Sábado 04 de Abril de 2026 |
“No hay empresa exitosa en una sociedad fallida.” Esa frase no es retórica. Es diagnóstico y advertencia. Oaxaca no puede aspirar a prosperar si normaliza el miedo, tolera la impunidad o se resigna a que miles de familias vivan entre esfuerzos extraordinarios y oportunidades insuficientes. La competitividad no nace de los discursos; nace de las condiciones reales para estudiar, emprender, invertir, trabajar y vivir en paz. Por eso vale la pena abrir una conversación seria sobre el futuro del estado. Menos complaciente y más valiente. Menos centrada en la coyuntura y más enfocada en la sociedad que queremos construir. Porque cuando falla la seguridad, pierde la familia. Cuando falla la justicia, pierde la democracia. Cuando falla la educación, pierde el futuro. Y cuando una sociedad deja de cuidar la dignidad de la persona, también se vuelve frágil cualquier proyecto económico. Oaxaca necesita una agenda que ponga a la persona en el centro. Una agenda que entienda que la economía debe servir al ser humano, y no al revés. Eso implica asumir cinco prioridades. La primera es la seguridad y el Estado de derecho. No son negociables. La paz no es un lujo; es una condición básica para la libertad, la inversión y la vida digna. Donde no hay legalidad, no hay confianza. La segunda es la educación. No sólo como política social, sino como la inversión más importante para la libertad y la competitividad. Si queremos cerrar brechas, debemos abrir oportunidades reales de formación, tecnología y empleabilidad para niñas, niños y jóvenes. La tercera es la salud y el bienestar. Un estado agotado, enfermo o abandonado no puede construir prosperidad duradera. Cuidar la salud y la cohesión social también es construir productividad. La cuarta es la economía social. Crecer no basta si ese crecimiento excluye. Oaxaca necesita desarrollo con inclusión y oportunidades para quienes sostienen la economía cotidiana: las MiPyMEs, corazón productivo del estado. La quinta es la responsabilidad social empresarial. Ya no como adorno reputacional, sino como una forma de liderazgo. La empresa no debe verse como una isla separada de la sociedad, sino como una fuerza capaz de generar valor, empleo formal, innovación, comunidad y esperanza. No estamos llamados a acostumbrarnos al deterioro. No estamos llamados a normalizar el miedo. Estamos llamados a construir un mejor presente y un futuro más digno. Para ello se requiere diálogo social con firmeza: colaborar con autoridad, academia y sociedad civil, pero también señalar con claridad lo que deba corregirse. Una voz libre, institucional y propositiva. Oaxaca tiene talento, trabajo e identidad. Lo que hace falta es altura de miras. Que la prosperidad sea compartida. Que invertir no dé miedo. Que emprender valga la pena. Que vivir con dignidad sea posible. Ese es el estado que vale la pena servir. |