Martes 17 de Marzo de 2026

Vivimos una paradoja silenciosa, pero devastadora: las organizaciones, las sociedades y los países no suelen fracasar por falta de talento ni por falta de estrategia… fracasan por tolerar —e incluso promover— malos liderazgos.

Si en mi columna anterior hablábamos de la paradoja del poder, hoy toca hablar de su consecuencia más costosa: el precio real de elegir mal a quienes dirigen. Y ese precio es mucho más alto de lo que creemos.

EL COSTO EMPRESARIAL: LA DESTRUCCIÓN INVISIBLE

Durante años, la cultura organizacional fue vista como un tema “suave”. Hoy sabemos que es un error estratégico.

Estudios de Harvard Business School han demostrado que los líderes tóxicos no solo afectan el clima laboral: destruyen valor económico.

Un empleado tóxico puede costar miles de dólares al año. Pero un líder tóxico… multiplica ese costo de forma exponencial.

Gallup lo confirma con un dato brutal: el 70% del compromiso de un colaborador depende directamente de su jefe inmediato.

Traducción empresarial: no renuncian a la empresa… renuncian al líder.

Un mal líder genera:

  • Rotación constante (costo de reemplazo)

  • Desmotivación (baja productividad)

  • Cultura de miedo (cero innovación)

  • Decisiones de corto plazo (pérdida de valor futuro)

Lo que no aparece en el estado de resultados…
termina destruyéndolo.

EL COSTO SOCIAL: LA NORMALIZACIÓN DE LA INCONGRUENCIA

Aquí es donde el problema escala.

Cuando en una organización se toleran malos liderazgos, se envía un mensaje cultural devastador:

“No importa quién eres, importa qué resultados aparentas.”

¿Qué es lo que sucede al interior de las organizaciones?:

  1. Se rompe la coherencia.

  2. Se diluye la ética.

  3. Se normaliza la simulación.

Desde el modelo del Instituto de Liderazgo (LIVH), lo vemos con claridad:

Valores declarados: ética, respeto, integridad
Valores operativos: presión, ego, control
Valores vividos: miedo, injusticia, desconfianza

Ahí nace la fractura cultural. Y esa fractura no se queda en la empresa… se filtra a la familia, a la comunidad, a la sociedad. Porque las personas no se quitan el liderazgo al salir de la oficina.

EL COSTO PAÍS: CUANDO EL LIDERAZGO DEFINE EL DESTINO

El problema alcanza su punto más crítico cuando trasladamos esto al nivel país.

Las naciones no solo eligen gobernantes… eligen culturas de poder.

Y cuando elegimos líderes altamente competitivos, pero con pobreza ética, con ambigüedad moral y con complicidad estructural… no solo elegimos un mal gobierno; elegimos nuestro propio deterioro institucional.

La historia —y la realidad— nos muestran que:

  • Las instituciones se debilitan

  • La confianza social se erosiona

  • La inversión se frena

  • El talento se fuga

  • La ciudadanía se fragmenta

El liderazgo no solo administra el presente. Define el futuro posible.

¿POR QUÉ ELEGIMOS MAL?

Esta es la pregunta incómoda, porque el problema no empieza en el líder; empieza en quien lo elige.

Elegimos mal cuando:

Confundimos carisma con carácter, resultados con integridad, discurso con verdad y poder con liderazgo.

 

EL VERDADERO CAMBIO: DEL PODER AL PROPÓSITO

Desde el Instituto de Liderazgo LIVH lo hemos comprobado en múltiples organizaciones:

No se trata solo de desarrollar habilidades de liderazgo… se trata de transformar la estructura de valores. El liderazgo auténtico no se construye desde el ego, sino desde la congruencia; no desde el control, sino desde la responsabilidad; no desde el poder, sino desde el propósito.

REFLEXIÓN FINAL

Los malos líderes no son caros por lo que ganan… son caros por lo que destruyen.

Destruyen cultura, confianza y futuro. Y la factura siempre llega en la empresa, en la sociedad y en el país.

La pregunta no es si podemos permitirnos buenos líderes. La verdadera pregunta es:

¿PODEMOS SEGUIR PAGANDO EL COSTO DE LOS MALOS?

“Los malos líderes no son caros por lo que ganan…
sino por lo que destruyen.”

 

“POR ESO DECIMOS CON FUERZA QUE PARA CONSTRUIR GRANDES ORGANIZACIONES, GRANDES EMPRESAS Y UN GRAN PAÍS, PRIMERO HAY QUE CONSTRUIR GRANDES PERSONAS.”