Martes 14 de Abril de 2026 |
En México, la administración pública debe entrar en un proceso de renovación. Su impacto en la prestación de bienes públicos, como la administración de justicia, la participación cívica, la evaluación de políticas públicas y la administración tributaria, es clave para simplificar procesos y transparentar decisiones. El crecimiento de esta tendencia es imparable y exige un enfoque adaptativo dentro del sistema de administración pública del país, que durante décadas ha mostrado rezagos en sensibilidad social, reflejados en salarios bajos, jornadas extenuantes y deficiencias operativas. En este contexto, los modelos innovadores de inteligencia artificial generativa representan una herramienta complementaria con amplias ventajas. Sin embargo, el salto hacia la implementación de estas tecnologías implica un reto significativo. No es sencillo impulsar cambios en la infraestructura digital que permitan transitar hacia nuevos modelos de gestión. La OCDE señala que, mientras más pronto se evalúe e incorpore el uso de inteligencia artificial en la administración pública, los países podrán minimizar riesgos operativos y consolidar modelos de gobernanza más eficientes. Como parte de este proceso de institucionalización, la OCDE ha propuesto un modelo basado en distintos niveles de madurez del gobierno digital, el cual establece mecanismos de coordinación y políticas públicas para sostener una transformación a largo plazo. Este modelo contempla que las políticas y servicios públicos sean digitales desde su diseño; que el uso de datos sea estratégico para la toma de decisiones; que el gobierno funcione como una plataforma integrada; que la apertura sea un principio permanente para fortalecer la transparencia; que las personas estén en el centro del diseño de los servicios; y que el Estado actúe de manera proactiva, anticipándose a las necesidades de la población. (Datos extraídos del informe “Gobernar con la inteligencia artificial: panorama actual y hoja de ruta en las funciones centrales de gobierno”). La transformación digital del Estado no es una opción, sino una necesidad estructural. La incorporación de la inteligencia artificial y el uso estratégico de los datos pueden convertirse en herramientas clave para construir un gobierno más eficiente, transparente y cercano a la ciudadanía. No obstante, este proceso requiere voluntad política, inversión en infraestructura y una visión de largo plazo que garantice que la tecnología no solo modernice al Estado, sino que también contribuya a mejorar las condiciones de vida de la población. |