Viernes 27 de Marzo de 2026 |
Maciosare un extraño enemigo ¿Alguien se acuerda de “Tepito Arte Acá”? Un movimiento de diferentes disciplinas estéticas que mostraba la cultura Made in Tepito. Uno de los mayores impulsores de ese grupo de artistas fue Armando Ramírez (1952-2019), escritor prodigio del barrio, cronista urbano de los gritos en el mercado, contador de las historias de fayuca. Sus personajes son vivo reflejo del sudor de las madres abnegadas que no les sacan a los trancazos; de las quinceañeras perdiendo la virginidad en la fiesta; de los líderes de agrupaciones de vendedores ambulantes que no se dejan del mal gobierno; en fin, el fotógrafo de una realidad que se convierte en literatura local, una literatura que algunos quisieran desaparecer. Pero sin los libros de Armando Ramírez entenderíamos menos a uno de los barrios más carismáticos y queridos de México. Nacido en 1951, Ramírez se dio a conocer por su novela Chin Chin el Teporocho, obra que hizo voltear los reflectores a la literatura urbana y que fructificó hasta llegar a ser un mal logrado film mexicano. Su obra tiene el tino de detener el lenguaje y encapsularlo en las palabras justas, acomodadas a cada diálogo de los compas, de los integrantes de los escuadrones de la muerte. En Chin Chin el Teporocho, se retrata el origen de uno de los personajes clásicos de la picaresca mexicana: el borracho que duerme en las banquetas. Tragedia existencial para el protagonista de la historia. Armando Ramírez escribiría una cantidad considerable de novelas, cuentos, ensayos y artículos, retratando a veces, otras caricaturizando, y otras —las más— narrando la realidad devastadora y violenta de Tepito. Violación en Polanco —novela de vivencia brutal, que se desarrolla en un ambiente de travestis, sexo y cine—; Noche de Califas; Tepito; Quinceañera; La Casa de los Ajolotes; Sostenes San Jasmeo; y Me llaman la Chata Aguayo, son otras de sus novelas. En 2001 aparece ¡Pantaletas! Confesiones sentimentales del estudiante Maciosare: ¡El último de los mohicanos!. Bara, bara, pantaletas, muñequita, para el tamal, baratitas La historia de ¡Pantaletas! es sencilla y actual: los egresados de las carreras de humanidades en México no encuentran trabajo, no hay lugar para ellos en los puestos de gobierno ni en el sector privado. Por ello, los alumnos de estas carreras se sentirán identificados con el Maciosare y con la Chancla, personajes centrales de la novela, quienes resultan ser estudiantes de sociología, forman parte de la generación ochentera, conformista y en constante búsqueda del despertar de la realidad para entrar a un sueño que los lleve a disfrutar de los frutos de su paso por la Universidad. La madre del Maciosare quiere que su hijo estudie una carrera para que llegue a ser licenciado. En un país donde el influyentismo es el pan nuestro de cada día, la madre tiene plena confianza en sus ideales y lucha porque su hijo salga adelante, iluminado por dos imágenes que siguen pesando en el colectivo mexicano: la Virgen de Guadalupe y Benito Juárez. Símbolos que llevarán una y otra vez al Maciosare a no rendirse, pero que a su vez serán el punto de su perdición, del conflicto interno entre la ética personal y la tranza diaria. Cuando el Maciosare nota que su vida recta —bajo la sombra de la Guadalupana y del Benemérito de las Américas— no es lo que él pensaba, comienza a sopesar el cambio de vías. Entonces abandona sus intentos por ejercer la Sociología en el inframundo burocrático de los museos y se va a la conquista del comercio en las calles. Un primer intento fallido lo lleva a probar la realidad cotidiana del agandalle y, después, con una patente propia, la marca de ropa interior Papayon’s Fashion: ropa íntima para las gorditas, fetiche que siempre llamará la atención del Maciosare: los traseros grandes y voluminosos. A la par de su historia, se desarrolla la de la Chancla, compañera de banca del Maciosare, signo contrario de su pareja, chamaca aguerrida que no deja títere con cabeza. Y aunque al principio sus sentimientos parecen ser sinceros hacia el Maciosare, termina por dejarlo no sólo a él, sino también a su conformismo y la poca visión que la vida universitaria le brinda. La Chancla sabe que la Sociología no deja dinero, por eso le roba la primera idea de comercialización de la ropa, y este robo se da después de uno de tantos regresos que tiene con el Maciosare, tras pasar un romance con un maestro de la Facultad, después de volverse motociclista y después de darle la noticia al Maciosare de que está embarazada, quien como héroe trágico y como buen guadalupano resiste las desgracias que el destino le depara. Y el cariño que le tiene a su niño —“el cariño que sentía por mi beibi”, nos dice el Maciosare— lo hace inclinarse hacia el bando de la ilegalidad. Así, las pantaletas Papayon’s Fashion comenzarán a distribuirse en los mercados ambulantes. Después, el hijo supera al padre. El hijo del Maciosare y la Chancla entrará al mundo de los cárteles de drogas y desde ahí operará. El Maciosare, con tristeza, ve cómo su hijo tiene la casta y el coraje de su madre y no tiene más remedio que pedirle a la Guadalupana que lo cuide. La Virgen de Guadalupe juega un papel fundamental en el entramado psicológico de los personajes. El Maciosare una noche descubre a su madre autoflagelándose y pidiendo perdón por obligar a su hijo a estudiar una licenciatura, en un tiempo en el que ser licenciado es un título nobiliario. El Maciosare comienza a simpatizar con otra religión, nuevo desencanto mexicano: la pérdida del misticismo nacional. Pero hace más y entrecruza las creencias, convirtiéndose en un cristiano plural: cree en todo lo que sea dios, pero su fe se basa en la Virgen morena. Forma una nueva familia con la Atalayita, mujer que no se le impone a pesar de sus creencias religiosas. El descaro con el que Armando Ramírez narra su obra nos transporta a los mercados, a ver el montón de pantaletas en el suelo, sentir los apretones de la gente que pasa por la calle, observar cómo los traseros talla extragrande de las señoras difícilmente encontrarán lencería a su medida. ¡Pantaletas! es una de las mejores novelas de Armando Ramírez, quien revitalizó nuestra literatura gracias al lenguaje del habla diaria de los personajes de a pie. Esta novela se encuentra apenas por detrás de Violación en Polanco, narrada con violencia y ritmo vertiginoso. ¡Pantaletas! es un retrato de la urbanidad que se ha extendido por todas las ciudades, crecimiento desmedido que ha hecho, sin duda, que en todas partes crezca un Tepito. Una novela que retrata el desencanto mexicano. |