadores no corrieran tanto y se esforzaran lo menos posibles.

Seguramente el deporte perdería vertiginosidad, los golpes a la bola reducirían la potencia, le quitarían la esencia al juego; pero a los arrendatarios de la Plaza México no les importa despedazar espectáculos, sea deporte o tauromaquia.

Si se meten de empresarios de tenis, con el concepto que aplican a la tauromaquia, lo destrozan en poco tiempo. Verá usted que las buenas entradas, como la del sábado pasado, mermarían paulatinamente.

Si al público le gusta o no ni modo, no es significativo, a los señores mencionados y a sus asesores no les interesa que la clientela esté contenta. Nunca han entendido que el público es lo más importante, porque es el que paga, es el consumidor, deben darle mercancía de primera.

¡Me cae que se acaban el tenis!

Los empresarios y ganaderos Bailleres y Sordo no son los iniciadores de la degradación actual de la tauromaquia, pero se aplican con singular alegría. Pareciera que no les incomoda hacer el ridículo al frente de la Plaza México.

Las cuatro corridas de la presente temporada son la prueba de que llevan la fiesta al destazadero. Le quitaron la emoción al espectáculo, no llevan gente al tendido y no implementan algo para remediarlo. Administran la plaza desde hace tres años, cada tarde desilusionan a la gente, lejos de buscar soluciones para remediar la escasa asiduidad insisten en repetir procedimientos.

No cambian el sistema. El pasado domingo anunciaron un encierro de Villa Carmela, con argumentos poco creíbles la sustituyeron por una corrida gorda, de Fernando de la Mora o de la Mora, la misma gata sólo revolcada, sin músculos, escasos de cornamenta, boba en general. Al sexto, un español, hizo una faena bonita, intrascendente, carente de emoción, como si estuviera toreando de salón, el toro era un bobo; aunque algunas crónicas lo repitan, eso no es el toreo. La emoción que provoca la bravura debe conservarse en el ruedo.

Sin embargo, hay que sentirse contentos por el fin de semana con harta gente en La México, se juntaron 50 mil 50.