Viernes 06 de Diciembre de 2019

En un mundo tan dinámico como el actual y sujeto a variaciones de todo tipo, los gobernantes se encuentran bajo la observancia para el cumplimiento de su gestión.

La tecnología en la que se encuentran inmersas las redes sociales permite darles un mejor seguimiento a sus compromisos de campaña, cuáles de ellos son cumplidos y los que no, así como otro tipo de acciones que suceden dentro de las entidades que administran.

No existe uno solo de los 32 gobernantes de igual número de entidades del país sobre el que no se encuentren vigentes reclamos por la insatisfacción de la población. Unos más grandes que otros, entre los que se encuentran principalmente la falta de obra gubernamental, la inseguridad, la incontrolable violencia, la corrupción en algunos rubros, los abusos y otros temas que no significa que sean menores.

En algunos de los estados hay gobernantes que gustan de los reflectores; otros no tanto; unos mejor calificados que otros, aunque extrañamente su presencia no permea hacia el partido que los postuló y llevó al triunfo electoral.

Hace menos de una década, José Eduardo Calzada Rovirosa encabezaba cuanta encuesta se levantaba sobre la percepción ciudadana en los estados sobre su aspecto gobernante.

Cada una de ellas, en las que entremezclaban simpatías, cumplimiento de compromisos, beneficios a la ciudadanía, era encabezada por Calzada Rovirosa, por lo que su incorporación al gabinete no se hizo esperar.

Además de todo, el gobernante de Querétaro había logrado la reconquista del estado para el PRI después de dos sexenios panistas, lo que le permitió poner a su candidato Roberto Loyola Vera, hermano del primer gobernador panista en la entidad.

El revés para el tricolor fue fuerte. Calzada Rovirosa mostró que se equivocaron los que le vieron madera de líder, por lo que no pudo convertirse en dirigente nacional del PRI y fue sembrado como candidato suplente a senador, donde espera su turno para llegar.

Y es que los gobernadores, con todo y someterse al escrutinio de las urnas, no consiguen crearse una buena imagen, ya que les llega el absolutismo, se vuelven prepotentes, intentan sembrar a familiares o hasta sus cónyuges como posibles sucesores y desvirtúan lo buena que pudiera ser su gestión.

En la actualidad hay varios gobernadores que caen en esa rutina y son, precisamente, aquellos que salen encabezando cada una de las mediciones de popularidad:

Quirino Ordaz Coppel, de Sinaloa; y Francisco Javier García Cabeza de Vaca, de Tamaulipas, impulsan a sus respectivas consortes, Rosy Fuentes (Sinaloa) y Marina Gómez (Tamaulipas), sondeando la posibilidad de convertirlas en sus sucesoras.

Y es que las esposas de algunos gobernantes ya no se conforman con ser la trillada Primera Dama, sino que presionan para participar en actos de gobierno, o hasta intentar sucederlos en la gestión.

Uno de esos casos está a la vista: Karime Macías, a quien se le responsabiliza de diversos ilícitos durante la administración de Javier Duarte en Veracruz; mientras hay otros señalamientos hacia Ivette Morán, esposa de Alejandro Murat, a la que señalan como la “manzana de la discordia” por su eventual injerencia en las fiestas de la Guelaguetza, en todo lo relacionado con turismo, su activismo con artesanos y en materia asistencial, que dieron pie a la rendición de su tercer informe como presidenta del DIF el pasado mes de noviembre.

ramonzurita44@hotmail.com