Viernes 08 de Mayo de 2026

La publicación de Para todo mal, el nuevo libro de Iris García Cuevas (Acapulco, Guerrero, 1977), sacia la sed de sus lectores —la de aquellos que quieren acompañar con mezcal una buena historia y también la de los que buscan historias noir—, que en 2011 leyeron su última publicación individual: 36 toneladas. Y aunque esta tuvo una bella reedición en 2024 a cargo de la Universidad Autónoma de Nuevo León, es hasta este 2026 cuando la Editorial Reverberante trae el segundo libro de cuentos de la autora de Ojos que no ven, corazón desierto (Fondo Editorial Tierra Adentro, 2009). En el ínterin, Iris participó en antologías y coordinó publicaciones para que la pólvora no se mojara.

Dividido en tres partes —“Mal de amores”, “Mal de muchos”, “Malas compañías”—, Para todo mal nos da cuenta de que Iris García Cuevas no solo es una experta en género negro, sino una maestra en la escritura de cuento policiaco.

En los cuentos que integran la parte de MAL DE AMORES, García Cuevas nos demuestra que el amor es un tema que no se agota y que es un motivo que continúa volándole la tapa de los sesos —literalmente— a muchas personas. Tres cuentos negros, criminales y eróticos: “Tampoco esta noche”, “Los hombres que me sirven los tragos” y “La noche de mi mal” están bañados en mezcal y vodka; nos cuentan la —aparente— poca fortuna de sus protagonistas: hay quien se salva de un suicidio de manera fortuita tras estar convencida de suicidarse por una infidelidad, pero también hay a quien el SEMEFO termina cubriéndole el rostro, a pesar de que José Alfredo Jiménez integra la playlist de su vida.

Ni aunque te quites”, “Consuelo de tontos” e “Inventario personal” integran la segunda parte: MAL DE MUCHOS. En esta tríada de cuentos, las desgracias personales se convierten en problemas colectivos. Hay que saber muy bien dónde y con quién meterse para no terminar con un balazo en la espalda. También hay que entender que la justicia no siempre es un discurso que encabeza los periódicos, sino que es algo más oscuro y más humano: algo que se pacta para no destruir una pirámide de favores. Aquí, Acapulco cobra un papel esencial: es más que el escenario para situar un cuento; es el retrato de la realidad que vivimos desde hace… ¿6? ¿12? ¿18 años? ¿Siempre?

Para cuando llegamos a la última parte, como lectores, habremos recibido un par de bofetadas narrativas con los ojos vendados. Y entonces arranca MALAS COMPAÑÍAS, parte que se integra por “Destino trágico”, “Dos maneras de viajar a Egipto” y “El maligno”. Si en los tres cuentos anteriores lo narrado tenía que ver con lo colectivo, en estos tres cuentos Iris García Cuevas excava profundo y va hacia lo social. Lo que se cuenta en este apartado es doloroso no solo para un sector de la población o para un estado, sino para todo un país: la desaparición de niñas a manos de adultos.

“Se llamaba Julieta Alvarado y se sentaba en la última fila, pegada a la pared. Tenía 14 años, pero parecía mucho más grande. Cuando nos presentamos el primer día de clases explicó que había perdido un año porque sus papás se divorciaron y su mamá había decidido regresar a Acapulco a medio año escolar y ella no pudo completar el ciclo, así que la habían inscrito otra vez a primero. Antes vivían en Matamoros y por eso ella hablaba con acento norteño. Su papá era soldado y su mamá, que antes no trabajaba, era recepcionista en un hotel de lujo, así dijo ella, de lujo; y presumió que los fines de semana su mamá la llevaba al hotel y ella se la pasaba todo el día disfrutando la alberca.” (p. 91). En este cuento, Iris García Cuevas asesta un golpe al emplear la candidez de una narradora menor de edad para llevarnos hacia un destino trágico, como ya lo dije: doloroso. El sueño de cumplir la aspiración inmediata de viajar a Egipto se ve roto al descubrirse un engaño y con esas aspiraciones también se va la niñez, la confianza de una niña que tiene que agachar la mirada para no recibir preguntas de sus compañeros de escuela.

En opinión del gran publicista y mejor cervantista, Eulalio Ferrer, el número tres es el número de la dominación absoluta. En Para todo mal, Iris García Cuevas juega con este número y nos presenta tres apartados con tres historias cada uno, además del juego rítmico del lenguaje, el cual le imprime la letra “M”.

Si es cierto que el número tres es el de la dominación absoluta, se le confiere control y subyugación y, por consiguiente, queda eliminada toda resistencia. En Para todo mal, Iris García Cuevas demuestra que domina completamente los conceptos, los personajes y los escenarios de la literatura negra.

Deseamos, como bien escribe Bernardo Fernández BEF en el prólogo del libro, que Iris García Cuevas no tarde mucho en volver a entregarnos un nuevo libro.

 

Para todo mal de Iris García Cuevas. Editorial Reverberante, 2026; 116 páginas.