Lunes 18 de Mayo de 2026 |
¡Vecinas, vecinos!
Hay políticos que todavía no entienden que gobernar un municipio no es protagonizar una temporada de reality show aspiracional. Y el alcalde de Chignahuapan, Juan Rivera Trejo, parece haber confundido la austeridad republicana con el paquete premium de una hacienda para eventos.
Porque mire que hacer una fiesta fifí ya es una cosa, pero convertirla en desfile de opulencia viralizable, en tiempos donde la gente anda contando pesos para el gas y la tortilla, requiere un talento político muy especial, casi casi artístico. Pero el problema no fue sólo el fiestón, sino el nivel de exceso exhibido con absoluta tranquilidad. Techos llenos de flores, candelabros gigantes, chambelanes, decoración de novela y una producción que parecía mezcla entre boda de influencer y concierto regional de lujo.
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Y claro, pasó lo inevitable: el internet hizo pedazos el asunto. Porque en política ya no basta con decir “soy cercano al pueblo”, también hay que parecerlo.
Y mientras medio país habla de austeridad, modestia y sensibilidad social, el edil Juan Rivera terminó proyectando exactamente lo contrario: el clásico político que se emociona demasiado cuando le ponen reflectores. Lo más increíble es que nadie en su círculo cercano le dijo la frase más importante de la política moderna: “Jefe, quizá no sea buena idea presumir esto”.
¡Pero no! Al contrario. Subieron videos, fotos y escenas dignas de catálogo de eventos de lujo, como si el objetivo fuera competir por el premio a la fiesta más incómoda para el discurso oficial. Y entonces vino la cruda moral.
¿Qué medidas tomó Morena contra los excesos del edil Juan Rivera?
La Comisión de Honestidad de Morena terminó ordenándole que deje de exhibir derroche y opulencia en redes. Algo que, honestamente, ni debería necesitar advertencia. Porque hay políticos que todavía creen que el problema es el escándalo y no la desconexión brutal con la realidad. A estas alturas ya nadie sabe si Juan Rivera es alcalde o creador de contenido lifestyle. Porque una cosa es celebrar a la familia y otra convertir el evento en demostración pública de poder económico, sobre todo cuando se gobierna un municipio donde muchas familias viven realidades muy distintas a las de una fiesta llena de flores importadas y decoración monumental.
Y ahí está el detalle que más molestó: la frivolidad. Ese tono de “miren qué espectacular está mi evento” mientras la ciudadanía enfrenta problemas bastante menos glamorosos. Porque la política mexicana podrá tolerar muchas cosas, pero hay momentos donde el exceso descarado termina pareciendo cachetada pública. Ahora el alcalde tiene prohibido exhibir conductas ostentosas en redes. Una medida que básicamente podría resumirse en: “Compórtese como funcionario, no como influencer de bodas”.
Aunque siendo sinceros, el daño ya está hecho, porque en política la percepción pesa más que cualquier comunicado. Y hoy mucha gente ya no recuerda al edil Juan Rivera por obras, gestión o resultados, sino por la fiesta que terminó pareciendo escaparate de lujo en versión TikTok municipal. Y eso, en plena época de austeridad presumida y campañas adelantadas disfrazadas, sale carísimo. Aunque el salón haya estado muy bonito.
* Vecinas, vecinos, nos leemos mañana.
Acuérdense que el que se enoja pierde.
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