Lunes 09 de Marzo de 2026 |
Para ellas, el arquetipo del padrino es fundamental para disfrazar sus ambiciones políticas. Su macho alfa es el que tira la línea para “darles su distrito”; a cambio, la sumisión, la carne trémula para esa política que saben hacer con el disfraz que, si bien las humilla, también las retribuye política y económicamente. Ellas hablan de “feminismo” pero se convierten en edecanes que flanquean al político con un coto de poder. Que las vean, que las asuman, que las reconozcan, pero a la vez, que las etiqueten, que les recuerden cómo han llegado hasta ahí, que las exhiban y que las desenmascaren. Las mujeres de este “fakeminismo” transitan entre los falsos discursos de sororidad cuando entre ellas se atacan, se destrozan, se hacen pedazos para competir por la bendición política más cara y certera del mecenas en turno. Ellas incluso se asumen como “damas” que acompañan las ambiciones de quien gusta leer poemas a bordo de aviones. En el ocaso, buscan salvar la ambición, al costo que sea, aunque eso incluya la creación exprés de una imagen familiar que dure lo que duren sus ambiciones. Algunas más se casan y se separan en tiempo récord. Les dieron machetazo a caballo de espadas. Se casaron con el hampón de una célula criminal; no era ni el empresario, ni el magnate, ni el político de catálogo. Las señoras del fakeminismo de la transformación hacen podcasts donde dan tips para asegurar la dote de los padrinos. Se burlan de otras mujeres y hacen parodias de hechos desafortunados. Monetizan una sonrisa o una lágrima, capitalizan su incongruencia con escenas grotescas donde la sátira política se convierte en denostación. Estas mujeres nunca antepondrán a otras mujeres sobre sus propios intereses. Ellas monetizan la simulación, la estridencia, la ambición y mucha ignorancia. Es la cara B de una moneda que desafortunadamente impone este rostro en la política. En lo social están las otras, las mujeres de convicciones, frontales, que escuchan, asumen, lideran y avanzan con trabajo. Están las que desde abajo defienden convicciones y se asumen como dueñas únicas de su propio destino. Para las otras es cada vez más difícil otorgarles… un poco de respeto. |