Jueves 12 de Marzo de 2026 |
Las ciudades también se cuentan a través de sus trayectos. En el tiempo que toma cruzarlas, en los encuentros que permiten y en las oportunidades que acercan o alejan. Por eso, cuando aparece una propuesta como el Cablebús Puebla, la conversación inevitablemente se vuelve más grande que el propio transporte. En el fondo, se trata de imaginar cómo queremos movernos y convivir en la ciudad. En los últimos días el proyecto ha despertado preguntas, inquietudes y opiniones diversas. Y eso, en realidad, es una buena señal. Cuando la ciudadanía se interesa por la forma en que se transforma su entorno, la ciudad demuestra que está viva, que le importa su futuro y que quiere participar en él. La movilidad urbana en la ciudad de Puebla es uno de los grandes desafíos de nuestro tiempo. Muchas personas pasan varias horas al día entre traslados, tráfico y distancias largas entre casa, trabajo y escuela. Pensar en nuevas formas de transporte público, más eficientes y sostenibles, abre la posibilidad de recuperar algo muy valioso: tiempo para la vida cotidiana, para el ocio y el descanso. Un sistema como el Cablebús podría acercar zonas que hoy parecen lejanas entre sí, reducir trayectos y ofrecer alternativas de movilidad más limpias. Pero quizás lo más interesante no está solo en la tecnología o en la infraestructura, sino en el proceso que podría acompañar su construcción. Imaginar que un proyecto de esta escala se discuta con información abierta, con especialistas aportando miradas diversas y con la ciudadanía participando en la conversación, cambia la forma en que entendemos las obras públicas. Dejan de ser decisiones lejanas para convertirse en procesos compartidos. Desde la cultura de paz, los desacuerdos no se ven como una ruptura, sino como una oportunidad para escucharnos mejor. Las ciudades que logran construir acuerdos duraderos suelen ser aquellas donde el diálogo encuentra espacios reales y donde las preguntas ciudadanas se reciben como parte natural del camino. En una ciudad tan compleja y rica como Puebla, ese tipo de procesos puede tener un valor especial. No solo porque ayudan a mejorar los proyectos, sino porque fortalecen la confianza entre quienes gobiernan y quienes habitan la ciudad todos los días. Quizá el Cablebús Puebla pueda ser también una invitación a ensayar nuevas formas de gobernanza participativa: imaginar mesas de diálogo, información pública clara, conversaciones en barrios, universidades y especialistas en movilidad urbana. No como una obligación, sino como una forma más contemporánea de construir ciudad. En ese mismo horizonte, Puebla no puede seguir postergando la Ley de Participación Ciudadana que se discute en el Congreso. En estados como Chihuahua, Jalisco o Nuevo León, mecanismos como consultas públicas, cabildo abierto y presupuesto participativo han demostrado que abrir las decisiones a la ciudadanía no debilita a los gobiernos: les da legitimidad y fortalece sus proyectos. Avanzar en esta ley permitiría que las grandes decisiones en el estado —como las de movilidad urbana— se construyan con más transparencia, diálogo y respaldo social. Este también sería un paso importante para una democracia local más madura. Si algo así ocurriera, el proyecto podría terminar representando algo más que una nueva pieza de transporte público. Podría convertirse en un pequeño ejemplo de cómo las ciudades del presente empiezan a decidir su futuro: conversando, escuchándose y encontrando acuerdos. Entonces, el Cablebús Puebla podría convertirse en uno de los legados más significativos de los gobiernos para la ciudad y su gente. Porque al final, una obra pública no solo transforma el paisaje. También puede transformar la manera en que una comunidad aprende a imaginar y construir, juntas y juntos, el lugar donde quiere vivir. Tal vez el verdadero desafío no sea solo construir infraestructura, sino aprender a construir ciudad entre todas y todos. ¿Cómo imaginamos que Puebla debe tomar las decisiones que marcarán su futuro?
BIO: Alma Jacobo Morales es especialista en comunicación política y gestora cultural. Con más de 25 años de experiencia en medios, sector público y privado, creación de contenidos y festivales culturales, trabaja en el desarrollo de narrativas públicas y estrategias de comunicación vinculadas a la cultura de paz. Actualmente coordina la organización Manada Cultura de Paz. |