EN MEDIDA DE LO POSIBLE

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Invitada


21 Oct 2020

Por: Dra. Laura Angélic Aprende en Casa a Bárcenas Pozos

En agosto pasado los niños y adolescentes mexicanos regresaron a la actividad escolar, como ya sabemos, desde sus casas y varios de ellos, a través de los programas televisivos que las cadenas de televisión abierta, así como la Secretaría de Educación Pública (SEP) federal, desarrollaron para este fin, sin embargo quiero comentar algunas historias de la vida real que están sucediendo en diferentes contexto con estos programas de televisión educativos, para terminar con una reflexión sobre qué pasará si no se alcanzan los objetivos de aprendizaje en este ciclo escolar 20-21. Empecemos con los casos:

 

Caso 1. Comunidad de Mazatlán en Oaxaca. Dada su ubicación geográfica en la sierra de la mixteca, al norte del estado; no recibe señal de televisión abierta. Así que se le ha propuesto a la radio comunitaria que hay en la localidad que se haga cargo de transmitir los programas educativos. Hasta hace pocos días los encargados de la radio esperaban recibir la señal y también instrucciones sobre cómo trabajar los programas educativos.

 

Caso 2. Un profesor de una escuela pública en la ciudad de Puebla. El docente decide conectarse una hora al día con sus alumnos (de educación primaria), explica los temas y encarga a sus alumnos actividades, que se encuentran en un cuadernillo de trabajo que él mismo ha diseñado y enviado a las madres y padres que están en un grupo de WhatsApp. Los alumnos hacen las actividades y los padres deben devolver el cuadernillo por la misma vía. Las madres (principalmente, aunque no únicamente), se sientan con sus hijos a realizar las actividades encargadas, dejando de lado otras responsabilidades que tienen a su cargo.

 

Caso 3. Un niño jornalero en la sierra norte del Estado de Puebla. Recibe señal de televisión abierta, pero no es estable. Nadie se queda en su casa, pues todos salen a trabajar al campo y él muchas veces no entiende lo que tiene que ver por la televisión, ni los horarios de los programas. Su profesora preparó materiales que dejó en la escuela de la comunidad y los padres las recogieron, la instrucción es que tienen que ver ciertos programas, en ciertos canales, en ciertos horarios, pero no todos los canales son recibidos en la señal televisiva de la comunidad. Ya en muchas ocasiones, a pesar de las pocas sesiones que se han tenido; el niño ha perdido el interés porque no entiende lo que explica la televisión y no puede resolver las actividades encargadas por su profesora. Sus padres piensan que es mejor que el niño vaya al campo a ayudarles, pues en casa pierde el tiempo.

Así que con estos tres casos emblemáticos uno se pregunta qué resultados dará la estrategia Aprende en Casa, no es una estrategia ideal, pero dadas las condiciones que nos ha dado la pandemia por COVID-19 es lo que se tiene. Sin embargo, nadie debería estresarse por alcanzar los resultados, hay que pensar que es una condición extraordinaria, inédita, para la que nadie estaba preparado. Así que la SEP ha implementado esta estrategia esperando que los niños y adolescentes no pierdan el hábito escolar y los más pequeños lo desarrollen, también que practiquen sus habilidades intelectuales, particularmente la lecto-escritura y el pensamiento matemático.

 

Todo lo demás podrán recuperarlo cuando regresemos a la normalidad educativa y escolar en donde los profesores impartan clases en modalidad presencial y en donde los niños y adolescentes puedan preguntar sus dudas para lograr su aprendizaje; la televisión y la radio tienen el defecto de no ser interactivos y si no hay alguien que explique lo que deben atender y resolver los alumnos, difícilmente se alcanzarán las metas del aprendizaje.

 

Así que sugiero que todos lo tomemos con calma. Demos condiciones en el hogar para que los niños y adolescentes puedan aprender, lo que puedan aprender. Pero no nos obsesionemos con que deben alcanzar los objetivos de aprendizaje, pues en estas condiciones, eso no será posible. Pensemos que es más importante que los niños y adolescentes no pierdan hábitos y habilidades o si es posible que desarrollen algunas más; pero que eso no signifique estresar a los padres, a los niños, a los profesores; sin lograr conseguir las metas educativas.

 

Entonces queridos lectores, bajemos los niveles de estrés, mantengamos buena comunicación con los profesores, hablemos con ellos de estas condiciones y nosotros como estudiosos de la educación, pongamos esto sobre la mesa, para que se tomen decisiones asertivas para los siguientes ciclos escolares. Por lo pronto, veamos los programas televisivos o escuchemos los programas de radio y en la medida de lo posible, tratemos de resolver las actividades encargadas por los docentes, pero todo, en medida de lo posible.

 

 

La autora es profesora de la Universidad Iberoamericana Puebla.

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