Lunes 15 de Junio de 2026

Si los caminos de Dios son misteriosos, los de la política son terriblemente predecibles. 

 

Por eso, a nadie sorprendió que la celebración por los 50 años de sacerdocio del arzobispo Víctor Sánchez Espinosa se convirtiera en la pasarela de vanidades más concurrida de la temporada.

Primero fue una misa ante más de 4 mil personas, después una comida VIP con personas empresarias, políticas y de medios de comunicación.

Monseñor, fiel a su estilo, centrado, sobrio y directo, aprovechó el micrófono no solo para bendecir la mesa, sino para recetarles un jalón de orejas a los medios de comunicación, acusándolos de caer en el morbo y el amarillismo con tal de ganar clics.

Había cerca de 100 periodistas presentes en el comelitón.

 

¿Lo escucharon? Tal vez.

¿Le harán caso? Lo dudo. La fe mueve montañas… pero la tiranía del like mueve audiencias.

 

 

¿Qué personajes políticos estuvieron en la mesa de honor?

En la mesa de honor, el ecosistema político y eclesiástico en su máxima expresión: desde el nuncio apostólico Joseph Spiteri hasta la fiscal Idamis Pastor, pasando por el alcalde Pepe Chedraui y el histórico Melquiades Morales.

No podía faltar, obviamente, el gobernador Alejandro Armenta y su esposa Ceci Arellano, Sergio Salomón Céspedes y su esposa Gaby Bonilla; el secretario de Seguridad Pública, Francisco Sánchez González y Olivia Salomón Vibaldo.

Los reflectores se los llevó la secretaria de Bienestar, Laura Artemisa, quien para sopresa de los asistentes fungió como oradora principal. La señal, cierta o no, que retumbó en todo el salón fue que su nombre está más que bendecido en la carrera por la candidatura a la presidencia municipal de Puebla.

En un abrir y cerrar de ojos, Alejandro Armenta se convirtió en el personaje más saludado, buscado y fotografiado de la tarde. El gobernador lució relajado, contento y mantuvo perfil bajo con el afán de no opacar al festejado.

 

¿Por qué la clase política no respetó el protocolo?

El verdadero "milagro" de la tarde fue ver cómo la frase matadora del Arzobispo sobre la "unión, la reconciliación y la paz" entró por una oreja de la élite política y salió disparada por la otra en menos de lo que tardó en enfriarse el plato fuerte de filete o robalo.

Las y los políticos estaban ocupados en su propio evangelio: el del pragmatismo puro y duro.

Mientras Víctor Sánchez Espinosa pedía tregua y oraba por el futuro del estado, los comensales ya arrastraban la silla a discresión para negociar posiciones, demostrando que en el altar de la política aldeana, la fe se mide en likes y el fervor se cotiza en la boleta.

El protocolo eclesiástico saltó por los aires en cuanto las y los aspirantes, diputados y funcionarios vieron la oportunidad; los empujones discretos y las sonrisas ensayadas para capturar la selfie perfecta junto al festejado se convirtieron en la verdadera liturgia del día.

Poco importó el mensaje de paz del pastor; lo urgente era registrar la asistencia y asegurar que el algoritmo de Instagram validara su supuesta cercanía con el poder clerical.

Ahí estaba Néstor Camarillo, Fedrha Suriano, Delfina Pozos, Genoveva Huerta, Claudia Rivera, Pilar Morán, Lupita Cuautle, Pavel Gaspar, Samuel Aguilar Pala, Lizeth Sánchez, Nadia Navarro, Ariadna Ayala, Silvia Tanús, Maiella Gómez…

Otros personajes, de plano, demostraron tener nula comprensión de lectura —y de etiqueta—. Al parecer, el ayuno de reflectores los tenía famélicos y la ansiedad por la foto del recuerdo les impidió dejar comer en paz al festejado.

  • El bloque de vanguardia: Apenas se servía la entrada (un dilema gastronómico entre ceviche de pescado o de cecina), y ya Olivia Salomón Vibaldo operaba su propia estrategia de acercamiento.

  • Las impacientes: Ni la proteína respetaron. Todavía no terminaban de servir el filete de res y el de robalo cuando Celina Peña y Gabriela La Bonita Sánchez ya se habían parado a interrumpir la digestión de Monseñor para asegurar la postal.

  • La aparición estelar: Mención honorífica para Verónica Vélez Macuil. La excoordinadora barbosista aplicó un "tacleo" de antología al increpar al Arzobispo justo a su llegada, rompiendo la burbuja del gobernador Alejandro Armenta, colándose al presídium y abriéndole paso a la comitiva familiar de los Barbosa. Eso no es devoción, eso es oportunimo puro.

Nota al margen: ¿Alguien en esa bendita sala del Seminario Palafoxiano de Puebla recuerda que México es un Estado laico?

Al parecer, la separación Iglesia-Estado se quedó estacionada afuera del recinto. Ayer, el PRI, PAN, PT, Morena y Movimiento Ciudadano, PSI y hasta el casi extinto Fuerza Por México se fundieron en una sola religión: el quedar bien y salir en la foto.

La presencia de la élite política dejó en claro que en Puebla el poder temporal y el espiritual siguen compartiendo el mismo mantel y los mismos intereses de cara a la elecciones de 2027.

Cincuenta años de vida sacerdotal bien valieron la misa y el banquete. Lo malo es que la clase política poblana volvió a confirmar su propio dogma de fe: no importa mover montañas, sino salir en la foto.

Pecado capital si no lo publican, porque si no hay likes, no cuenta.