Lunes 09 de Marzo de 2026 |
En un momento de permanente complejidad en México que bien resume el Mtro. Javier Treviño: la economía enfrenta bajo crecimiento; el gobierno con una enorme presión fiscal; conflictos geopolíticos globales que encaminan a una reorganización profunda de las cadenas globales de valor; la política que se mueve en un entorno de polarización; con reformas institucionales de gran alcance; la inseguridad interna; una relación estratégica con EU que bien escribe “exige de una dosis de fineza diplomática”; y con declaraciones frecuentes del presidente Trump que “México es el epicentro de los cárteles”, entre otras; llegamos al 8 de marzo de 2026, Día Internacional de las Mujeres, establecido desde 1977 por la ONU, pero que desde la Primera Conferencia Mundial de la Mujer, celebrada en México en 1975, se propuso; inicia así un proceso que, con los antecedentes robustos del movimiento feminista histórico, se fue encaminando al logro de nuestros derechos y a la igualdad de oportunidades y de trato. Esta fecha es una brújula que nos permite señalar el punto de llegada para que cada año midamos avances, algunos impensables en muchas épocas; pero, fundamentalmente, para saber cuánto más falta para lograr esa transformación. Y sí, muchas mujeres nos fueron dotando de reflexiones, argumentos y conceptos para ir entendiendo, en las diversas etapas, lo que nos pasaba a todas; hasta encontrar que esas construcciones sociales no se justificaban y nos dijeron “lo personal es político”. Sí, ese lema del feminismo contemporáneo que nos ayudó a ir entendiéndolo. Y salimos. Y empezamos a llegar y a respondernos ¿qué es ser mujer?, cada una desde nuestros propios espacios, así como Simone de Beauvoir lo hizo en su libro “El segundo sexo” para sostener que no se nace mujer, se llega a serlo, justo por esos constructos sociales, clarificándonos que no era “natural” toda esa subordinación. Y fuimos exigiendo, en todas las épocas y de diversas maneras —como hasta ahora—, nuestros derechos: laborales, políticos, educativos, económicos y sociales. Muchos avances, sin duda; pero aún muchos faltantes. El símbolo de ser mujer requiere también de la realidad de ser mujer, esa realidad que presenta en muchas ocasiones datos diferentes a los que reflejan los oficiales. Todavía subrepresentadas en diversos sectores como la ciencia y la tecnología. Brechas salariales que persisten. Violencias de todo tipo y modalidades, al alza. En las aulas, deserción escolar, violencia física, psicológica y sexual. Violencia en el noviazgo. Embarazo adolescente. Desapariciones de mujeres y niñas y asesinatos recurrentes de mujeres buscadoras. Feminicidios. Nuevas violencias. Seguir impulsando la sensibilización y concientización para erradicar la revictimización en todos los ámbitos y en todas las instituciones es cada vez más urgente. El acceso a la justicia y los altos niveles de impunidad siguen pendientes. Y los nuevos desafíos, como la implementación, de una vez por todas, de los sistemas de cuidado y la alfabetización digital, que debemos ver como “una inversión estratégica”, como bien analiza Zaira Zepeda (Excélsior, 07/03/2026), y también los derechos de las mujeres indígenas y los de las migrantes. Ahora también debemos estar alertas a las múltiples amenazas de retrocesos, más aún al establecerse proyectos políticos con tendencias antidemocráticas; por eso la paridad es una prioridad. Y en todo, la visión estratégica de los movimientos feministas es necesaria. Obligado salir de nuestro espacio. Construir redes. Hacer pública cualquier violación a nuestros derechos. Continuar visibilizando esa combinación de desafíos estructurales e injusticias y seguir haciendo balances. En un mundo convulso por las libertades y los derechos, continuemos exigiendo todos los derechos; pero también, que podamos ejercerlos. Sólo así llegaremos todas; cuando todas y todos clarifiquemos que lo personal es político. “Derechos, justicia y acción por y para todas las mujeres y las niñas.” |