Viernes 17 de Abril de 2026

La noche de las reinas de Vicente Alfonso (Torreón, Coahuila, 1977) nos presenta la historia de un certamen de belleza realizado en 1978 en Sinaloa.

La historia –me refiero a la “anécdota” literaria–, por sí sola, conlleva un peso escritural poderoso, pues nos acerca a la figura de Román Higareda, gobernador de Sinaloa, apodado el Tiburón de Escuinapa; a la pluma de un periodista que lo mismo investiga al gobernador que a las actrices del cine mexicano; a Melinda Farmer, representante sudafricana en el concurso de Miss Universo y que transita entre el racismo, el antirracismo y la no comprensión de un país surrealista como el nuestro.

Los personajes se mueven alrededor de un núcleo narrativo que les permite entrar y salir de la trama que los circunda, para darnos cuenta de que la novela tiene varios contextos: la caprichosa forma de llevar la política de un gobernador autoritario; la intención de derrotar las inseguridades personales de la belleza; la política internacional, la cual estuvo marcada por el apartheid de Sudáfrica y las dictaduras de Latinoamérica en los años 70 del siglo XX.

Vicente Alfonso escribió una novela corta, de lectura ágil y donde aparecen temas identificables para cualquier lugar de México y, aunque es un texto de ficción, inmediatamente nos veremos en un espejo. ¿La razón? En nuestro país, a veces, el poder se ejerce de maneras curiosas y atípicas, por decir lo menos.

En La noche de las reinas, también se habla del secuestro del gobernador Román Higareda –en un momento en el que no es gobernador– por parte de un grupo de estudiantes. Esta situación nos remite a –al menos– dos momentos del siglo XX en nuestro país: el secuestro de Rubén Figueroa Figueroa, senador y posterior gobernador de Guerrero, quien fue secuestrado por Lucio Cabañas y su guerrilla; pero también el asesinato de Eugenio Garza Sada a manos de un grupo de estudiantes que intentaban secuestrarlo.

¿Qué contenía la década de los ’70 que nos entregó acontecimientos similares? El PRI en estado puro. Esa es una posible respuesta.

Por supuesto que el papel de las mujeres en La noche de las reinas es crucial: Irene Aguilar no sólo es una chica a la que Román Higareda violó, sino que tuvo una hija de Flavio Corrales, el guerrillero que tenía cuentas pendientes con Higareda.

El periodismo y los periodistas mexicanos también le dan soporte a La noche de las reinas. Jacinto Garay es un periodista que busca cobijo de Higareda. Garay le hace guiños a Ricardo Garibay, quien obtuviera el Premio Mazatlán en 1966 por Beber un cáliz –libro al que se le ha descrito como que no es una novela, no es un cuento, no es un poema en prosa, sino la crónica de la muerte del padre de Garibay–, sino que también le hace guiños a la fundación del semanario Proceso.

Una motocicleta atravesando manifestaciones en contra del Tiburón de Escuinapa lleva a la señorita Sudáfrica a encontrarse con su destino; años después, siendo una escritora consagrada, relataría esta parte de su vida.

La noche de las reinas es una novela portentosa: decir mucho en pocas páginas. El mérito completo es de Vicente Alfonso, gran periodista y todavía mejor novelista. Decida usted.

 

 

 

La noche de las reinas de Vicente Alfonso. Alfaguara, 2025