Lunes 23 de Marzo de 2026

No tener casa en México es un problema más común de lo que parece a simple vista. Parece que no, porque en todos los ranchos, pueblos o grandes ciudades vemos casas, casas y casas por doquier.

Así identificamos las poblaciones, porque hay casas y todo lo que a partir de ahí sigue: calles, escuelas, clínicas, tiendas y un largo etcétera. Pero no todos los mexicanos tienen casa propia, nos dicen las cifras estadísticas oficiales. Y millones de mexicanos trabajadores jamás tendrán una a lo largo de su vida, como no la tuvieron sus padres o sus abuelos, como lo demuestran las estadísticas económicas sobre los bajos salarios.

Hay, en el sistema de la esclavitud asalariada, gente sin casa. Gente que, aunque trabaja toda la vida bajo las reglas del modelo de producción de mercancías, no tiene el derecho de que ese modelo le dé un salario con el que pueda comprar un lugar para resguardarse en su descanso del trabajo por las noches, para que su familia no sufra del frío o por la tempestad.

La clase proletaria que vive atada al capital —no le queda de otra por el momento— debe sufrir la dictadura de la clase burguesa, que es aplicada legalmente por el gobierno, mismo que no tiene en la mira —ni remotamente— resolver este grave problema.

Todo eso se me vino a la cabeza mientras leía un reportaje de la revista “buzos de la noticia”, titulado “Casas sin gente, gente sin casa en Puebla”, firmado por la periodista Silvanna Mortera, en el que se analiza el problema del costo de la vivienda en el estado y cómo para millones de poblanos es imposible comprar una debido a los bajos salarios, mientras, a la par, existen cientos de casas vacías.

Del mismo texto tomaré algunos datos interesantes. El Censo de Población y Vivienda que en 2025 aplicó el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) dice que en Puebla “contabilizaron un millón 713 mil 381 viviendas particulares habitadas, 314 mil 785 deshabitadas y 142 mil 273 viviendas de uso temporal”.

Esto implica que, en todo el estado, las casas deshabitadas y las de uso temporal representan el 27% del total de viviendas construidas, ¡más de la cuarta parte! Pero no es todo: en la capital poblana hay, por lo menos, ¡92 mil viviendas sin ocuparse!, entre las que se encuentran viviendas antiguas, viviendas de gente que ya no vive en la ciudad o viviendas y departamentos completamente nuevos.

Miles de poblanos no pueden acceder a vivienda pese a que existen casas vacías

En Puebla —dice el INEGI— el 30% de la población carece de vivienda propia. Y también señala que 527 mil poblanos viven en hacinamiento. Y solo hablamos de la vivienda ya construida, pero habría que analizar los casos concretos de la situación de buena parte de los inmuebles: con pisos de tierra, con muros y techos de material endeble (cartón, lámina o madera reciclada), sin energía eléctrica, sin drenaje, sin agua potable, etcétera.

Por lo menos existen 170 mil casas con pisos de tierra, 74 mil casas con techos de material endeble y 42 mil con muros de material endeble. Es común en los pueblos de la Sierra Norte, de la Mixteca, del Valle de Atlixco y de la Sierra Negra encontrarse con viviendas vacías, porque la gente emigró a las ciudades buscando mejores oportunidades económicas.

La parcela y el pastoreo han dejado de ser una opción viable para el campesino común, porque las empresas agroindustriales o los grandes empresarios ganaderos logran productos más baratos y ganan, así, el mercado local, nacional y mundial. La gente se va a las ciudades a emplearse en las fábricas, en el turismo o en la informalidad. El problema es que saltan de la sartén a la lumbre.

En la ciudad, los salarios no son mejores y las carencias en todos los sentidos son la constante para las familias de los trabajadores pobres. En la capital poblana —como en todas las ciudades del país y del mundo— tampoco hay vivienda para un gran sector de la población, porque el común denominador es la pobreza.

El Observatorio de Salarios de la Ibero Puebla ha documentado la insuficiencia de los salarios, demasiado bajos frente al incremento del costo de la vivienda. Dice el reportaje de “buzos” que en la capital de Puebla “más del 60% de los jóvenes apenas percibe un salario mínimo” y “el costo de la vivienda aumentó en 85% desde 2015”. En todo el estado, “el 54% de la población vive en situación de pobreza (3 millones 626 mil 905 personas) y el 11.4% se encuentra en pobreza extrema”.

Dice también que “una casa en fraccionamientos formales oscila entre 700 mil y un millón de pesos. Para adquirir una vivienda de 900 mil pesos mediante un crédito hipotecario se requiere de un enganche cercano a 90 mil pesos y pagar mensualidades de entre 8 y 9 mil pesos durante 20 o 25 años. ¿Y los trabajadores lo pueden pagar? ¡Desde luego que no!

Una casa en fraccionamientos formales oscila entre 700 mil y un millón de pesos

Veamos los datos. Para 2026, el salario mínimo es de 315 pesos al día o 9 mil 582 pesos al mes. Es evidente que ningún trabajador con un salario mínimo puede comprar una casa. Pero los que reciben dos salarios o tres (19 mil o 28 mil) tampoco, porque para lograr acceder a un crédito hipotecario los bancos solicitan ingresos superiores a los 28 mil pesos mensuales.

Las casas, pues, no se construyen para los pobres. ¿Cuántos trabajadores tienen un sueldo superior a los cuatro o cinco salarios mínimos al día, que les permita comprar una casa, aunque sea de esas palomeras que cuestan cerca de un millón de pesos? Pocos, muy pocos. No hay vivienda para los pobres.

Y la lógica es sencilla: si en el capitalismo no hay vivienda para los pobres, lo que hay que hacer es destruir ese sistema capitalista, bajo el liderazgo de un partido popular que modifique de raíz el sistema económico que nos explota a más no poder y que no nos ofrece el derecho de vivir de manera digna, como seres humanos. Esa es la meta final.

Mientras ese momento llega, urge que los pobres nos organicemos, nos eduquemos políticamente y salgamos a luchar por la conquista de algunas necesidades básicas, entendiendo que la liberación final de las cadenas de explotación que nos someten a una vida de pobreza y miseria, a pesar de nuestro trabajo diario, solo llegará cuando los pobres de este país tomemos el poder.

Por lo tanto, urge que los ciudadanos progresistas convenzamos a más trabajadores de la necesidad de unirnos y luchar como una clase para sí, que pueda formar una gran vanguardia popular capaz de tomar el poder. Urge unirnos en el Movimiento Antorchista Nacional, que es la organización de los pobres de México.

Los trabajadores pobres no solo no tenemos casa; tampoco contamos con educación de calidad, buenos servicios de salud y, mucho menos, un salario para vivir dignamente. Todos esos sectores deben entender que solo unidos, como una fuerza titánica, y educados para tener un plan serio de lucha política, podemos lograr cambios en nuestro beneficio. Los partidos actuales son empleados de los empresarios. Solo Antorcha representa los verdaderos intereses del pueblo pobre trabajador.