Lunes 08 de Junio de 2026 |
Hace apenas unos años parecía difícil imaginar un escenario más favorable para México. La pandemia evidenció la fragilidad de las cadenas globales de suministro. La guerra en Ucrania devolvió la geopolítica al centro de las decisiones económicas. La rivalidad entre Estados Unidos y China obligó a las grandes empresas a replantearse su dependencia de la manufactura en Asia. De pronto, el mundo comenzó a buscar exactamente lo que México podía ofrecer: cercanía al mercado norteamericano, capacidad industrial, experiencia exportadora y costos competitivos. México no tenía que construir esa ventaja. Ya la tenía. Mientras otros países intentaban atraer inversiones, México compartía una frontera de más de tres mil kilómetros con la mayor economía del planeta. Contaba con un tratado comercial privilegiado, una plataforma manufacturera madura y una integración productiva construida a lo largo de décadas. Pocas veces una nación ha recibido una oportunidad tan clara de acelerar su crecimiento económico. Sin embargo, algo ocurrió. Mientras el mundo avanzaba hacia una mayor integración regional, México comenzó a debilitar precisamente los factores que lo hacían atractivo. La seguridad jurídica dejó de percibirse como una fortaleza. La incertidumbre regulatoria aumentó. La relación entre el poder político y los organismos autónomos se volvió cada vez más conflictiva. La confianza institucional comenzó a deteriorarse justo cuando la economía internacional buscaba estabilidad. Te puede interesar: ¿Por qué la economía de México ha crecido poco en lo que va del siglo?: Académico IBERO ¿Los problemas de México surgieron a la par de Morena?La coincidencia temporal resulta imposible de ignorar: este proceso comienza prácticamente al mismo tiempo que Morena llega al poder en 2018. Por supuesto, no todos los problemas nacionales surgieron ese año. La corrupción, la inseguridad y la debilidad institucional tienen raíces mucho más profundas. Pero también sería ingenuo ignorar que muchos de esos problemas se agravaron durante el periodo en el que el nuevo gobierno concentró cada vez más poder político mientras debilitaba los mecanismos de control y contrapeso. La expansión territorial del crimen organizado se volvió más evidente. La crisis del fentanilo transformó un fenómeno criminal en un asunto de seguridad nacional para Estados Unidos. El robo y el tráfico ilegal de combustibles alcanzaron dimensiones inéditas. La percepción internacional del Estado de Derecho mexicano comenzó a deteriorarse. Lo preocupante es que todo ello ocurrió precisamente cuando México necesitaba proyectar confianza para convertirse en el principal beneficiario del nuevo orden económico mundial. El mundo está entrando en una etapa de competencia entre grandes bloques económicos. Estados Unidos intenta reducir sus dependencias estratégicas respecto de China. China busca preservar la posición industrial que construyó durante cuatro décadas. Rusia trata de debilitar la cohesión occidental mediante distintas formas de presión política, económica e informativa. Las cadenas de suministro se reorganizan y la seguridad económica vuelve a ser una prioridad. En ese contexto, América del Norte adquiere una relevancia extraordinaria. La combinación del capital estadounidense, los recursos canadienses y la capacidad manufacturera mexicana podría convertir a la región en uno de los polos económicos más poderosos del siglo XXI. Esa era la gran oportunidad histórica de México. Quizá la pregunta correcta no sea si existe una coordinación entre quienes desean una América del Norte más débil. La historia rara vez funciona de manera tan simple. China necesita preservar su posición industrial. Rusia necesita distraer recursos y la atención occidentales. Los grupos criminales necesitan instituciones débiles. Los gobiernos populistas necesitan concentrar el poder. Ninguno de estos actores persigue exactamente los mismos objetivos, pero todos se benefician cuando disminuye la capacidad de las democracias para coordinarse, crecer y proyectar estabilidad. Te puede interesar: ¿Por qué a Los Cabos no se cancelan las rutas aéreas? ¿Por qué México ha perdido fuerza en el bloque de América del Norte?Lo inquietante es que México parece haber alcanzado el punto de convergencia de todos esos intereses. No porque alguien lo haya conquistado. No porque exista una conspiración demostrable. Sino porque ha comenzado a debilitar voluntariamente las condiciones que lo hacían una pieza indispensable para América del Norte. La soberanía ocupa un lugar central en el discurso oficial. Pero la soberanía real no consiste en pronunciar discursos contra Washington, sino en contar con instituciones capaces de imponer la ley, controlar el territorio, garantizar los contratos, proteger las inversiones y combatir eficazmente al crimen organizado. Un país es soberano cuando ejerce autoridad efectiva sobre su realidad, no cuando utiliza la palabra soberanía para justificar sus debilidades. Por eso, la discusión no debería centrarse en si México mantiene relaciones con China, Rusia u otros países. Toda nación relevante lo hace. La pregunta verdaderamente importante es si México entiende dónde se encuentran sus intereses estratégicos permanentes. La respuesta parece evidente. La inmensa mayoría de nuestras exportaciones se dirige a América del Norte. Una parte fundamental de la inversión extranjera proviene de ese bloque. Millones de empleos dependen de esa integración. Nuestra geografía, infraestructura e industria están ligadas a Estados Unidos y Canadá de una manera que ninguna ideología puede modificar. Sin embargo, en los últimos años hemos actuado con frecuencia como si esa realidad fuera secundaria. Hace unos días cerró en Puebla una planta de Stanley Black & Decker tras casi sesenta años de operación. Más de seiscientas familias resultaron afectadas. La noticia desapareció rápidamente del debate público, pero encierra una pregunta que debería preocuparnos mucho más. No te vayas sin leer: Cierra Stanley Black & Decker en Puebla tras 59 años de operaciones ¿Cómo es posible que México pierda capacidad industrial precisamente cuando el mundo intenta trasladarla a América del Norte? Esa pregunta resume el problema. El nuevo orden económico mundial llegó y encontró a México mirando hacia otro lado. México tenía condiciones excepcionales para convertirse en uno de los principales beneficiarios de la reorganización económica global. En lugar de fortalecer las instituciones que podían hacerlo posible, eligió debilitarlas. En lugar de consolidar la confianza, generó incertidumbre. En lugar de profundizar en las ventajas que lo hacían indispensable para América del Norte, comenzó a erosionarlas. El costo aparecerá en las inversiones que nunca llegarán, en las fábricas que elegirán otros destinos, en los empleos que jamás serán creados y en los salarios que crecerán menos de lo que podrían haber crecido. El populismo puede ganar elecciones. Son los mercados, la inversión y el trabajo los que sostienen a las naciones. |